El viaje del presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, a Marruecos no tiene más objetivo que la reafirmación de las buenas relaciones de España con el país vecino. Como ya hiciera en una docena de ocasiones su antecesor en el cargo, Manuel Chaves, Griñán ha visitado Marruecos, y lo ha hecho en su primera salida oficial al extranjero.
Sobre la mesa de trabajo se han abordado cuestiones como la repatriación de menores inmigrantes a Marruecos o, ayer mismo, el papel de la Fundación Tres Culturas como foro de resolución de conflictos en Oriente Medio.
Pero si el viaje ha tenido dos episodios de trascendencia, ésos han sido sus palabras sobre la autonomía del Sáhara y la exposición comercial organizada por Extenda. Sobre lo primero, ya ha podido comprobar el presidente la necesidad de cuidar hasta extremos celosos el lenguaje que se usa para afrontar asuntos tan sensibles como el del conflicto saharaui.
Griñán se limitó a seguir el guión establecido por Exteriores, que considera que cualquier plan es un avance, pero al tildarlo de “interesante” fue malinterpretado de inmediato por los medios locales, que difundieron el supuesto apoyo español a la propuesta alauita.
En cuanto a la expedición empresarial, no merecería quedarse en un segundo término. Los expositores de los empresarios andaluces en Casablanca son un buen ejemplo de lo que pueden hacer en tiempos de crisis. Quienes han aprovechado la oportunidad ofrecida por la Junta, a través de Extenda, y por las Cámaras de Comercio y se han lanzado a la aventura marroquí no hacen más que seguir su espíritu emprendedor, que les insta a no quedarse sentados llorando su inactividad sino a buscar la apertura de otros mercados.
El viaje a Marruecos les ofrece contactos y experiencias y marca un criterio de actuación que debería ser tomado en cuenta por quienes desafían la crisis y apuestan por un proyecto profesional propio.
