Miguel Pérez Aguilera. In memoriam

“No tengo ninguna intención de retirarme. Creo que cuando llegue el momento me iré con la paleta y los pinceles en la mano. Mi vida está casi realizada, pero la verdad es que tengo mucha ilusión por mi trabajo. Todavía encargo lienzos de gran formato para trabajar, como los que me esperan ahora”… Quedaban apenas unos meses para que Miguel Pérez Aguilera nos dejara y aún, a punto de cumplir los 89 años, se expresaba en estos términos. Ahora se cumplen seis años de desoladora ausencia y la galería Birimbao, que gestiona la obra del artista sevillano (de adopción) muestra de nuevo su obra, que no ha perdido un ápice de frescura, de limpísima abstracción, de luminosidad.

Siempre me fascinó la presencia de Aguilera, casi tanto como su obra magnética, a la que me acerqué como un niño que mira por primera vez a través de un caleidoscopio. Me atraparon sus luminosos y destelleantes celofanes, capaz de aprehender la luz a través del color, y expresar sensaciones y efectos a base de experimentar con las calidades matéricas.

Esta fascinación puede tener su explicación en que el recuerdo de Miguel Pérez Aguilera se me confunde siempre con mis primeros pasos en el periodismo. Era becaria en una fascinante sección de Cultura de El Correo de Andalucía (Carmen Carballo, Manolo Castro, gracias) cuando mi jefa me encargó hacerle una entrevista a un pintor, veteranísimo, padre de la abstracción en Andalucía. He pensado muchas veces que esa entrevista fue la clave, que don Miguel, como todos lo han llamado desde siempre, abrió la llave de mi curiosidad hacia el arte contemporáneo, me hizo perderle el miedo a escribir estas informaciones a veces obtusas. Todo se me reveló con una claridad que no me esperaba. En cierta medida, Miguel Pérez Aguilera, como llevaba haciendo más de cuarenta años, también había ejercido su magisterio conmigo.

Y es que este pintor nacido en la provincia de Jaén, catedrático de Dibujo del Natural de la Facultad de Bellas Artes de Sevilla, además de por su aportación personal a la pintura, ha sido una persona clave en el arte contemporáneo andaluz como maestro de artistas. Sus conocimientos y sus libros constituyeron, hasta el final de la dictadura, la única ventana a la modernidad europea por la que podían asomarse los estudiantes de Bellas Artes; ya que para el resto de sus colegas no existía la vanguardia. Entre sus discípulos se encuentran artistas como Carmen Laffón, Luis Gordillo, Francisco Cortijo, Santiago del Campo, Curro González o Patricio Cabrera. Ahí lo tienen, casi tres generaciones de pintores que han escrito la historia reciente de la pintura en España, pendiendo de la sabiduría de un solo hombre.

Llegó a la capital andaluza en 1945, cuando formaba parte de la llamada Joven Escuela Madrileña. En la década de los sesenta abandonó la figuración y apostó por una abstracción colorista y muy personal en la que trabajó sin descanso y con mucha ilusión hasta el último de sus días. Desde 1990, era profesor emérito de la Universidad de Sevilla. Eso sí, abandonó su labor docente, pero cogió con más fuerza si cabe los pinceles. Miguel Pérez Aguilera murió un frío mes de diciembre de hace seis años asido a los pinceles, como había soñado; rodeado de bastidores en su estudio de Los Remedios, donde había que buscarlo siempre.

Ayer me recorrió un escalofrío cuando encontré el teléfono de su casa en mi agenda. Allí lo llamé tantas veces y nunca lo encontré… Era su esposa la que subía al estudio y lo avisaba. Allí pasaba horas, días enteros, con una rutina kantiana.

La mejor manera de recordarlo es visitar estos días la exposición de Birimbao, cuya directora, Mercedes Muro, lo era también de la galería Ventana Abierta, allí donde fui yo aquel primer día a hacerle una entrevista que ha marcado, para siempre, mi modo de enfrentarme a la pintura.

En esta selección fotográfica va una pequeña muestra de su legado. No se lo pierdan.

Por cierto, las fotos son de Antonio Acedo, flamante Premio Andalucía de Periodismo.

PÉREZ AGUILERA

PÉREZ AGUILERA

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Rafael Ortiz, un bálsamo para curarse del Cartel de Primavera

Menos mal que cuando el sol abrasa un lado de la esfera, la luna ejerce de fresco bálsamo por el otro.

Les cuento:

Casi se me atraganta el desayuno esta mañana cuando, en sintonía con la antigua estampa del periódico y el café, leo, veo y me horrorizo -así, todo de forma consecutiva, como un calambre- con el Cartel de Primavera que el Ayuntamiento de Sevilla le ha “regalado” a la ciudad para 2010. Como esto es un blog y (creo) se permite (casi) todo, me voy a explayar. Perdónenme, pero llevo rumiándolo desde las 9.00 y son las 17.45: es feo, casposo, de una calidad estética ínfima y ofende al mundo femenino. ¡Por Dios, Rosamar Prieto, a la que entiendo como mujer progresista, cómo has consentido esto! Dice su autora, Reyes de la Lastra, que “representa a las mujeres sevillanas que aman a su ciudad”… No, no, no, yo soy mujer y me gusta, adoro Sevilla, pero les aseguro que a mí esa alegoría almibarada, neoromántica, de pandereta y aristocracia trasnochada que observo en el cartel, no me representa en absoluto.

Después del escándalo del monumento a la duquesa de Alba en los jardines del Cristina -no se puede seguir ocupando el viario público con homenajes a toreros, folclóricas y duquesas, y siempre con esculturas de muy baja consideración estética-, el Ayuntamiento (¡socialista!) de Sevilla lleva al clímax la paciencia de los sevillanos que pretenden salirse del discurso único y oficial con este pisotón en el juanete de la inteligencia y el buen gusto. De nuevo la duquesa de Alba, ahora con su hija en el regazo (a punto estoy de llorar), y una folclórica a su lado son los rostros que mejor entienden nuestros gobernantes que nos representan a los sevillanos…. Ahora que instituciones como la Real Maestranza de Caballería hacen grandes apuestas estéticas para su cartel de la temporada… En fin…

Menos mal que, frustrada y resignada galeriaa que personajes como el doctor Guillermo Antiñolo o el arquitecto Vázquez Consuegra nunca tendrán un hueco en la Sevilla oficial (y eso que llevan ganado, visto lo visto), el día me ha deparado un bálsamo reparador que, además, me reconcilia con mi ciudad. Porque Sevilla la construyen también muchos otros nombres que creen que la modernidad y el trabajo serio y riguroso no está reñido con nuestra historia ni nuestras tradiciones.

Y uno de ellos, al que Sevilla le estará en una deuda eterna de no cambiar su discurso estético actual, es el galerista Rafael Ortiz. El monasterio de San Clemente inaugura el viernes una exposición para celebrar los 25 años de este espacio expositivo gestionado por el mejor galerista que ha dado esta ciudad: por resistencia (muchos fueron igual de exigentes, pero se fueron), por rigor, por dedicación, por entusiasmo, por autoexigencia… Y podría seguir así sin equivocarme en ninguna de estas calificaciones.

Esta misma mañana, en su comparecencia ante la prensa, recordaba Rafael cómo abrió su galería en la Sevilla de los ochenta, en plena efervescencia creativa, iniciando el camino de un trabajo absolutamente heroico en una ciudad como la nuestra, pero gracias al que hemos podido disfrutar en Sevilla de la obra de Luis Gordillo, Guillermo Pérez Villalta, Carmen Laffón, José María Yturralde, Pablo Palazuelo… La exposición, de hecho, comienza con una paradoja que me viene de perlas para este artículo: la muestra recopila algunos de los mejores nombres de lo que se llamó “Nueva Figuración Madrileña”, un grupo de artistas que, en su inmensa mayoría, ¡¡eran sevillanos y andaluces!!

El viernes estarán en la inauguración todos ellos: Gordillo, Rufo, Villalta, Patricio Cabrera, los miembros del Equipo 57… Ejemplos de que la otra Sevilla, con más criterio intelectual y por supuesto estético, ha tenido que emigrar.

Como una astronauta en Nueva York

Vestida con un traje de astronauta, la artista Alicia Framis (Barcelona, 1967) camina perdida por Nueva York. Deambula por la Gran Manzana con su traje espacial, integrada y aislada del entorno al mismo tiempo, rebusca en la basura, viaja en metro, en autobús, va a un restaurantes, se cuela en la sala muda de una enorme biblioteca…. Esta imagen, que se ha repetido cada día de noviembre hasta ayer mismo (como contenido de su instalación Lost Astronaut, que ha presentado en Performa, la 3ª Bienal de Performances y Artes Visuales de Nueva York), me da pie para echar a andar esta nueva criatura bloguera.

Me enfrento a esta experiencia de líquida pantalla con el entusiasmo adherido al pudor, con la misma sensación ajena de quien está dentro y a mismo tiempo fuera de su realidad; de quien recorre este mundo de la cultura con una escafandra, una suerte de voyeur a quien, sin embargo, su disfraz de periodista le impide pasar desapercibida.

Framis representa a una astronauta que no ha podido pisar la Luna (homenaje a las mujeres que en las décadas de los sesenta y setenta no fueron seleccionadas para formar parte de los viajes espaciales). Este blog será, asimismo, un traje por el que se distinguirán los que no han pisado aún una página de periódico -como la propia Framis con su escandalosa intervención neoyorkina-, pero que tienen algo que decir en el panorama artístico y cultural de la ciudad. Habrá detalles curiosos, nos reuniremos en corrillos y tendrán cabida los cotilleos; en definitiva, aquí encontrará todo aquello que pueda ser tan epatante en un periódico como una astronauta en Nueva York.

Bienvenidos. Sean benévolos.

ASTRONAUTA