La prueba más fehaciente del éxito del uso de las bicicletas en Sevilla de estos últimos años es el día a día de la ciudad. Antes, quien utilizaba este medio para desplazarse era una rara avis, un elemento casi exógeno al mapa de transportes de la capital andaluza. Ahora ya no. Ahora lo excepcional se ha convertido en cotidiano. Lo certifican los datos de la Oficina de la Bicicleta, organismo que hace hincapié en que los desplazamientos en este medio en jornadas laborables se han multiplicado por diez en los últimos años. Para ser exactos, si en 2006 usaban a diario la bicicleta en la capital unas 6.000 personas, ahora la utilizan cerca de 70.000, lo que equivale al 5% de los traslados totales. Como dice Ricardo Marqués, presidente de la asociación ciclista A Contramano, se trata de un caso de estudio, y de hecho la experiencia hispalense se analizará con profusión de detalles en un próximo congreso sobre movilidad que se celebrará en Copenhage. No es la primera vez, pero merece la pena destacarse una vez más que este éxito no surge de ningún movimiento espontáneo, sino que es el fruto de una apuesta decidida que se ha traducido en la habilitación de una red de carriles bici cuya extensión supera ya el centenar de kilómetros y en la puesta en marcha de un servicio de bicicletas –Sevici– que cuenta con 25 estaciones y 2.500 vehículos. El éxito de la bici en Sevilla tiene unos padres, el PSOE y especialmente Izquierda Unida, y es justo reconocerles la autoría del plan y los esfuerzos que se han hecho para vencer las reticencias y el escepticismo que despertaba el proyecto. Dicho esto, hay que evitar cualquier atisbo de autocomplacencia. Ni todo es idílico ni por supuesto se trata de un proyecto que se puede dar ya por cerrado. Hay problemas, sobre todo en las obras para la construcción de nuevos carriles bici. Y aún queda mucho por hacer para extender el servicio y mejorar las prestaciones de un servicio que los sevillanos ya han hecho suyo.
