30
Ago/2014
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Año primero de Susana Díaz a son de marcha electoral

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Susana Díaz cumplirá su primer año al frente del Gobierno con la posibilidad de un adelanto electoral para este otoño en el horizonte y en un avión rumbo a Marruecos. Tras conquistar la agenda nacional, será su primera visita al extranjero, más allá de su presencia en Bruselas. Allí aterrizará el próximo 8 de septiembre. Han pasado doce meses desde aquel verano político de infarto en el que José Antonio Griñán fue consumando paso a paso el secreto a voces de su marcha hasta entregar el testigo a la mujer más joven de su Ejecutivo. Una consejera de la Presidencia sin experiencia en la gestión, de corte muy político y sobre la que llovió una nube de ácidas críticas que cuestionaron su llegada a San Telmo sin pasar por las urnas y su capacidad y preparación para ponerse al frente de una comunidad con graves problemas y el récord de paro del país. Díaz, que se fabricó un gobierno a su medida que ha salido más gris de la cuenta y le sigue en protagonismo a mucha distancia, logró casi desde el minuto uno desinflar esa campaña de críticas y empoderarse en el plano nacional, resituando a Andalucía y su peso e influencia política en el mapa de España. Que es una estrella de la política nacional es indiscutible. Otra cosa es el balance real de su gestión. Con más claroscuros.

Hacía tiempo que a Andalucía no se le escuchaba tanto. Ese es quizás el mayor logro de una presidenta que encara su segundo año con problemas muy similares a los que halló a su llegada. Si la toma de posesión de su Gobierno fue dinamitada con un auto judicial en el que por primera vez señalaba la presunta responsabilidad de los expresidentes en el trama de los ERE, el primer año se enfrenta a la enorme repercusión que tiene que esa instrucción haya llegado por fin al Supremo y el caso marque uno de los puntos fuertes del año judicial, compitiendo con escándalos como el caso Nóos o el de la familia Pujol. A ese frente judicial se han sumado otros: la posible financiación ilegal de UGT-A o el fraude de los cursos de formación. Escándalos que comparten un guión muy parecido al primero, donde vuelven a aflorar las debilidades de una administración autonómica laxa en controles y en el que el PP ha vuelto a encontrar la percha perfecta para desempolvar ese guión de los tiempos de Javier Arenas, ahora de nuevo en la primera fila, en el que se denunciaba un Régimen socialista en Andalucía, con redes clientelares, amiguismo y pasta gansa para los del carné socialista.

Decir que la corrupción no ha marcado el primer año de gestión de Díaz sería faltar tanto a la verdad como sostener que en este Gobierno no se ha hecho nada para combatir esta lacra. Susana Díaz, una mujer temperamental y corajuda, se pone literalmente enferma cuando ponen en duda su honestidad. Ella que presume de ser barrio, estar en la calle, pertenecer a una familia trabajadora y no haberse aprovechado del carné ni siquiera para saltarse una cola de urgencias, se está viendo obligada a pisar en un lodo en el que a ratos se asfixia y donde nada con lemas como «voy a abrir puertas y ventanas», «recuperaré hasta el último céntimo del dinero defraudado», «combatiré la corrupción caiga quien caiga» o «no me va a temblar el pulso». Lo cierto es que nunca en una administración se han tomado tantas medidas y endurecido tanto los controles del dinero público como en esta última etapa. El Ejecutivo de Susana Díaz –el Gobierno de PSOE e IU, como remarcan los socios de gobierno– ha hecho una enmienda a la totalidad a su pasado más reciente. La supresión de las transferencias de financiación en los Presupuestos, la aprobación de una nueva ley de transparencia que pone a la vista del ciudadano hasta el último céntimo del presupuesto o la reciente ley de formación, que acaba con el sistema fallido que ha manejado riadas de millones de euros, son solo algunos de los ejemplos más visibles. El problema de todas estas medidas es que se han adoptado a posteriori y no acaban de limpiar la mancha. Susana Díaz llegó con el reto de demostrar que era el cambio y la adalid de un nuevo tiempo en la política y en eso los escándalos florecientes del pasado reciente se lo ponen difícil.

En Andalucía ahora mismo las críticas hacia el Gobierno de Díaz son más benévolas desde los empresarios que desde los sindicatos. Algo llamativo teniendo en cuenta que éste era un «bipartito comunista y bolivariano», en terminología PP, que despertaba muchos recelos. Pero Díaz ha llevado a cabo una intensa agenda económica al más alto nivel. Ha conquistado el favor de las grandes empresas del país y se ha inscrito a un club económico de élite con el que sus socios de IU conviven, aún con sarpullidos, porque saben que en ese diálogo para recuperar la confianza y, reforzar la marca Andalucía como territorio seguro y atractivo para la inversión, se juegan miles de puestos de trabajo. La llegada de Díaz coincidió con la renovación de la cúpula de la patronal andaluza y desde allí no son pocos los halagos hacia la presidencia. También coincidió con el escándalo de UGT y el estreno de una nueva dirección, pero con este ala las relaciones son mucho más frías. La negociación de un nuevo modelo de concertación social sigue esperando.

La otra fortaleza en la que el Gobierno pone el acento está en lo que llaman el blindaje de los servicios públicos. En Andalucía, defienden al unísono los socios, no se han cerrado ambulatorios, ni vendido hospitales, ni privatizado centros de salud, ni mermado en plazas de enseñanza pública o becas. Los recortes son una evidencia. La mayoría del esfuerzo para contener el gasto en el Presupuesto se ha hecho a costa del bolsillo de los empleados públicos y eso incluye médicos y profesores. Los nuevos hospitales previstos son obras en ruinas. Pero la apuesta por la sanidad y la educación públicas en Andalucía, tanto como por la dependencia, pese a todo, es sin duda mayor que en otras comunidades que han pasado el cepillo por estos asuntos con mucho menos pudor. Andalucía juega políticamente a poner el contrapunto a medidas del Gobierno de Rajoy como la reforma educativa o el copago sanitario. En esta batalla ideológica el Ejecutivo andaluz se mueve muy cómodo, aferrado a la bandera del mantenimiento de derechos sociales.

Aunque el consejero de la Presidencia, Manuel Jiménez Barrios, defendió en un balance antes de las vacaciones la productividad en decretos y leyes de este gobierno, con nueve medidas legislativas en marcha, no es esa la realidad. Los socios saben que el ritmo es bajo, sobre todo en relación a la promesa de sacar adelante 28 leyes que adquirieron al sellar su pacto. Desde IU no ocultan su preocupación por ese ritmo en ralentí y aseguran que hay ocho nuevas leyes en la casilla de salida, subrayando las de participación, movilidad, cambio climático, servicios sociales, formación y banca pública. La batalla inmediata más dura estará en la elaboración del próximo Presupuesto donde, pese a que la economía da síntomas de coger oxígeno, tendrán que existir nuevos ajustes. Faltan 600 millones de euros para que cuadren los números. De esa pérdida, el Gobierno andaluz culpa a Rajoy. El bipartito rojo del país, como le gusta caricaturizar a la oposición, ha cumplido el objetivo del déficit, con mucha mejor nota que otras comunidades del PP. Contra todos los pronósticos, Andalucía no es la comunidad díscola y rebelde con la que se amenazó. Cumple sus deberes ante el Gobierno y Bruselas, por mucho que relate y denuncie la asfixia financiera.

En cuanto a las medidas y planes para crear empleo, la prioridad, la palabra en mayúscula en la agenda de una comunidad que lleva meses con el reto incumplido de bajar del millón de parados, sus resultados están sin evaluar. Desde IU se quejan de que el Gobierno andaluz está muy acostumbrado a medidas y planes «efectistas», que se «someten a la sobreexposición a la ciudadanía», «sobreactuados», pero sin cultura de evaluación y medición de resultados. Esto lo dice una parte del propio Gobierno, que exige un cambio. El Ejecutivo andaluz ha puesto en marcha varios planes de choque para parados de larga duración, jóvenes, a favor de la construcción o contra la exclusión social. De ninguno se conocen sus efectos concretos.
Quizás este sea el gobierno más presidencialista que ha tenido Andalucía. La fuerte personalidad de Díaz tiene mucho que ver con eso. El resto de su gobierno lo conforman perfiles bajos, políticos mayores que la presidenta, sin ambiciones personales, que se han acomodado en ese segundo plano. Los tres miembros de IU son muy distintos. El vicepresidente Diego Valderas es el que se mueve más cómodo junto a los socialistas. El verso suelto, la consejera de Fomento, Elena Cortés, fue la protagonista del episodio de crisis más fuerte, el de la Corrala de la Utopía, que llevó a Díaz –según confesó después– a pensar en elecciones. Las heridas siguen sin cicatrizar. La desconfianza entre PSOE e IU existe. De ahí, que muchos aseguren que hay primer año pero no habrá segundo. Susana Díaz ha escrito en primera persona esta etapa y puede que prepare ya su particular fiesta de aniversario a son de elecciones. Muchos los dudan. Otros lo ven posible. Y como siempre, solo ella lo sabe.

24
Ago/2014

La amnesia de Viera

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El diputado socialista en el Congreso y exconsejero de Empleo, José Antonio Viera, se decidió esta misma semana a romper casi tres años de largo silencio tras estar señalado por la jueza Mercedes Alaya entre los aforados que pide al Supremo que investigue por el caso de los ERE.Viera eligió los micrófonos de la cadena SERpara referirse a la presunta trama corrupta que se originó mientras él estaba al frente de la Consejería de Empleo y en la que la Guardia Civil le atribuye «un papel esencial».

Vaya por delante la presunción de inocencia de la que goza cualquier ciudadano –unos más que otros– pero fue hacer gala de su desmemoria y lograr que muchos socialistas actualmente al mando de la nave renegaran en privado de la actuación del exdirigente del PSOE sevillano. Se palpó la indignación. Viera defendió su gestión de cualquier tacha ilegal o inmoral, negó conocer a los empresarios sevillanos que acapararon la inmensa mayoría de las subvenciones del fondo de Empleo en la Sierra Norte de Sevilla –área a la que el diputado sevillano debió su influencia política durante años– e incluso dijo abiertamente en antena que desconocía que su hija, Sonia Viera, trabajara en una de las empresas de éstos, merecedora de una ayuda directa de 10 millones de euros públicos. Cuesta creer que un padre no sepa donde trabaja su hija. La amnesia del diputado socialista irritó a muchos dentro de sus filas pero  lo que colmó el vaso de la indignación fue el desparpajo con el que el exlíder socialista aseguró contar con el respaldo de su actual secretario general, Pedro Sánchez, al que puso a los pies de los caballos. Hasta tal punto que el flamante dirigente del PSOE tuvo que salir a negar la mayor y asegurar que solo espera que sea inocente, dejando claro que la actual dirección solo va a poner la mano en el fuego por dos de los nombres que aparecen en la lista que la jueza Alaya ha enviado al Supremo: Manuel Chaves y José Antonio Griñán.

Viera entonó un canto mártir por su situación como aforado –a la que podría haber renunciado en cualquier momento con el simple gesto de renunciar a su escaño en Madrid–. Dijo que eso le ha condenado a una condena mediática, a la «indefensión» y a su «muerte civil». Posiblemente no hayan sido los mejores meses de la vida política de quien fue exconsejero de Empleo de 2000 a 2004. El registro oficial del Congreso de los Diputados responde con un «No existen resultados para búsqueda realizada» cuando se pregunta a la web por las últimas iniciativas o intervenciones de Viera en la Cámara Baja. No será su actividad política, ninguna según consta en el Congreso, la que lo ha mantenido aferrado a su escaño. Posiblemente su sucesor al frente de la Consejería, Antonio Fernández, que sigue yendo a firmar a los tribunales periódicamente, tiene todos sus bienes embargados y ha pasado cuatro meses en la cárcel por su supuesta responsabilidad en el fraude millonario, hubiera preferido esa «muerte civil» del aforado.

El verano político no ha dado respiro a los socialistas en Andalucía. No ha habido tiempo para el letargo propio de las primeras semanas de agosto. La remisión del caso de los ERE al Supremo volvía a poner en el candelero el presunto desvío de ayudas sociolaborales durante una década. Un fraude que Alaya eleva a 855 millones de euros. El otro frente judicial, el supuesto fraude masivo en las ayudas destinadas a la formación y la reaparición en escena de un exconsejero socialista, Ángel Ojeda, como uno de los grandes beneficiarios de ese desvío de fondos públicos acaparando supuestamente hasta 50 millones de  estas ayudas, no han hecho más que  hacer crecer en el Gobierno andaluz y el PSOE-A la idea de que puede ser muy difícil rescatar la actividad política del soniquete de la corrupción que martillea a los sufridos ciudadanos contribuyentes.

La orden de Susana Díaz es poner en marcha cualquier mecanismo posible para dibujar una línea de división entre el presente y el pasado de la gestión socialista en la Junta. La consejera de Hacienda ha anunciado una batería de medidas para endurecer los controles a las empresas que reciban fondos públicos y el Consejo de Gobierno retomará este martes su actividad con un proyecto de ley que revisa los métodos para conceder subvenciones para la formación y que será toda una enmienda a la totalidad de las anteriores convocatorias en estas ayudas,  carentes de concurrencia competitiva y controles en demasiados casos. Esa línea roja que subraya Díaz a modo de cordón sanitario sobre su Gobierno y su gestión es la que a toda costa trata de saltar la oposición. El PP andaluz ya ha dejado claro que va a por la mayor y sabe que el capital político de Chaves y Griñán está amortizado, por lo que su empeño es tratar de ligar a Díaz en los tejemanejes que investiga la justicia. Esto enerva especialmente a la presidenta de la Junta, que ordenó a los suyos salir raudos a frenar el intento del PP-A de vincularla con Ojeda a través de una foto en una sede de la industria aeronáutica o por las ayudas concedidas a un sector emergente de la economía andaluza. El Gobierno andaluz asegura que ni una sola de las ayudas concedidas a Ojeda se otorgaron bajo el mandato de Díaz. El BOJA lo confirma. Es fácil, las ayudas están paradas desde 2011 y Díaz ascendió a la presidencia hace solo un año y entró en el Gobierno de Griñán en 2012.

Y frente a los nuevos parias del PSOE, los VIera y los Ojeda, aquellos a quienes nadie saldrá a defender hasta que la justicia diga lo contrario por mucho que los periodistas insistan en esa pregunta de ¿pondría usted la mano en el fuego por…?, se sitúan Chaves y Griñán. La «honestidad» y la «honorabilidad» de ambos, según sienten la inmensa mayoría de los socialistas andaluces y se recoge en el argumentario oficial del partido, no están en entredicho. Todo lo contrario. Estos días han recibido más señales de afecto y apoyo de su partido que en mucho tiempo.

06
Jul/2014

Hacen falta luces largas

Proponer o rechazar una reforma electoral contando alcaldías es una manera más de despreciar a los ciudadanos.

rajoySi hay dos reformas políticas en España que duermen el sueño de los justos son la del Senado, para convertirlo en una verdadera Cámara de representación territorial, y la de la ley electoral para afianzar la capacidad de decisión de los ciudadanos sobre sus ayuntamientos. Ambas llevan casi dos décadas sobrevolando el edificio constitucional sin posibilidad de que los partidos políticos españoles cierren un acuerdo de Estado que permita solventar sin riesgos las carencias del edificio institucional. La agenda de reformas que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha puesto sobre la mesa esta semana no debería, de entrada, contar con el rechazo frontal de los partidos de la oposición. El PSOE defendió en el Congreso de los Diputados una reforma de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (Loreg) defendida por el añorado diputado Alfonso Perales que copiaba el modelo italiano para reducir el parlamentarismo en los ayuntamientos españoles y dotar a los alcaldes de un mayor poder directo sobre la gestión y la resolución de los problemas de sus vecinos. Aunque el PP no ha puesto aún letra a su reforma, según lo avanzado no debe de distar mucho de esta propuesta socialista que entonces el Gobierno de José María Aznar tumbó. La reforma, frustrada por la falta de acuerdo en el Congreso, defendía una fórmula para la elección de la representación municipal en dos listas, una para los alcaldes y otra para los concejales. El alcalde se elegiría en una urna y la representación de los partidos en otra. Si el candidato obtiene mayoría absoluta en la primera vuelta ya es el alcalde y elige él a los concejales de la lista que le apoya. Si ninguno de los aspirantes obtuviera esa mayoría se iría a una segunda vuelta y el candidato con más votos elegiría a la mitad más uno de los ediles del consistorio. La iniciativa, según defendieron los socialistas, permitiría reducir a la nada el transfuguismo, evitaría mociones de censura y reforzaría la gestión de los regidores.

Todo parece sensato. Cualquier medida que redunde en una mayor capacidad del ciudadano para elegir directamente a sus representantes políticos es beneficiosa en un momento de apatía generalizada hacia la clase política. El problema de la reforma lanzada por Rajoy no reside en el fondo sino en las formas y los tiempos. No tiene sentido que una iniciativa de este calado sea anunciada para su debate en la Escuela de Verano del PP y no en las Cortes. Igualmente, parece absurdo que una propuesta de esta profundidad se lance a diez meses de las próximas elecciones municipales. Una reforma electoral capaz de dar un vuelco al mapa del poder municipal siempre es complicada de negociar, ahí están todos los intentos fallidos registrados en España, pero si se abre a las puertas de unos comicios locales y después de unas elecciones europeas que han demostrado que el sistema político bipartidista que ha reinado en España hasta ahora está agotado, directamente es una iniciativa abocada al fracaso. La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, comentó esta semana a algunos periodistas que la reforma defendida por Rajoy ya circulaba en las filas del PP en las últimas semanas y que ella la conoció directamente por boca de algunos barones del PP en el transcurso de la recepción oficial por la proclamación del nuevo Rey. Para los socialistas no hay lugar a dudas de que esta propuesta política para la elección directa de los alcaldes ha sido improvisada por el PP a la luz de los últimos resultados electorales y después de conocerse el desplome del partido que arrasó en las pasadas municipales de 2011. Según los sondeos que se manejan en Génova, los populares podrían perder la mayoría absoluta en 40 de las ciudades más importantes donde gobiernan. En Andalucía, los resultados de las europeas arrojan la pérdida de la mayoría absoluta del PP en tres capitales: Sevilla, Huelva y Málaga. Atendiendo a lo ocurrido el pasado 25 de mayo, y poniendo mucha distancia entre el comportamiento electoral en unas europeas y en unas municipales, el PSOE sería la lista más votada en estas tres capitales. Sin embargo, los populares saben que es más probable que pierdan la mayoría absoluta pero sigan siendo la lista más votada. La elección directa de alcalde cerraría la puerta a la gran amenaza real que sienten los populares, la misma que les llevó a perder el Gobierno andaluz en 2012 pese a la mayoría de Javier Arenas, las alianzas en el espectro de la izquierda.

Las direcciones andaluzas de PSOE e IU comenzaron hace meses un trabajo callado compartiendo datos y análisis sobre el comportamiento electoral en las municipales. La intención es señalar en un mapa las posibles alianzas para obtener el poder en el mayor número de ciudades y pueblos posibles. A pesar de que la negociación de las alianzas municipales entre PSOE e IU llevan ya varias convocatorias electorales haciéndose desde el ámbito regional, el pacto inédito en el Gobierno andaluz tiende a reforzar estos puentes. Nunca ha sido fácil. Después aplicar la regla del acuerdo de izquierdas a cada municipio topa con numerosas dificultades y la microrrealidad política de cada lugar. Además ahora IU se desmarca públicamente de acuerdos globales con el PSOE y abre la puerta al diálogo con nuevas fuerzas como Podemos. No hay ciencia exacta para conocer cómo afectaría la elección directa de alcalde, pero queda claro que jugar en corto o ligar una reforma política de este calado a intereses electorales sí que es reírse de la voluntad de los ciudadanos utilizándolos además como pretexto. Todos hacen cálculos electorales cuando lo que hace falta, más que nunca, son luces largas.

 

29
Jun/2014

Susana Díaz ejercerá contra la apatía

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Su agenda nacional como secretaria general del PSOE andaluz se interrumpió en las pasadas elecciones europeas, en las que Susana Díaz declinó las invitaciones de otras federaciones socialistas y optó por intensificar su calendario de actos en Andalucía, su bastión, el granero donde sabía que el socialismo iba a sacar su mejor resultado. Desde entonces, los acontecimientos internos en las filas socialistas se han sucedido vertiginosamente. Después de los agasajos y la renuncia de Díaz a entrar en la carrera por liderar el PSOE, la presidenta de la Junta de Andalucía retomará esta semana su presencia junto a algunos de los dirigentes socialistas que la animaron a dar el salto a Ferraz en plena campaña para elegir al secretario general del partido. En sus planes está una inminente visita a Canarias –ésta quizás con una agenda más institucional–, y dos potentes federaciones: Valencia y Cataluña, donde también se preparan para su congreso regional tras la salida de Pere Navarro. Su visita a Castilla-La Mancha será en septiembre.

La vuelta a la primera línea en clave orgánica tiene un objetivo principal, según cuentan fuentes próximas a la líder andaluza, animar a una militancia que, de momento, no está viviendo como una fiesta la cita congresual. Sirva un dato: solo cuatro de cada diez candidatos han dado su aval a uno de los aspirantes a liderar el PSOE. El dato casi se repite para el censo andaluz, en el que se calcula que solo la mitad de sus 45.000 afiliados han tomado partido. En Andalucía el arranque de la recogida de avales puso en guardia. No había pulso. La sensación es que en la última semana se ha logrado animar algo más el debate, pero existe atonía entre la militancia y falta ilusión. Si no consigue removerse ese clima de hastío o de que ninguno de los candidatos convence lo suficiente el PSOE se arriesga a hacer el ridículo en su primera prueba de urnas abiertas a todos los militantes para elegir al líder del partido. Saben que una participación por debajo del 50% provocaría irremediablemente la deslegitimación del nuevo dirigente llamado a alejar a los socialistas del borde del precipicio en el que los situaron las pasadas europeas. En esa posición se han situado históricos como Felipe González, que no han dudado en mostrar su convencimiento de que el futuro secretario general no será la solución.

Susana Díaz defiende públicamente que la dirección del PSOE andaluz será neutral en este proceso. Ha dado instrucciones directas a los secretarios provinciales y a los pesos pesados de la dirección andaluza para que no tomen partido públicamente por ninguno de los candidatos y abran las sedes a todos en las mismas condiciones para que hagan su campaña. Está convencida de que una guerra encarnizada como la que se libró en el Congreso de Sevilla, con el PSOE andaluz y ella misma pujando fuertemente por Carme Chacón frente a Alfredo Pérez Rubalcaba, dejaría al partido hecho trizas en estos momentos. Defiende un escenario, al menos formal, de unidad.
Pero nadie puede ya negar que Andalucía está con Pedro Sánchez y muchos dirigentes próximos a la actual ejecutiva regional hacen la campaña al diputado madrileño frente a Eduardo Madina. Si Sánchez, un desconocido hasta hace nada, arranca con más poderío que su principal adversario la carrera hacia las urnas es gracias a los 13.000 avales andaluces conseguidos. Madina no excede de 4.000. Éste pidió ayer conocer el origen de estos apoyos por federaciones y Ferraz apeló al sistema informático para no dar el dato. Pero no es ningún secreto, federaciones como Andalucía o Valencia, que son fundamentales, van con Sánchez o quizás con Susana Díaz, según se mire.

Otra cosa es lo que voten en secreto los militantes el próximo 13 de julio. Madina, que ha formado parte de la ejecutiva federal saliente, quiere aparecer como una víctima de los aparatos regionales. Sabe que ese halo de independiente le dará votos. Pero los socialistas andaluces recuerdan que Madina arrancó en una posición privilegiada, con el apoyo tácito de Alfredo Pérez Rubalcaba y Elena Valenciano, con quienes estuvo reunido durante tres horas en Ferraz nada más convocarse el congreso y antes de que se cambiaran las reglas de juego para que, como él quería, se abriera la elección del secretario general a los militantes. Quizás ahí empezó a armar su derrota. En San Vicente, sede del socialismo andaluz, están convencidos de que Rubalcaba, Valenciano, Madina y otros líderes de federaciones como Asturias y Extremadura maniobraron para cortar el paso a Díaz. Ese sentimiento de que Madina es antiSusana que ha cundido, o han hecho prender, en la militancia andaluza será posiblemente determinante. Nadie puede ir de inocente en un proceso como éste. Todos han jugado sus bazas. Sánchez llamó a Díaz para ponerse a su disposición y asegurarle que solo si ella no optaba se lanzaría a la carrera. Quizás ahí empezó a armar su victoria. Con todo, la carrera no ha hecho nada más que empezar y en eso coinciden todas las voces socialistas que saben de aparato. Los avales no tienen por qué ser directamente proporcionales a los votos. Hay precedentes de que no gane el favorito. Y hay otro aspirante en liza, el andaluz José Antonio Pérez Tapias.

Cuando el pasado jueves, día de pleno en el Parlamento andaluz, Rubalcaba anunció su retirada de la política y su vuelta a las aulas de la Universidad como profesor de Química, a una insigne voz del PSOE andaluz se les escapó del alma un «¡que se prepare el rector!». El comentario privado sirve como perfecto termómetro de lo que piensa de verdad, más allá de los comentarios públicos y laudatorios hacia el secretario general saliente, la cúpula del socialismo andaluz. Entienden que en este proceso, desde la misma noche electoral del 25 de mayo, ha sido «desleal» y que los suyos han maniobrado para «no perder la Torre», como llaman a Ferraz 70.

Como la vida de los partidos políticos sigue siendo un juego de intrigas y de peleas por el poder, todo lo que haga Susana Díaz a partir de este momento será mirado con lupa. Quienes la conocen saben que será muy complicado que se equivoque en las formas. El mismo miércoles que Madina estuvo en Sevilla laudando además a la dirigente socialista sevillana –«No se puede entender el futuro del PSOE sin Susana Díaz», proclamó– hubieran quedado a tomar algo, aseguran, si el acto del aspirante no hubiera terminado demasiado tarde. Cada uno jugará su papel y todos apelarán a la «unidad». El PSOE andaluz tendrá mucho más fácil copar el puente de mando del partido con Sánchez que con Madina, pero con cualquiera que gane reivindicará su sitio y sería absurdo que no lo tuviera por su peso orgánico y por ser el único que, a estas alturas, sigue teniendo pulso electoral. Ahora quedan las especulaciones, las teorías conspirativas, el convencimiento de muchos de que Díaz está jugando a medio plazo y de que, antes o después, desembarcará en Ferraz, de que Sánchez es la apuesta por un hombre de paja que le facilite la llegada con todos los oropeles. De la boca de la presidenta de la Junta solo se puede oír una cosa: unidad. De su futuro, otra: quiere ganar las elecciones en Andalucía. Ése es su gran reto. Aseguran fuentes próximas a la socialista que ella está muy tranquila y cada día más convencida de su decisión de dejar pasar el tren de Ferraz. La calle, dicen, le advirtió del sentimiento de traición que podría darse en Andalucía. Díaz luce desde hace semanas y en grandes ocasiones un bonito y escultural colgante. Un coral leonado que cuentan que ha sido un regalo de su político más admirado, Felipe González. Un signo más de su poder en un PSOE que culminará en dos semanas un camino incierto hacia su salvación.

22
Jun/2014

La «calma» del PP andaluz

El líder del PP andaluz da la sensación de que las europeas lo han arrollado y ahora, dice, marcará él su propia agenda.

Juan Manuel Moreno Bonilla quiere a partir de ahora «calma, calma y calma». El aterrizaje del presidente del PP andaluz no ha sido nada de fácil. Apenas dos meses después de su llegada al tren de mando de su partido, tras una carrera sucesoria plagada de movimientos incomprensibles y finalmente dirigida desde Génova, el líder andaluz se vio embaucado en una intensa campaña electoral que decidió protagonizar en primera persona. Era la oportunidad, consideró la flamante cúpula del PP-A, de disponer de una plataforma mediática con la que darse a conocer a los andaluces. Quizás no calibró lo suficiente el PP, que al personalizar esta contienda, el resultado iba a ir directamente a la cuenta de resultados del exsecretario de Estado y flamante líder andaluz.

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El PP ha perdido las europeas con diez puntos de diferencia frente a los socialistas y ha quebrado una exitosa racha electoral de cinco años encadenando victorias populares. Sin embargo, Moreno Bonilla recorrió Andalucía proclamando que esta contienda anticipaba el cambio que se iba a vivir en Andalucía en las próximas autonómicas. Por eso, es ahora tan llamativo que el dirigente popular haya decidido practicar la política del avestruz, no afrontar los resultados, hacer una lectura sin crítica de lo que ocurrió el 25 de mayo y casi desaparecer de la primera fila en los medios de comunicación.

El pasado lunes, el PP andaluz convocó una rueda de prensa en su sede regional. Fue la número dos del partido, Dolores López Gabarro, quien puso voz a una arriesgada estrategia política de la oposición. Los alcaldes del PP, sin excepción, dijo, no ejecutarán dos de las medidas estrella de la Junta: los planes de empleo para jóvenes y los contratos previstos en el decreto de inclusión social. Iniciativas que prevén la creación de 50.000 puestos de trabajo temporales en una comunidad acosada por un 34% de paro. Un balón de oxígeno para muchos alcaldes, en vísperas de las elecciones municipales, que podrían intentar capitalizar estas contrataciones ante sus vecinos. El problema reside en la financiación de esos planes. El PP alega asfixia financiera y problemas graves en las arcas municipales y exige que el dinero para esos contratos llegue por anticipado desde el Gobierno andaluz. Tiene su lógica. Lo incomprensible son las formas. Ningún alcalde del PP ni representante de la oposición se ha dirigido al Gobierno andaluz para expresar este problema y negociar estas medidas. La Junta ha despachado el plante como una «burda» estrategia política, que juega «con las ilusiones» de los parados. El pago, ha insistido, se hará exactamente igual que con el decreto en vigor, al que se sumaron el 99% de los ayuntamientos, y que en la mayoría de los casos abonaba los fondos a los consistorios por adelantado. Una confrontación incomprensible para dos actores, Moreno Bonilla y Susana Díaz, que se reunieron hace poco en San Telmo para defender que había terrenos tan sensibles como el empleo que deberían de quedar fuera de la peleíta política.

Al término de la rueda de prensa que escenificó la nueva estrategia política de un PP-A que pone a sus alcaldes en pie de guerra contra el Gobierno andaluz, se le preguntó a Dolores López Gabarro, secretaria general, el por qué Moreno Bonilla no comparecía ante los medios en rueda de prensa en esa sede regional desde el pasado 25 de mayo. Alegó «problemas de agenda». Minutos después, los periodistas cazaban in fraganti allí mismo a un Moreno Bonilla que se despedía de representantes del sindicato de enfermería con los que se había reunido. No pudo evitar las preguntas de unos periodistas ávidos de conocer qué le ronda al principal líder de la oposición por la cabeza. Lo que trasladó fue que su aterrizaje en el PP-A había sido demasiado precipitado, dio la sensación de un dirigente arrollado por el tren de las europeas y sus calamitosos resultados. Pidió calma y proclamó que, a partir de ahora, es él quien dirigirá su agenda y que elegirá un perfil bajo en los próximos meses, en los que se centrará en reunirse con colectivos sociales y profesionales de toda Andalucía. Un puerta a puerta que considera imprescindible para darse a conocer. No asumió errores. Solo dijo que quizás al valorar en positivo unas europeas en las que el PP había perdido 354.000 votos no se expresó bien. Puso en valor que Andalucía ha conseguido aportar el 17% de los apoyos cosechados por el PP en España y que el verdadero descalabro de su partido había estado en la sangría de votos de Madrid y Valencia. Defendió que este no había sido el peor resultado del PP en Andalucía, pero sí los más nefastos para el PSOE (diez puntos por delante, recordamos). No quiso avanzar qué harán en las municipales. Pidió calma. Tiempo. Su idea es que los alcaldes, pese al desgaste y a la edad avanzada de muchos, repitan. Dijo que ya se esperaba la derrota de las europeas y que eso no cambia nada. También aseguró que «no le afecta» que Díaz haya decidido quedarse en Andalucía y que nada ni nadie lo va a mover un ápice de su discurso sobre la política «ambiciosa» que prepara su carrera «a costa de los andaluces». Se mostró huidizo. Esquivo. Amable pero desconfiado. ¿Qué le pasa a Moreno Bonilla por la cabeza? Esto, básicamente. Los alcaldes de su partido comienzan a sentir desasosiego. Lo respaldan pero tienen vértigo. Él pide calma. Pero hay nervios.

 

18
Jun/2014

El ‘pedrismo’ aterriza

SÁNCHEZ QUIERE QUE ANDALUCÍA SEA EL "CORAZÓN" DE LA RENOVACIÓN DEL PSOE

Casi a la misma hora que Pedro Sánchez, que recoge avales para ser el próximo secretario general del PSOE, se hacía fotos en Málaga, nacía en Sevilla una plataforma de apoyo a su candidatura. Pura exhibición de músculo de un aspirante que depende en gran medida de lo que voten los militantes andaluces el 13 de julio. El censo de Ferraz señala que los socialistas andaluces, la federación más potente, suman casi uno de cada cuatro afiliados (45.655, un 23% del total de toda España). Son ellos los que pueden inclinar la balanza en una carrera algo desigual entre Eduardo Madina, que parte como favorito y era miembro de la actual ejecutiva federal, y Pedro Sánchez, un militante de base, menos conocido, sin cargo orgánico y que tiene en su manga un as: el apoyo tácito del PSOE andaluz.

Aunque muchos socialistas se molestan cuando se les comenta que Madina y Sánchez suenan en sus discursos y propuestas exactamente igual, solo hay que repasar los mensajes de sus plataformas en Twitter para tener claro que los dos  venden lo mismo. Ambos se erigen en representantes del cambio, la renovación y la regeneración política y comparten propuestas para rearmar al socialismo y volver a conectar con la ciudadanía. Pero no aglutinan los mismos apoyos. Los dirigentes socialistas que buscan apoyos para Sánchez en Andalucía calculan que en la mayoría de las federaciones la militancia estará dividida entre los dos aspirantes con más posibilidades –hay otros dos que se han postulado, José Antonio Pérez Tapias y Alberto Sotillos–. En Extremadura o Asturias quizás venza en apoyos el vasco, admiten, por eso donde se puede inclinar la balanza es en Andalucía, apuntan.

En Sevilla votarán hasta 10.350 militantes. Ayer la sede provincial del partido estaba llena a rebosar. Alcaldes, cargos orgánicos e institucionales y militantes, representantes del 95% de la provincia, en un acto sin Sánchez, que está previsto que visite Sevilla la próxima semana. La instrucción que ha dado la ejecutiva regional de Susana Díaz es que haya «neutralidad» para que los aparatos no influyan en el resultado pero es difícil. Pese a que formalmente no habrá favoritos, hacia Madina existe cierto recelo por lo ocurrido en la previa, cuando los principales barones del partido trataron de despejarle el camino a Díaz en una carrera por la secretaría federal sin adversarios que se vio frustrada tras la negativa del diputado vasco de retirar su candidatura.

En la visita de Sánchez en Málaga estaba el líder provincial, Miguel Ángel Heredia y el número tres de la ejecutiva regional, Francisco Conejo. En la plataforma sevillana estaba José Caballos, también en la dirección andaluza. No hace falta ser mucho más explícito. Entre los socialistas sevillanos a favor de Sánchez, que arrancaron con 200 firmas de apoyo, también había diputados y muchos alcaldes. Su papel es clave. En sus posiciones habrá efecto arrastre de muchos militantes. Eso sí, ayer entre todo fue fairplay, llamadas a la unidad y mucho celo en la puesta en escena para que la proclamada neutralidad no se pueda poner en duda. También calculan los que saben del PSOE que esta vez perderá el que dé la impresión de tener el respaldo del aparato. En el congreso de Sevilla venció Alfredo Pérez Rubalcaba a Carme Chacón y Andalucía era «neutral», neutral a favor de la catalana.

14
Jun/2014

Políticos «en shock»

EL PARLAMENTO ANDALUZ APRUEBA LA LEY CONTRA DESAHUCIOSEl vasco Eduardo Madina ponía el viernes la guinda a una semana política de vértigo con su promesa de dar un «shock de modernidad» al PSOE al formalizar su candidatura a la secretaría general de su partido. En shock, y no precisamente de modernidad, está su partido. Los socialistas más veteranos asisten desconcertados, entre la incredulidad y el temor cierto, a la posibilidad de que el Partido Socialista se precipite por el acantilado de la indiferencia y la marginalidad política. Las elecciones europeas del pasado 25 de mayo han provocado un terremoto político de incalculables consecuencias que lo inundan todo. También, el panorama político de Andalucía.

Susana Díaz ya despejó el martes que no iba a concurrir en la carrera por liderar su partido. Lo hizo después de dos semanas en las que se dejó querer por los principales barones y referentes de su partido y en el que, según los gestos, a ratos todo invitaba a pensar que se quedaba o que se iba. Si algo sabe la secretaria general del PSOE andaluz es manejar los tiempos políticos. Justo lo que le falla estrepitosamente a otra socialista, Carme Chacón. Díaz sigue acaparando los focos pese a una renuncia que la mayoría de los socialistas andaluces entienden como la mejor opción y la oportunidad de ganar tiempo para que Díaz, legitimada por las urnas andaluzas, desembarque en Madrid a su debido tiempo, sin poner en riesgo el Gobierno autonómico y con el cálculo de que el PSOE no va a salir de ésta en el próximo congreso federal sino que más bien va a prolongar su agonía. Esa es la sensación que cunde ante el desfile de candidatos a la secretaría general.
Políticos de corte anodino y poco bagaje que no convencen a una gran parte del partido. Dicen en el PSOE andaluz que ahora toca neutralidad y que esta vez será de verdad. Eso dicen. Lo cierto es que más que una corriente de simpatía hacia Pedro Sánchez en muchos se detecta un antimadinismo indisimulado, imbuidos por el relato de que ha sido el líder vasco, arropado por los gerifaltes de Ferraz –leáse Alfredo Pérez Rubalcaba o Elena Valenciano– quien ha maniobrado para evitar un congreso federal en bandeja de entronización de la líder andaluza. Susana Díaz escucha este tipo de afirmaciones y las niega tajantemente. Tomar partido sería difícil por dos motivos. Con unas urnas abiertas a la militancia todo es mucho menos controlable. Si apuestan por el perdedor, como ocurrió en el congreso de Sevilla en 2011, se debilitaría el músculo del socialismo andaluz. Si apuestan sin tapujos por el ganador, quizás Díaz tendría más complicado salir indemne de fallar la operación.

El que el PSOE y la presidenta de la Junta estén acaparando los grandes titulares no significa que solo en las filas socialistas tengan problemas. Habría que preguntarse qué hará el PP andaluz ahora que a su líder Juan Manuel Moreno Bonilla se le agota el discurso de la política ambiciosa y deseosa de saltar a la capital. Paradojas que fuera el presidente del PP-A quien saliera desde Génova a valorar el anuncio de Díaz de no optar a la secretaría general. En las filas de los populares andaluces no ha habido atisbo de un análisis serio y reflexivo sobre la estrepitosa pérdida de votos en las últimas elecciones. Ni siquiera preocupación por los síntomas que indican un declive en bastiones andaluces tan del PP como las capitales. La respuesta ha sido que repetirán todos los alcaldes. Nada ha cambiado. Bueno sí, Moreno Bonilla ha tomado posesión de su escaño en el Senado, lo que no se sabe en qué puede ayudarle en su carrera por mejorar su conocimiento y su valoración entre los andaluces. El PP ha apoyado en el Parlamento andaluz la ley de transparencia, un gesto de diálogo y unanimidad que se repetirá con la ley de transexualidad, prevista en una semana. Pero más allá de esto, el discurso de los líderes de la oposición en Andalucía no cambia ni parece que vaya a hacerlo. Acoso y derribo al «marketing» político de Díaz, corrupción, despilfarro y paro. Sin propuestas ni alternativas. Moreno Bonilla tiene el don de la simpatía y el discurso de la renovación, es encandilador en las distancias cortas, pero no ofrece nada nuevo, o no lo ha hecho hasta hoy.

Y mientras, Izquierda Unida está imbuida del espíritu Podemos y da signos manifiestos de que hará lo imposible por diferenciarse de los socialistas en lo que quede de legislatura hasta que Díaz decida convocar elecciones autonómicas. El debate esta semana en el Parlamento andaluz en defensa de un referéndum para decidir entre Monarquía y República se convirtió más bien en el intento descarado de arrinconar al PSOE con las contradicciones de esos socios de Gobierno «con alma de republicanos en un cuerpo socialista». Fue el primer debate en el Parlamento andaluz desde que hace dos años se selló el pacto de coalición en el que PSOE e IU se dedicaron al cuerpo a cuerpo, mientras el PP se divertía como si la pelea no fuera con ellos. Y vendrán más como ésas. De momento, desde la federación de izquierdas ya han avisado de que quieren cambiar el reglamento para facilitar las comisiones de investigación en la Cámara y seguirán ahondando en el camino de la diferenciación con el Partido Socialista.

Quizás también a los socialistas les convenga. Ellos no quieren pelear por la izquierda sino por el centro político. Lo mismo el PP no debería asistir tan indiferente a todo.

10
Jun/2014

El lugar de Susana Díaz

susana-diazSe queda. En las dos últimas semanas ha oído muchas voces. Cantos de sirena y advertencias sobre el riesgo que corría si daba el salto a la política nacional apenas nueves meses después de llegar a la presidencia de la Junta. Ha optado por dejar pasar el tren. ¿Volverá a pasar?, le han preguntado en la cadena SER, poco después de adelantar la noticia. “Si tiene que pasar pasará y si no, no. No pasa absolutamente nada”, ha respondido la presidenta de la Junta. Díaz, es a sus 39 años, una de las líderes políticas mejor valoradas en el país y posiblemente después de esta decisión su cotización subirá. Nadie oculta que su futuro político traspasará posiblemente Despeñaperros pero no será ahora sino a medio plazo. Ella ha dado varias razones para no dar un salto que para muchos era una pirueta de riesgo mortal. La principal, que cree que debe quedarse en Andalucía para dar estabilidad a España y mantener la “columna vertebral” del PSOE. También que tenía que cumplir la palabra que le había dado a los ciudadanos y cumplir con su compromiso con Andalucía. “Mi lugar está aquí, como más puedo aportar es cumpliendo mi palabra, con mi compromiso y con Andalucía”, ha dicho.

Ha guardado silencio durante muchos días. Ha mantenido muchas conversaciones, con socialistas pero también con popes del mundo económico, y ha evitado dar señales claras sobre lo que iba a hacer. Los principales referentes y barones del PSOE han salido a apuntalar su liderazgo. La campaña de marketing que ha tenido Díaz en estos días es impagable. Ha habido movimientos internos dentro del partido para que ella fuera la futura secretaria general en una competición sin adversarios. Posiblemente la decisión de Eduardo Madina de seguir adelante ha roto los planes de muchos que creían que una candidatura única liderada por Díaz era lo mejor para dar unidad y estabilidad a un PSOE que zozobra. Y lo más seguro para ella. La socialista andaluza ha negado que le disguste un proceso de elección abierto a la militancia. Todo lo contrario, ha venido a decir, “es una decisión magnífica”.

La dirigente andaluza no se ha dejado arrastrar y ha puesto los pies en la tierra. No quería saltar al precipicio. Lo que se jugaban en el PSOE era mucho. Andalucía es en estos momentos el único reducto donde son capaces de ganar por diferencia al PP. Si Díaz se iba a Madrid, se perdía la única tabla de salvación de los socialistas, se quedaban en una barca a la deriva y sin salvavidas. La posibilidad de que compatibilizara la secretaría general y la presidencia de la Junta, una opción complicada y enrevesada, daba además una solución a muy corto plazo. Optar a liderar el PSOE era, sin duda, participar en unas primarias para ser la próxima candidata en las elecciones generales y entonces en Andalucía habrían tenido que poner en marcha un relevo para el que no había ni siquiera candidatos y del que discrepaban los socios de Gobierno, IU. Habrían sido cuatro presidentes en cinco años. Un despropósito en una comunidad con un 36% de paro y un 30% de población en riesgo de pobreza.

En San Telmo, sede de la presidencia del Gobierno andaluz, hoy se respira alivio. En Ferraz no se sabe. El PSOE tiene ahora menos claro quién asumirá el timón del barco. Eduardo Madina es la opción más sólida. Pedro Sánchez también es una posibilidad, señalan algunos. De momento, solo una tercera vía, José Antonio Pérez Tapias, ha formalizado su aspiración. Pase lo que pase, el PSOE andaluz seguirá siendo determinante. Tiene a la líder más potente, los mejores resultados electorales, el Gobierno más fuerte de España y la mayoría de la militancia y de los delegados. Que nadie se confunda, advierten desde San Vicente, que Díaz desde Andalucía tendrá mucho que decir y decidir en el PSOE. Ella ha dicho que no ha hablado con ningún candidato y ha evitado inclinarse por nadie. Sí lo ha hecho con Rubalcaba en estos días. Su decisión, ha dicho, no le va a sorprender porque él conocía sus prioridades. “Él ha tenido libertad”, ha subrayado Díaz. De él es la responsabilidad de lo que ocurra, quería decir.

La presidenta de Andalucía dice que los ciudadanos le han pedido estos días por la calle que no se vaya y que “arregle primero esto”. Menospreciar políticamente a Díaz es un juego que ya nadie se atreve a practicar. Su liderazgo nacional es ahora más fuerte que hace dos semanas aunque haya decidido quedarse en Andalucía. En su entrevista en la SER ha sido más Susana Díaz que nunca. Se ha vendido como la presidenta de la calle, la socialista capaz de conectar con la gente, de prestigiar la política…y eso puede hacerlo hoy muy poca gente. Ha defendido “a ultranza” la Constitución y ha proclamado que existe un “nuevo tiempo” político en España. Que nadie se llame a engaño, se queda pero piensa ser titular de la selección española en un partido histórico. “Yo soy de una casta de fontaneros, esa es mi casta. Soy de abajo y soy de izquierdas y me da mucho miedo quienes dicen que no hay ideologías”. Esa es Susana Díaz. No se retira de nada. Solo esperará su momento.

08
Jun/2014

Movimientos palaciegos

Esta ha sido la semana de la abdicación del Rey pero los movimientos palaciegos, más que en Zarzuela donde todo estaba atado y bien atado, se suceden en un Partido Socialista que camina hacia un congreso en el que muchos de sus dirigentes y militantes piensan toca que «unidad» porque se juegan seguir siendo el PSOE o convertirse en un partido residual. La cuestión ahora mismo es si la renovación que puede salvar a los socialistas de despeñarse por el precipicio viene del Norte o del Sur: Eduardo Madina o Susana Díaz.

CONGRESO EXTRAORDINARIO DEL PSOE ANDALUZLa mayoría de los barones del partido han mostrado su inclinación por la presidenta de Andalucía pero ella sigue sin despejar su futuro, dicen, a la espera de que Madina renuncie a la competición. Quienes la conocen aseguran que este fin de semana, como hizo antes de anunciar la composición de su Gobierno y como suele hacer cada vez que toma una decisión importante, se retirará del mundanal ruido. Sobre lo que no cabe duda es de que la semana que viene Díaz anunciará su decisión. Si opta a la secretaría general y compatibiliza este cargo con la presidencia de la Junta y el timón del PSOE andaluz o si deja pasar el tren de la política nacional. En su entorno siguen estando divididos entre los del Gobierno, que ven una operación de grandes riesgos, y los patriotas del partido, convencidos de que debe hacerlo ante una situación de «emergencia nacional». Si sirve de algo, los del no han moderado sus posiciones.

«Somos muchos los que pensamos en la necesidad de un partido unido. Ahora toca hablar, hablar, hablar hasta la saciedad y no dividir. Sin coartar la libertad de cada uno a presentarse o no presentarse, lo mismo surgen acuerdos o consensos para que surja un equipo fuerte». Estas palabras de un dirigente del PSOE andaluz demuestran en lo que están. La propia Susana Díaz no ocultó ante el grupo parlamentario socialista 48 horas después de que Alfredo Perez Rubacalcaba anunciara su retirada que ella quería un congreso «de unidad», como el que los socialistas andaluces celebraron el pasado noviembre. En aquel cónclave, diseñado para apuntalar su liderazgo político, solo diez de los 730 delegados votaron en su contra. No fue solo cuestión de unidad, fue la designación de un líder por aclamación y no sirvió para dirimir quien dirigía el partido sino como un revulsivo. Díaz consiguió levantar el caído ánimo de la militancia socialista y convencerlos de que estaban a las puertas de un cambio de ciclo y de que iban a empezar a encadenar victorias electorales en Andalucía tras cinco años nefastos. Dijo entonces José Luis Rodríguez Zapatero, uno de los mayores defensores de Díaz, que aquel no era un congreso «con emoción» sino de «expectación» entorno a la figura política de Díaz. Eso mismo, dicen ahora los socialistas andaluces, que quieren en el congreso federal. Advierten de que el congreso de Sevilla, que dividió al partido entre Rubalcaba y Carmen Chacón fue «fallido» y que repetir esto sería un suicidio.

«Todos los que proponen la candidatura de Díaz apuestan por un congreso de unidad». Eso sí defienden que los contactos no se suceden «en clave personal» sino pensando en el PSOE y en España. Los movimientos están destinados a buscar una candidatura única, en la que podrían estar Díaz y Madina. Quizás ella como secretaria general y él en la portavocía del Congreso. Hay quienes acusan a la dirigente andaluza de querer llegar al congreso como en un paseíllo triunfal y sin correr el riesgo de un desgaste en las urnas abiertas a la militancia frente a un rival fuerte como podría ser Madina. «No es lo mismo tener o no tener un rival enfrente, sobre todo como presidenta de la Junta, si perdiera, ni te cuento», admite alguien de su círculo de confianza.

Ella calcula riesgos. No obstante los cálculos políticos que hacen en su entorno, después de que los barones más importantes del partido hayan salido apostando por ella, no muestran ninguna preocupación por esa competición y aseguran que ella parte con clara ventaja. Los defensores de Díaz como líder nacional ven a Madina como un rival «débil», que dijo que iba a presentarse en caso de que se abriera el congreso a la militancia y todavía guarda silencio sobre qué paso dará. «Él todavía lo está calibrando», señalan. Lo acusan de maniobrar para dar la impresión de que es «una víctima» frente a presiones de los barones a favor de Díaz. «Madina y su entorno», dice un dirigente del PSOE andaluz, que da por hecho que tras él está Elena Valenciano y Rubalcaba, «se están moviendo y haciendo una campaña como si llegara nuevo después de llevar ocho años sentado en la ejecutiva federal. Quiere aparecer como un pobre chaval y él es corresponsable de todo lo que ha pasado en el partido hasta ahora», señalan desde San Vicente.

Pasó en el congreso del año 2000, cuando desde el PSOE andaluz presionaron hasta el último minuto para conseguir la integración de Zapatero en la lista de José Bono. No lo consiguieron y ganó el leonés por nueve votos. Aquello se recuerda mucho estos días. Repiten hasta la saciedad desde las filas del socialismo andaluz que lo que empujara a Díaz a tomar la decisión es que tenga o no tenga rival y hablan de la situación de crisis institucional del país, agravada por la sucesión en la Corona. Ella, para algunos, maniobra para no correr riesgos. Para otros, trasciende todo esto, medita y calibra una decisión crucial.

El apunte. ¿Qué dicen los socios de Gobierno? La semana que viene hay una reunión del comité de enlace entre PSOE e IU. Sobre la mesa estará qué va a ocurrir si finalmente la presidenta de la Junta opta a la secretaría general de su partido. Desde las filas de IU aseguran que no les importa «lo más mínimo» lo que ocurra en el PSOE y que a ellos no les tienen que consultar nada sobre los procesos internos de otro partido. «Otra cosa», avisan, «es que va a ocurrir si finalmente Susana Díaz da ese paso». Es decir, no les preocupa que sea secretaria general sino las consecuencias que eso pueda tener para el Gobierno andaluz. Aunque se dé por hecho que puede compatibilizar la dirección de su partido y la Junta, en IU asumen que si no dará el salto a Madrid para ser secretaria general sino candidata del PSOE en las elecciones generales. ¿Y entonces? Eso mismo dio por sentado el número dos de los socialistas andaluces el pasado lunes. Juan Cornejo señaló que lo normal en el PSOE es que no haya «bicefalias» y que quien sea secretario general sea candidato, aunque en este partido haya prometida unas primarias que ya se verá en qué quedan. Díaz ha reforzado su agenda andaluza. Desde las europeas, ni un acto fuera de la comunidad. Economía social, emprendedores, abdicación del Rey, El Rocío o un importante acuerdo con Iberdrola han copado su semana. Eso sí, de hablar en público poco. En sus convocatorias a los medios, «solo gráficos».

31
May/2014

La decisión de Susana

SUSANA DIAZ PARTICIPA MITIN ELECCIONES EUROPEASNi idea y el que diga lo contrario miente”. Un dirigente del PSOE andaluz responde así a la gran pregunta de esta semana: ¿Optará Susana Díaz a la secretaría general del Partido Socialista? Todos la miran. Dentro y fuera de Andalucía. Esperan su gesto, una palabra que anticipe su decisión. No tardará mucho. Mañana lunes hay reunión de la ejecutiva federal, se fijarán los plazos y los procedimientos para la elección del futuro líder y quien quiera optar deberá de decirlo de forma inmediata. Ella observa, espera movimientos, calla. No muestra nerviosismo. Todo lo contrario. En eso insisten en su entorno más próximo, aseguran que la dirigente andaluza no ha movido ni un músculo para liderar el partido. Ese es el relato que insisten en construir a su alrededor. Si finalmente Díaz da el salto a Madrid, sin renunciar a la presidencia de la Junta y sin convocar, de momento, elecciones anticipadas, es porque el partido la reclama como salvadora en una situación de emergencia.

Sería legítimo que tuviera esa ambición política y que se hubiera movido para ponerse al frente de un partido que está en la UCI, pero cuando a cualquiera de sus colaboradores más próximos se les señala esta afirmación, todos saltan como un resorte. Se puede considerar que forma parte de su estrategia, pero más allá de las interpretaciones lo cierto es que ella, en público y en privado, ha evitado postularse. Otra cosa es que durante los ocho meses que han transcurrido desde que accedió a la presidencia de la Junta, Díaz se haya trabajado, con mucho éxito además, su perfil nacional. Nada más acceder al cargo se entrevistó con Mariano Rajoy. Ha tomado la palabra en el conflicto de Cataluña e incluso se reunió con Artur Mas. Ha visitado, por dos veces, La Zarzuela y mantiene una comunicación fluida con el Rey. Ha firmado convenios con los principales banqueros y empresarios del país. Se ha reunido, en privado o en público, con la gran mayoría de los barones de su partido y ha participado en actos políticos del PSOE en comunidades como Madrid. Todo esto y la necesidad imperiosa de una voz fuerte en las filas socialistas han hecho que muchos miren a Susana Díaz como la tabla de salvación, la única opción posible para ponerse al frente del partido tras los calamitosos resultados de las pasadas elecciones europeas. Su único examen en las urnas fue precisamente el pasado 25 de mayo y, pese a la caída de 300.000 votos del PSOE en Andalucía y de haberse situado por vez primera en la historia por debajo del millón de votantes, fue una victoria importante. Los socialistas han vuelto a ser la fuerza más votada en Andalucía, a diez puntos del PP, y se ha situado doce puntos por delante del resultado del partido en el país.

Susana Díaz se ha labrado una trayectoria nacional. Eso es evidente. Lo ha hecho como presidenta de la comunidad con más habitantes del país, Andalucía, y con una agenda que la ha favorecido. Tendría todos los factores a su favor para optar a la secretaría general de su partido en sustitución de Alfredo Pérez Rubalcaba. Los barones de las federaciones más importantes del PSOE le han pedido que dé el paso. Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero, Manuel Chaves o José Antonio Griñán también consideran que sería la líder más legitimada para hacerse cargo del partido. Pero tiene una cosa en contra: los tiempos. La invitación le llega en el peor momento, solo ocho meses después de haber accedido a la Junta, a dos años de unas posibles elecciones andaluzas y después de que se haya llevado meses asegurando que su futuro no estaba en Madrid. Lo tiene que sopesar mucho, admiten en su entorno. Es una operación política con «grandes riesgos». Es casi una apuesta a todo o nada. Puede perder lo único que le queda al PSOE, Andalucía. Pone mucho en peligro, repiten muchos de sus colaboradores, que confían en que ella no oiga los cantos de sirena. Hay división de opiniones. Quienes son más del partido creen que no tiene otro remedio que asumir el timón del barco. Quienes son más del Gobierno solo ven riesgos innecesarios en este movimiento. Si se va, habría un cuarto presidente de la Junta en apenas cuatro años en una comunidad con un 36% de paro y el 30% de su población en riesgo de pobreza. ¿Lo perdonarían los ciudadanos?

Los socialistas andaluces están muy preocupados por cómo han transcurrido los acontecimientos desde que el pasado lunes Rubalcaba anunciara que daba un paso atrás. Está ocurriendo todo lo que no querían que pasara. Ruido, confusión, improvisación y guerras internas, lamentan uno tras otro los socialistas del Sur, que cada vez tienen más claro que sea como sea, con Díaz al frente o en la presidencia, son ellos los que deben de dirigir el partido a partir de ahora. Ellos quieren lo que pidió la secretaria general del PSOE andaluz ante su grupo, un congreso federal como el andaluz que encumbró a Díaz como secretaria general desde la unidad y con una mayoría abrumadora. No les gustaba la opción de abrir el cónclave a la militancia pero ahora saben que no hay marcha atrás y desde luego no van a permitir que nadie atribuya a Andalucía algún movimiento en contra de esa fórmula. Creen que Rubalcaba ya se debería de haber ido y que fuera una gestora la responsable. «Que pase pronto», repiten. Díaz medita. Calibra pros y contras. Su decisión se conocerá ya. «En las próximas horas pueden suceder cosas».