La actitud bifronte que en la política andaluza mantiene Izquierda Unida le hubiese proporcionado nuevos argumentos a Stevenson para enriquecer su inmortal novela El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde, sin otros recursos a su portentosa imaginación. Estas siglas albergan en su seno todo un tratado teórico y práctico de lo que la psicología moderna ha definido como personalidad bipolar. No de otra forma puede entenderse su complacencia en el Gobierno que ha hecho posible y su negativa a otras causas tan de sentido común como es el nombramiento de Felipe González como hijo predilecto de Sevilla.
Ayer mismo el vicepresidente de la Junta y líder de IU en Andalucía aceptaba de buen grado las medidas de recorte adoptadas por el Ejecutivo que preside Griñán, e incluso iba más lejos al justificar su necesidad en unos momentos en los que La Moncloa ha impuesto severas rebajas a las comunidades autónomas. Todo un ejemplo de coherencia de Valderas, que en adelante tendrá que adoptar mil caras como la de ayer ante decisiones del Consejo de Gobierno de la que es parte inseparable y colegiada.
Casi simultáneamente, el Consejo Local de IU rechazaba la propuesta de hijo predilecto de la ciudad del expresidente del Gobierno, del que podrán hacerse numerosas críticas de sus mandatos, pero que en lo que se refiere a Sevilla merece el reconocimiento público de sus convecinos. La Expo, el AVE, las infraestructuras urbanas y, en general, la transformación que sufrió la capital hispalense se debió en buena medida al impulso de este sevillano que, quiéralo o no IU, pasará a la historia como un gran estadista.
Es de notar que, alcanzado el poder en el Ayuntamiento, el PP ha dado muestras de generosidad y de altura de miras dejando atrás su anterior oposición al nombramiento para encabezar ahora la propuesta que debería ser hecha suya por la entera Corporación. Felipe González dijo que de no ser por unanimidad de los grupos municipales no aceptaría ningún honor. Y es lo cierto que este tipo de homenajes debe servir para unir antes que para tirarse los trastos a la cabeza.
La ausencia de un liderazgo fuerte y las contradicciones de la coalición de partidos que coordina Diego Valderas producen espectáculos tan lamentables como éste, muestra tan solo de lo que puede ocurrir a lo largo de una legislatura tan compleja como la que ahora arranca. Parece lógico que en asuntos esenciales tendría que haber un criterio único, una voz única y, por tanto, una sola decisión que no evidenciase que para IU es posible hacer una cosa (cogobernar con el PSOE) y la contraria (negarle el pan y la sal a su líder histórico). Rodrigo Torrijos no va a tener fácil la explicación si finalmente sus dos votos no se suman a la mayoría.
Ningún pueblo tan desagradecido, tan escaso de memoria, tan cicatero, como aquel que se resuelve incapaz de reconocer el mérito allí donde se encuentre, por encima de banderías e intereses políticos. Felipe González no está ya en primera línea de la política ni compite en ningunas elecciones. IU debería reconsiderar su miserable comportamiento.

