Menos mal que cuando el sol abrasa un lado de la esfera, la luna ejerce de fresco bálsamo por el otro.

Les cuento:

Casi se me atraganta el desayuno esta mañana cuando, en sintonía con la antigua estampa del periódico y el café, leo, veo y me horrorizo -así, todo de forma consecutiva, como un calambre- con el Cartel de Primavera que el Ayuntamiento de Sevilla le ha “regalado” a la ciudad para 2010. Como esto es un blog y (creo) se permite (casi) todo, me voy a explayar. Perdónenme, pero llevo rumiándolo desde las 9.00 y son las 17.45: es feo, casposo, de una calidad estética ínfima y ofende al mundo femenino. ¡Por Dios, Rosamar Prieto, a la que entiendo como mujer progresista, cómo has consentido esto! Dice su autora, Reyes de la Lastra, que “representa a las mujeres sevillanas que aman a su ciudad”… No, no, no, yo soy mujer y me gusta, adoro Sevilla, pero les aseguro que a mí esa alegoría almibarada, neoromántica, de pandereta y aristocracia trasnochada que observo en el cartel, no me representa en absoluto.

Después del escándalo del monumento a la duquesa de Alba en los jardines del Cristina -no se puede seguir ocupando el viario público con homenajes a toreros, folclóricas y duquesas, y siempre con esculturas de muy baja consideración estética-, el Ayuntamiento (¡socialista!) de Sevilla lleva al clímax la paciencia de los sevillanos que pretenden salirse del discurso único y oficial con este pisotón en el juanete de la inteligencia y el buen gusto. De nuevo la duquesa de Alba, ahora con su hija en el regazo (a punto estoy de llorar), y una folclórica a su lado son los rostros que mejor entienden nuestros gobernantes que nos representan a los sevillanos…. Ahora que instituciones como la Real Maestranza de Caballería hacen grandes apuestas estéticas para su cartel de la temporada… En fin…

Menos mal que, frustrada y resignada galeriaa que personajes como el doctor Guillermo Antiñolo o el arquitecto Vázquez Consuegra nunca tendrán un hueco en la Sevilla oficial (y eso que llevan ganado, visto lo visto), el día me ha deparado un bálsamo reparador que, además, me reconcilia con mi ciudad. Porque Sevilla la construyen también muchos otros nombres que creen que la modernidad y el trabajo serio y riguroso no está reñido con nuestra historia ni nuestras tradiciones.

Y uno de ellos, al que Sevilla le estará en una deuda eterna de no cambiar su discurso estético actual, es el galerista Rafael Ortiz. El monasterio de San Clemente inaugura el viernes una exposición para celebrar los 25 años de este espacio expositivo gestionado por el mejor galerista que ha dado esta ciudad: por resistencia (muchos fueron igual de exigentes, pero se fueron), por rigor, por dedicación, por entusiasmo, por autoexigencia… Y podría seguir así sin equivocarme en ninguna de estas calificaciones.

Esta misma mañana, en su comparecencia ante la prensa, recordaba Rafael cómo abrió su galería en la Sevilla de los ochenta, en plena efervescencia creativa, iniciando el camino de un trabajo absolutamente heroico en una ciudad como la nuestra, pero gracias al que hemos podido disfrutar en Sevilla de la obra de Luis Gordillo, Guillermo Pérez Villalta, Carmen Laffón, José María Yturralde, Pablo Palazuelo… La exposición, de hecho, comienza con una paradoja que me viene de perlas para este artículo: la muestra recopila algunos de los mejores nombres de lo que se llamó “Nueva Figuración Madrileña”, un grupo de artistas que, en su inmensa mayoría, ¡¡eran sevillanos y andaluces!!

El viernes estarán en la inauguración todos ellos: Gordillo, Rufo, Villalta, Patricio Cabrera, los miembros del Equipo 57… Ejemplos de que la otra Sevilla, con más criterio intelectual y por supuesto estético, ha tenido que emigrar.