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11
Dic/2011

El Reino ¿Hundido?

Rajoy y Zapatero no defienden la reforma del tratado de Europa planteada por Alemania y Francia porque sea lo mejor para España. La asumen porque no queda otra. Lo mismo le ocurre al resto de países que aceptan las nuevas reglas impuestas por Angela Merkel. ¿Acaso en circunstancias de menor zozobra los estados miembros aceptarían que Bruselas (Alemania) controle sus presupuestos y pueda incluso modificarlos? El eje francoalemán ha logrado plasmar en un papel la cesión de soberanía de todos los estados salvo el Reino Unido, que se ha quedado solo en la defensa de su autonomía financiera. Cameron ha encrespado a Merkel y Sarkozy al rechazar por primera vez un tratado europeo. Y el motivo es el mismo que lleva siglos moviendo el mundo: el dinero… Y el poder. Si los británicos se suman perderá influencia la City de Londres, donde se ejecutan las principales transacciones financieras internacionales. Y si Cameron cede, los euroescépticos británicos presionarán unidos para arrebatarle el poder.

Imagen-Grafismo-Editorial-DLa reforma del tratado supone un acuerdo. Y eso es mejor que nada. Pero la tímida salutación que le han hecho las bolsas implica que la verdadera demanda de los mercados, la compra masiva de deuda por parte del Banco Central Europeo, no termina de llegar, precisamente porque Alemania se opone como lo ha venido haciendo de forma reiterada en estos meses con su rechazo a los eurobonos. A eso mismo se refirió Mariano Rajoy el viernes cuando exigió acabar “con la hemorragia de la deuda pública”. Ésa es la urgencia, saber si Mario Draghi, el presidente del BCE, además de recortar los tipos de interés pulsa el botón de la compra generalizada de deuda pública de los países periféricos, sobre todo de Italia, España y Bélgica, para calmar mercados y atemperar las primas de riesgo.
¿Ésa es la solución? Los presidentes de los pyhaíses amenazados creen que ahora mismo sí, pero sería un arreglo cortoplacista. El actual escenario de turbulencias hace imposible mirar más allá de la espesa niebla que cubre Europa y que impide actuar con mayor perspectiva. Porque el nuevo tratado supone más Europa, avanza en el federalismo y plantea un escenario de reglas fiscales más claras con sanciones para los incumplidores. En definitiva, se consigue mayor disciplina y austeridad, algo nada desdeñable en los tiempos que corren. Pero la gran duda surge ante la incomparecencia de conceptos fundamentales como la solidaridad y el crecimiento. La nueva Europa que comienza a arrancar sin los británicos es robusta y estricta, austera y disciplinada, pero no parece nada solidaria al ganar peso un régimen sancionador que además supone en la práctica un severo límite al crecimiento que comprometerá seriamente la economía de países como España, incapaz en esas condiciones de tomar impulso por sí sola ante la disparatada tasa de paro.

La asunción de las nuevas reglas del juego por parte de la inmensa mayoría de países descarta una fractura europea tal y como se temía en los días previos. Tampoco puede hablarse de una Europa de dos velocidades, porque sólo Reino Unido lleva el paso cambiado. Pero una Europa sin británicos es más débil, menos importante. No tiene mucho sentido. A la luz de los resultados parece lógico pensar en Alemania como la gran vencedora del envite, pero llegará el momento en el que se haga necesario poner en la balanza lo que la Unión Europea pierde dejando fuera a la nación británica, que sale tocada pero no hundida.

En este momento, se necesitan líderes que salgan a explicar todo esto a la opinión pública y lancen mensajes de confianza a los mercados y a los ciudadanos. La gente no es tonta. Y deberían saberlo en el Partido Popular cuando aluden a este acuerdo como la evidencia de que a España “ya se la empieza a respetar en Europa”. En este momento hacen falta políticos con altura de miras, que defiendan la austeridad, pero también la solidaridad para con aquellos que cumplen y, sobre todo, la defensa de la protección social, del estado del bienestar. Y que sean capaces de convencer a Alemania para que su locomotora empiece a andar marcando la senda del crecimiento.

Si Europa no pone más dinero para el fondo de rescate ¿por qué habrían de hacerlo los países emergentes? Si los bancos españoles son los que menos exposición tienen a la deuda griega ¿por qué se les exige mayor recapitalización que a los demás? Si aplicamos stricto sensu la reforma del tratado, ¿cómo lograremos con tanta austeridad que vuelva el crecimiento? Si no tenemos eurobonos ni compra masiva de deuda por parte del BCE, ¿cómo se recuperará la confianza de los mercados?

Lo más importante es que tras esta maraña de cifras plasmada en un acuerdo conservador y neoliberal están las personas, dramas cotidianos con nombres y apellidos. Es evidente que saldremos de esta, el problema es la cantidad de familias que se están quedando en el camino. Y esto no se resolverá con una Europa austera sin británicos. Se reconducirá sólo con una Europa que crezca desde la solidaridad, protegiendo a los más débiles.

03
Dic/2011

Los peligros de internet

pandeletHay muchas personas que aún no saben leer y escribir, pero todo el mundo sabe hablar. Por eso, la verdadera revolución que universalizará internet llegará en breve con los dispositivos de voz. Los avances tecnológicos de reconocimiento del habla en los ordenadores, teléfonos y tabletas vienen para quedarse y eliminarán los teclados en la mayoría de sus funciones. La innovación supondrá, a juicio del presidente de la Internet Society en España, Andreu Veá, la desintegración de la brecha digital que hasta ahora levantaba un muro insalvable para los colectivos de mayores y residentes en determinadas zonas rurales con menos oportunidades de accesibilidad.

La llegada de internet a la televisión convencional –la que tenemos en el salón– es ya una realidad. Y todo avanza tan rápido que los dispositivos en los que nosotros reconocemos una desconocida tecnología futurista, ya son considerados por nuestros hijos como un electrodoméstico más.

Ante este panorama, en el que los menores aprenden mucho más rápido a dominar la innovación y a navegar sin complejos por la inmensa malla de la banda ancha, se abre con urgencia la necesidad de regular un caudal infinito, o lo que es lo mismo, ponerle puertas al campo. El desafío es formidable no ya por la complejidad que entraña sino por la trascendencia del éxito o el fracaso en la consecución de los objetivos. Nos jugamos, en definitiva, que el universo se reinvente con orden o sin él, con protección o sin ella. Hoy, el 15% de los menores españoles reconoce haber tenido una mala experiencia en internet. Y sólo algunos casos llegan a ser conocidos por sus padres.

El pasado jueves, la jefa de gabinete adjunta de la Vicepresidencia de la Comisión Europea para la Agenda Digital, la española Lorena Boix, adelantó en el foro Hablemos de Europa de El Correo de Andalucía el acuerdo al que ha llegado la Comisión Europea con las principales multinacionales fabricantes de dispositivos, aplicaciones o contenidos en internet (Apple, Microsoft, Nokia, Nintendo…) con el objetivo de concretar un sistema de autorregulación en un plazo no superior a los 18 meses. Esa coalición por el autocontrol, comprometida personalmente por la vicepresidenta de la comisión, Neelie Kroes con los presidentes de las compañías, busca la creación de un sistema de denuncia robusto y sencillo, lograr que la configuración de los ajustes de privacidad aparezca por defecto o por rango de edad en los sistemas, que además deberían ya tener instalados protocolos para facilitar el control de los padres.

El pacto es ambicioso y contiene un correcto enfoque del problema, pero sería tan irreal como simplista pensar que un acuerdo verbalizado solucionará el problema cuando actualmente ni siquiera se está cumpliendo la legislación en los contenidos audiovisuales y la administración pública se revela incapaz de hacerla cumplir, unas veces por su propia incapacidad y otras porque todo cambia tan rápido que a veces ni siquiera es posible aplicar las leyes actuales.

La cuestión mollar es cómo defender a los menores expuestos cada vez más a las amenazas de internet con el objeto de que puedan disfrutar plenamente de la infinita cantidad de cosas buenas que les ofrece la comunicación en red.

La media europea de acceso de los niños a internet es de siete años, pero si le preguntamos a un joven de 15, dirá que se inició a los 11. Es una clara muestra de la vertiginosa rapidez con la que avanza el acceso, en paralelo a la irrupción en el mercado de dispositivos mucho más intuitivos. Y el control parental ya no se puede limitar a que el ordenador este instalado en el salón de la casa. Uno de cada tres niños se conecta a internet a través del teléfono móvil, por lo que resulta imposible la tutela. Formar a los padres para ponerse al mismo nivel que sus hijos es el desafío al que se enfrentan las administraciones. En ese sentido, Andalucía ha puesto en marcha con éxito un programa regional de voluntarios para la formación digital de padres. Ese reto, sin embargo, no es suficiente. La educación digital debe llegar también a los profesores en la escuela, una parte tan importante en la formación del menor como la de su propia familia. Si los niños saben más de internet que sus docentes, la brecha digital seguirá existiendo.

El objetivo irrenunciable pasa por promover un entorno seguro y establecer un frente común para combatir lo que a juicio de Isabel Aguilera, exdirectora de Google España y presidenta del Consejo Social de la Universidad de Sevilla, es el auténtico agujero negro de internet: los contenidos que siendo legales son inmorales. ¿Cómo controlar lo incontrolable? Sería posible intentarlo si cada contenido publicado en internet tuviera su identificación (IP) para poder localizar a su autor y exigirle responsabilidades. Esta ingente tarea necesita de todos, principalmente de las empresas generadoras de tecnología y contenidos. Si en internet no prevalece el criterio de responsabilidad acabaremos perdidos, sin red, en caída libre. Pongamos bridas a la criatura para que, lejos de devorarnos, nos ayude a crear un universo más igualitario y libre. Un mundo mejor.

27
Nov/2011

¡Denuncia al maltratador!

De las once mujeres muertas este año por la violencia machista en Andalucía, sólo tres presentaron denuncia. El miedo sigue siendo un muro infranqueable, la barrera invisible que paraliza a las víctimas y fisura los cimientos de la ley que las protege. Y conste que se podría vencer ese terror si el maltratador amenaza sólo a su pareja, pero cuando el padre avisa con hacerle daño a los hijos todo se torna en gélido silencio. Ahí es donde la frágil cadena que sujeta a las víctimas salta en mil pedazos, dinamitando las denuncias y las leyes. Sólo queda el miedo y el instinto torturado de una madre que se inmola por proteger a sus hijos. El final, ya lo conocemos: una condena perpetua en vida. O la muerte.

Es evidente que los crímenes machistas se mantienen tras seis años de la Ley Integral contra la Violencia. ¿Eso significa que no es efectiva? Los datos hablan por sí solos. En este tiempo, se han registrado 570.000 denuncias por violencia de género en España y se han dictado 150.000 condenas. Casi 200.000 órdenes de alejamiento han sido solicitadas y son contados los casos en los que la protección a las víctimas ha fallado. La ley no es infalible, es incluso mejorable. Pero los números avalan su aprobación, que en el caso de Andalucía se produjo por unanimidad de todos los partidos políticos.

grafismo27El Presidente electo, Mariano Rajoy, ha planteado la necesidad de modificar la norma. Su revisión es lógica y legítima en la búsqueda de un margen de mejora. Pero ha de medir el alcance de su propuesta de incluir a los menores –que ya cuentan con sus propias leyes de protección– como víctimas de una norma tan específica. La ley contra el maltrato está pensada para combatir un tipo de violencia basado en una tradición cultural de trato discriminatorio hacia la mujer; una profunda desigualdad. Por eso no equipara las penas a las mujeres que agreden a sus novios o maridos. Hay esposas que, amparándose en el proteccionismo de la ley, atacan a sus parejas con denuncias falsas. Estos casos, según las estadísticas, son la anécdota frente a la categoría. Aún así, el juez que los detecte, debe actuar de inmediato y aplicar la correspondiente condena. En asunto tan delicado, la demagogia equidistante es la peor compañera de viaje.

Tienen razón los expertos cuando animan a las madres maltratadas a separarse por el bien de los hijos. Y resulta paradójico porque la primera reacción de la mujer suele ser mantener a toda costa la unidad familiar en beneficio de sus vástagos, para que conserven a su padre aunque éste sea un maltratador, sin reparar en los comportamientos inoculados que al final estos proyectarán en su vida diaria. El asunto, sin embargo, es mucho más complejo. Aunque se formalice la separación, ese padre tendrá derecho por sentencia judicial a un régimen de visitas, por lo que a las víctimas les resultará imposible perder el contacto, cambiar de vida, huir….

El último informe hecho público por la Federación de Mujeres Progresistas no dice nada nuevo. Y eso es lo verdaderamente escandaloso. Un 80% de los alumnos de Secundaria sostiene que los celos son una manifestación de amor y que la mujer debe ser sumisa y placentera con el hombre. Las conclusiones de la encuesta evidencian la incapacidad de la sociedad para cambiar la cultura machista y educar en valores de igualdad y, sobre todo, de respeto. Y no es sólo un asunto de educación en las escuelas. Los menores siguen reflejando en la calle comportamientos que aprenden de sus padres. Son un espejo de lo que ven en su casa y de lo que consumen en televisión. En este punto, la autocrítica hacia el papel de los medios de comunicación resulta inevitable, sobre todo hacia aquellos que, a fuerza de librar la batalla de las audiencias, favorecen comportamientos y actitudes que denigran a la mujer y atentan contra la igualdad al tratarla como un objeto.

Vencer al maltratador es una misión colectiva. No podemos permitir bajo ningún concepto que esa heroica tarea descanse en las frágiles manos de la víctima. En ese sentido, el papel de los miembros de su entorno (amigos, vecinos y familiares) se antoja esencial para denunciar situaciones de abuso que de otro modo sólo quedarían registradas en un moratón oculto bajo la ropa. Esos familiares que antes trabajaban para que la pareja siguiera unida son los que ahora deben intervenir para separarla en cuanto se produzca un síntoma de maltrato. El papel de los médicos también debe adquirir un mayor protagonismo para que no sólo sean denunciados los casos en los que exista un parte de lesiones, sino que la fiscalía intervenga cuando, tras la exploración, se perciban indicios de un posible maltrato. Los jueces, por último, son los que, bajo la estricta observancia de la ley, deben emitir sentencias que no sonrojen a la sociedad sino que contribuyan a erradicar comportamientos de abuso por una cultura heredada que hoy supone una atávica injusticia.

Tenemos por delante el enorme desafío de mover las raíces de un modelo machista y patriarcal de convivencia para lograr otra forma de relacionarnos desde el respeto. Esa será la única forma de vivir en paz. Sin miedo.

20
Nov/2011

Por qué hay que votar

El Partido Popular se convertirá esta noche, con total probabilidad, en el vencedor de las elecciones. Mariano Rajoy gobernará España ante el hundimiento del PSOE, ahogado por el tsunami de la crisis, aplastado por sus errores y –en la actualidad– por la soga de la deuda soberana que Merkel ha apretado en el cuello de España mientras Alemania se financia gratis.
Rajoy acumulará un poder muy superior al de todos sus antecesores. Las encuestas auguran para los populares unos resultados que jamás habrían imaginado en circunstancias normales. Alfredo Pérez Rubalcaba, que ha peleado hasta la extenuación para que la derrota socialista sea lo menos cruenta posible, no puede lanzar mensajes de futuro porque rebotan en el muro infranqueable de los cinco millones de parados. Claramente aspirará a liderar la oposición siempre que logre evitar la descomposición interna de su partido y salve –con el apoyo esencial de los socialistas andaluces– el congreso federal donde le espera Carme Chacón. Ése es el escenario.
Si el voto es siempre un estado de ánimo, los españoles decidieron hace tiempo el cambio. Lo que no está claro es que ese giro –legítimo y deseable en una democracia– sea la solución. Más aún, existen serios indicios de que pueda llegar a provocar un notable retroceso en los derechos sociales de todos. La legislatura que le queda por delante a Rajoy es un caramelo envenenado. Tendrá un margen mínimo de intervención ante las imposiciones de los mercados, Europa o Estados Unidos y la presión del dramático nivel de desempleo, incompatible con las expectativas de miles de españoles que ven al virtual Presidente como un Mago Merlín que conoce el antídoto del paro y posee polvos mágicos para reducir el déficit sin subir impuestos ni recortar derechos. La desilusión de todos ellos será pronta y, seguramente, mayúscula.
Es bastante probable que usted esté harto de estar harto y que se sienta con derecho a renegar de la política y de un gobierno que se ha revelado incapaz –como otros en el resto de Europa– de hacer frente a una crisis histórica de la que lograremos salir, pero que dejará en el camino un sinfín de víctimas, entre ellas, posiblemente, usted. Así las cosas, puede que haya decidido quedarse hoy en casa para mostrar su hastío, incluso su desprecio hacia la clase política y sus cacareadas promesas. Pero créame si le digo que ahora, cuando peor estamos es, más que nunca, el tiempo de la política con mayúsculas. España –y sobre todo Europa– necesita con urgencia políticos de nivel, estadistas que miren por los intereses generales sobre los réditos electorales. Ahora que Italia y Grecia están en manos de gobiernos tecnócratas, hay que abanderar el axioma de que saldremos de esta depresión no sólo con más Europa, sino con más democracia. Son los técnicos los que deben ofrecer a los políticos su asesoramiento, pero las decisiones deben tomarlas aquellos que han sido elegidos por el pueblo. Por eso es tan importante que vayamos todos a votar. Impongamos la voluntad del pueblo, no la de los mercados. Y exijamos responsabilidades a los políticos, no a los técnicos.
Rajoy ganará las elecciones. Y resulta paradójico que tantos ciudadanos, identificados con el 15-M en demanda de mayor participación, protección del estado del bienestar y rechazo al capitalismo, vayan a votar en masa a la opción política más liberal y conservadora. Pero la crisis, ésa que nadie supo ver, arrasa con todo y se presenta como una fatalidad poliédrica que no entiende de gobiernos, sólo de dividendos y especulación.
Hemos perdido ya demasiado tiempo. Y es seguro que Rajoy se arrepentirá de no haber apoyado al PSOE cuando en mayo de 2010, Zapatero se inmoló para intentar salvar a España del rescate. El PP pudo arrimar el hombro, pero decidió continuar con su estrategia: desgastar al Gobierno –como posiblemente hubiera hecho el PSOE en la oposición– y taparle todas las salidas hasta dejarlo sin oxígeno. El problema, sin embargo, no es de partidos sino de país. Estamos en emergencia nacional. España vota en un escenario inédito, condicionada por una insoportable sensación de descontrol en toda Europa.
Esta crisis ha derrumbado Atenas y Roma, símbolos de la civilización, como un castillo de naipes. Nos enfrentamos a un monstruo de mil caras teledirigido por jóvenes treintañeros con trajes de 1.500 dólares y corbatas de Hermes. Nos hemos revelado incapaces de consensuar algo tan lógico como imponer una tasa a las transacciones financieras internacionales, esos misiles con los que los mercados bombardean la zona Euro, que ni siquiera tiene escudo en forma de Eurobonos. Lo peor sería meternos en el búnker de la apatía pensando que no se puede hacer nada y no votar “porque no vienen a por mí”, emulando al poema atribuido a Bertol Bretch. Sí que vienen, ya están aquí. Por eso tenemos que empuñar el arma del voto. Votemos en masa y evitemos hacerlo con el sentimiento sobre la razón. Hoy está en juego el estado del bienestar de todos los españoles, el futuro de nuestros hijos ¿En serio dejará que alguien lo decida por usted?

13
Nov/2011

El cazador cazado

La pregunta a estas alturas es obligada: ¿La derogación del plan centro ha mejorado la movilidad en el Casco Histórico de Sevilla? Lo conocido en los últimos días hace que la respuesta sea confusa hasta para los propios sevillanos que clamaron en su día por la abolición. Las 16.000 multas impuestas por la Policía desde agosto desconcertaron a todos aquellos conductores que ansiaban campar a sus anchas y aparcar a los pies de la Giralda. Los repartidores estudian movilizaciones por la cantidad de multas recibidas en horarios de carga y descarga. Las cámaras fueron sustituidas por policías –un coste aún mayor para la ciudad– y los que se frotaban las manos con la promesa de barra libre sin leerse la letra pequeña de las ordenanzas en vigor vieron arruinada su hora feliz. El resultado es que la gente tiene más miedo que antes a entrar con su coche por determinadas accesos al casco histórico porque no sabe a qué atenerse. Antes, con el plan centro, había unas normas que podían gustar más o menos, pero eran claras. Ahora no. Y la incertidumbre ciudadana es lo peor para un gobierno.

Imagen-Grafismo-DS-13-11-11El Partido Popular tenía asumido que derogaría el plan –implantado por el gobierno de PSOE e IU– que regulaba el tráfico en el centro a través de cámaras. Tan claro lo tenía que lo incluyó como promesa electoral. Zoido sabía lo que no quería, pero a la vista de los hechos, para el centro aún no sabe lo que quiere.

El alcalde ha puesto en marcha distintas medidas sin demasiada ligazón que han vuelto a dividir a los sevillanos. El retorno de la  zona azul a una veintena de calles y la penetración de los autobuses de Tussam a la Plaza del Duque cuentan con partidarios y detractores, pero en la práctica ha supuesto el aumento del 7% en el parque de vehículos que accede al centro. Diríase que los únicos satisfechos al 100% serían los comerciantes, pero la mayor presión de coches se ha dado en las zonas residenciales del casco norte pues la zona comercial sigue bajo la amenaza de multas de la Policía Local, si bien se ha levantado el pie del acelerador para “dar un respiro al personal”, tal y como reconoció el edil de Movilidad, Demetrio Cabello. El resultado, en cualquier caso, ha deteriorado la calidad de vida en el centro por el incremento de contaminación y el enfado de los residentes. Incluso los vecinos críticos con el anterior plan reconocen que antes aparcaban mucho mejor y gozaban, en definitiva, de un centro más humano y vivible para ellos y sus familias

Juan Ignacio Zoido ha tenido una formidable oportunidad de apropiarse de las políticas puestas en marcha en el anterior mandato y rentabilizarlas con su marchamo. El plan centro estaba plagado de errores, pero suponía un buen punto de partida. Le hubiera bastado con replantearlo, mejorarlo escuchando a todos los colectivos y ampliar el horario de permanencia con flexibilidad para aprovechar el camino ya desbrozado y así apuntarse el tanto de la movilidad sostenible. El alcalde, sin embargo, optó por la solución más efectiva en el corto plazo –le daba votos– pero errónea respecto al modelo de ciudad, ése que hay que planificar con luces largas. Sevilla, con la invasión de coches, los semáforos en La Campana y la implantación de señalizaciones aleatorias e improvisadas en distintos puntos del Casco sin que exista, al menos en apariencia, una estrategia integral de la movilidad, ha sufrido una regresión que se hará mucho más evidente con el paso del tiempo.

Afortunadamente, las decisiones en materia de tráfico suelen ser reversibles. El alcalde y su equipo deben replantearse su actitud y volver a escuchar a los colectivos afectados. Zoido es el alcalde de todos los sevillanos y debe mirar por el interés general. Y los ciudadanos esperan de su alcalde soluciones a los problemas, no parches. Es cierto que la movilidad en el casco histórico no estará resuelta hasta que Sevilla no disponga de una red completa de Metro. Ése debe ser el objetivo irrenunciable y resulta de una tristeza sonrojante ver cómo priman los intereses electorales sobre los de los sevillanos. El Metro debe ser una cuestión de estado y situarse fuera de la confrontación política.

Mientras llega el Metro –aparcado por la crisis en la estación de los recortes– el alcalde debe poner sobre la mesa una alternativa seria y consensuada para mejorar el tráfico en el centro. Los populares ya han visto cómo la comisión de investigación que ellos mismos impulsaron bajo acusaciones de fraude del gobierno anterior les ha explotado en la cara al desmontarse todo su argumentario, basado en errores y falsedades que le convierten en el cazador cazado.

Quizá sea un buen momento para que Zoido, desde la sana autocrítica, ponga en marcha una alternativa seria que abandone ese pasado –tristemente recuperado– de caos y contaminación y se adentre en un modelo sostenible. Para ello sería bueno reutilizar las cámaras y dotar a Sevilla de un modelo flexible de regulación del tráfico con un sistema que ya funciona, tal y como se constató en la comisión de investigación. Así, los sevillanos sabrán que tienen alcalde y que éste tiene un plan.

06
Nov/2011

No es lo mismo

El voto lo determina la crisis. Sobre esta incontestable realidad ha arrancado una campaña en la que Rubalcaba lleva todas las de perder. El PP le saca 15 puntos y los cinco millones de parados consumen el oxígeno político del PSOE. Los ciudadanos, cuyo hartazgo ha derivado en una creciente desafección hacia la clase política, culpan al actual Gobierno de la crisis. Y paradójicamente, hasta el movimiento 15-M, alimentado por un sustrato ideológico cercano a la izquierda, favorecerá al PP con su abstención.
Una vez amortizado el fin del terrorismo y descontado su rédito electoral (quién lo diría hace sólo unos años), el único hito que le queda al PSOE para reducir distancias es el debate de mañana, un cara a cara con Rajoy absolutamente plastificado en el que apenas habrá margen para la dialéctica, para confrontar ideas y programas, en definitiva, para la política en estado puro. Una vez más, con este sucedáneo hermético, se le hurta al ciudadano la posibilidad de profundizar en las capacidades políticas de los candidatos y en el proyecto que defienden para gobernar España. Un único debate empobrece la democracia, resta libertad y atenta contra el derecho de los ciudadanos en una democracia madura.

Porque una campaña electoral, más allá de las clásicas caravanas y mítines con promesas que ya nadie compra, supone una extraordinaria oportunidad para aplicar la lupa a este bodegón de trazos gruesos en el que ahora nos vemos reflejados, totalmente condicionados por la crisis y las indecentes cifras de paro. El desencanto no es nuevo ni exclusivo de España. Ya se ha llevado por delante más de una docena de gobiernos de distinto signo político en Europa. Es probable que la mayoría de los ciudadanos tenga razón en muchos de sus reproches hacia el actual Ejecutivo, que ha dado muestras evidentes de no contar con una hoja de ruta clara –y menos aún socialdemócrata– para afrontar los gravísimos problemas económicos y de desempleo que nos han sumergido en esta profunda depresión. Pero es importante que, antes del 20N, la gente tenga todos los datos para poder votar con la cabeza y no con el estómago. Cuanta más y mejor información tenga el ciudadano, en mejores condiciones estará para emitir su voto. La casi total ausencia de debates públicos es un misil en la línea de flotación del derecho a la información que tienen todos los españoles. Y acrecienta el deterioro de la política.
Pandelet0611Mariano Rajoy se perfila como el próximo presidente del Gobierno. Él no necesita esta campaña electoral. No la quiere. Le sobra. A Rubalcaba, en cambio, le faltan hitos, puntos de inflexión donde poder arañar puntos y votos, sobre todo de esa importante bolsa de ciudadanos cabreados que, sin querer dar su respaldo al PP, prefiere hoy quedarse en casa.
La información es esencial. Y los españoles tienen que saber, antes de depositar su papeleta en las urnas, las consecuencias de su acción. En esta época, la más dura de la historia contemporánea, nos enfrentamos a un importante recorte del estado del bienestar que tanto costó conseguir. El 20N no sólo decidiremos quién gobernará para seguir cumpliendo las indicaciones de Merkel y Sarkozy (esa es hoy la realidad ante la ausencia de un liderazgo sólido y moral en la UE). Ese día elegiremos a la persona y al partido que gestionarán la sanidad pública, la educación pública y las políticas de protección para los más desfavorecidos, esos que ya se habrían descolgado de no ser por la potente estructura de prestaciones sociales de las que dispone ahora mismo España.

Alfredo Pérez Rubalcaba ya ha dejado claro que no recortará en ningún caso el gasto social. Mariano Rajoy, con un programa ambiguo, prioriza la salida de la crisis. También propugna su rechazo a los recortes básicos, pero en las comunidades autónomas donde gobierna el PP ya han sacado la temida tijera en colegios y hospitales públicos, probablemente con menos contundencia ante el inminente proceso electoral. Es un hecho objetivo vaticinar que el PP ganará las elecciones y que probablemente lo hará con una mayoría suficiente para poder aplicar sus políticas. Rajoy las concentra en la austeridad, pero de fondo subyace una sospechosa indefinición en las políticas de protección social. Rajoy apenas tendrá margen, pero debe actuar con inteligencia y, sobre todo, priorizar a los más desfavorecidos, a las emergencias y a las clases medias.

La capacidad de reacción del PSOE es limitada pese a los anabolizantes inyectados ayer en Sevilla por los históricos líderes socialistas. Esos fogonazos no dan para cambiar un libro que parece tener escrito su final. En Andalucía lo saben y han separado las elecciones para tomar distancia y dejar que el PP se retrate en sus gobiernos. Es aquí donde con mayor claridad se percibirán las formas de gobernar. La única oportunidad de Rubalcaba y los socialistas –hurtado el derecho a debatir– es la de explicar bien a las claras que el sentido del voto implicará distintas consecuencias en la vida de los españoles: habrá que elegir entre proteger a los más débiles o salir cuanto antes de la crisis. No es lo mismo. Usted decide.

29
Oct/2011

La cárcel de la conciencia

El juicio al presunto autor y encubridores de la muerte de Marta del Castillo, más allá de procesos paralelos, alguna carnaza oportunista y otras desmesuras televisivas, está sirviendo para devolver los elementos esenciales a su lugar de origen. Al margen de los acusados, las declaraciones de los testigos comienzan a desnudar de barroquismo las interpretaciones falsas o interesadas y se van acercando de forma lógica y contundente a los argumentos defendidos en su día por la investigación policial, la misma que fue reiteradamente cuestionada por la impotencia de no encontrar el cuerpo de la joven. Cada día que pasa en el juicio parece más claro que lo ocurrido encaja con la primera confesión de los acusados, alejando así las versiones posteriores que no hicieron más que enmarañar el caso mientras escandalizaban a la opinión pública y remataban a una familia ya destrozada.

En su día, los agentes informaron al juez de que Miguel Carcaño pudo dar muerte a la joven Marta tras golpearla (probablemente varias veces) con un cenicero debido al impulso irrefrenable provocado por una acalorada discusión. Así lo confesó Carcaño cuando se supo atrapado por la sangre de Marta encontrada en su cazadora. Se trataba de un homicidio tan desgraciado como normal si se atiende a las estadísticas de este tipo de crímenes en España. Ni siquiera extrañó a los agentes que, ante el miedo a lo ocurrido, Miguel llamara a sus amigos para intentar deshacerse del cuerpo de la joven. Lo que ha hecho verdaderamente extraordinario este caso es que no aparezca el cuerpo pese a que Samuel y el Cuco confesaron por separado que la arrojaron al río desde el puente de Camas. La confesión de Samuel fue “espontánea y sin presiones” tal y como han declarado los policías en el juicio. La del menor fue tildada de veraz por el juez instructor de la causa por la “frescura” con la que ofreció todos los detalles de lo que ocurrió aquella tarde. En el caso del Cuco, la evidencia era aún mayor porque declaró exactamente lo mismo a los agentes, el fiscal y el juez durante la reconstrucción de los hechos, en presencia de su abogado.

Imagen-Grafismo-DS-30-10-11Si los jóvenes declararon la verdad ¿Por qué no ha aparecido el cuerpo? En este punto cabe reseñar que, según su confesión, se deshicieron de ella en el cauce vivo del Guadalquivir en una noche en la que el viento y la lluvia sobre Sevilla eran especialmente significativos, a lo que se añadía la coincidencia del cambio de marea. Al no aparecer el cuerpo entraron en escena los cambios de versión, motivados por el relevo en las defensas de los acusados. Esas nuevas confesiones, tan interesadas como legítimas y amparadas en el Estado de Derecho, hicieron estallar la indignación, convirtiendo un crimen desgraciado en una horrible tortura para la familia y en un escándalo de imposible digestión para la opinión pública. En ese peligroso caldo de cultivo, algunos políticos no han podido resistir la tentación de instrumentalizar el dolor para rascar un puñado de votos con la exigencia del endurecimientio de penas en forma de “cadena perpetua revisable”, fomentando algo tan peligroso como legislar a golpe de suceso.

El infinito dolor de los padres de Marta del Castillo no terminará con la condena a Miguel, el autor confeso de la muerte de la joven. Ese dolor sólo se envolverá de serenidad el día que hallen sus restos y puedan darle sepultura. Mientras tanto, ha llegado la hora de la justicia. Es lo único que puede hoy aliviar el calvario de Antonio y Eva, ese tránsito inhumano que los consume pese al valor y dignidad que muestran cada día. Ni siquiera las masivas muestras de solidaridad y la llama del recuerdo encendida de forma permanente en miles de ciudadanos sirve de bálsamo. La necesidad de sacar adelante a sus otras hijas les obliga a no desfallecer. También la esperanza de hallar el cuerpo de Marta, que se ha vuelto a desvanecer en el juicio, probablemente porque los acusados ya señalaron el lugar y el azar y el tiempo transcurrido hasta la detención impidieron hallarla. Aún así, el fallo será esclarecedor. Nadie debe esperar otra cosa que no sea impartir justicia. La sentencia del caso Marta sólo dejará abierta una de las dos grandes incógnitas, la del cuerpo de la joven. La otra interrogante quedará despejada cuando Miguel Carcaño sea condenado por homicidio al haberse declarado autor de la muerte. Por eso no convendría buscar más culpables. Ya los cogieron en su día. Y los detuvo la misma Policía que, a la luz de lo oído en la Audiencia, no parecía tan equivocada. A los acusados de encubrimiento debiera caérseles la cara de vergüenza por seguir mintiendo. Fue Miguel quien mató a Marta. Ellos, sin tener responsabilidad en el crimen, se metieron en un lío monumental que marcará sus vidas para siempre. Mintieron por una solidaridad mal entendida, por miedo, por ignorancia… Y han acabado creyéndose su perjurio. Quizá a alguno le valga para eludir la cárcel, pero estarán condenados a vivir aprisionados en su conciencia. Esa pena será mucho más lenta y dolorosa. Y les hará cuestionarse hasta el fin de sus días por qué no contaron la verdad desde el primer momento y pidieron perdón a los padres de Marta por su indignidad. Quizá eso no serviría para encontrarla, pero al menos les ayudaría a vivir con algo de decencia.

23
Oct/2011

El último tren

ETA y la izquierda abertzale han cogido el último vagón del último tren de la convivencia. Se han subido in extremis y han emprendido un camino sin retorno hacia la democracia. Es evidente que ahora mismo viajan de polizones sin billete porque en este principio del fin no están por convicción, sino por agotamiento. Los terroristas no lo dejan, se rinden sin condiciones, a cambio de nada. Han sido arrollados literalmente por el Estado de Derecho personalizado en la presión eficaz y continua de las fuerzas de seguridad del Estado, la acción decidida de jueces y fiscales, la unidad de los partidos políticos y el apoyo impagable de Francia. La conferencia de San Sebastián les ofreció el trampantojo, la plataforma necesaria para, agarrándose a un clavo ardiendo, revestir de cierta dignidad su rendición objetiva. ETA, moribunda, estaba ya en la UCI, sin recursos y con apenas unas decenas de pistoleros desesperados en Francia. Eso es todo lo que alumbra a la última organización terrorista que quedaba activa en Europa. Podrían seguir matando pues resulta extremadamente fácil disparar a alguien por la espalda y salir corriendo. ¿Conseguirían algo además de la víctima número 830? No.

PANDELETLo ocurrido se veía venir, pero no por esperada la noticia pierde trascendencia. El comunicado de ETA es histórico, claro, escueto y rotundo. Los terroristas anuncian el “cese definitivo de su actividad armada” y manifiestan su compromiso “claro y firme”, lo que en realidad ahonda en un fracaso colectivo que ha durado medio siglo. A partir de ahora, ETA debe transmitir su disolución, la entrega de las pocas armas que le queden y aprender a usar las palabras en lugar de las pistolas. Tienen que desconectar la máquina que les mantenía el pulso. Acaso lo hicieran de hecho cuando renunciaron a cobrar el impuesto revolucionario hace unos meses. El histórico dirigente abertzale Iñaki Esnaola lo ha dicho con expresiva claridad: “Si una empresa no ingresa dinero, tiene que cerrar”. Así es la realidad de ETA en este momento.
Es lógico no fiarse de los terroristas. Siempre nos han traicionado. ¿Por qué no habrían de hacerlo ahora? Simplemente, porque ese ahora es distinto a lo vivido. Los terroristas han llegado a la demoledora conclusión de que en España no es posible conseguir ningún objetivo a través de la lucha armada. Se han llevado 43 años intentándolo y lo único que han logrado es pasar de ser una banda de terroristas a una banda de presos. El Estado de Derecho se los ha llevado por delante.

Llegados a este punto, la inteligencia, la responsabilidad y la altura de miras resultan fundamentales para avanzar en el camino cuajado de curvas y dificultades que se presenta. El Gobierno resultante de las elecciones del próximo 20 de noviembre, previsiblemente del Partido Popular, será el que tenga que pilotar el camino definitivo hacia la paz. Por eso Mariano Rajoy se ha apresurado a decir públicamente que la rendición de ETA se ha logrado “sin concesiones políticas”. El candidato del PP sabe que sus palabras rompen el discurso de los sectores más conservadores de su partido y ridiculizan las soflamas lanzadas hace sólo unos días en Málaga por el expresidente Aznar. El jefe de la oposición, ante la inminencia de alcanzar la Moncloa, ha cambiado el chip y ya empieza a administrar la realidad del fin de ETA, que le supondrá el mayor esfuerzo de trabajo y estrategia política tras el asunto fundamental de la crisis y los casi cinco millones de parados.
Y todo esto habrá que hacerse honrando la memoria de las víctimas. De todas, piensen lo que piensen, digan lo que digan. Su sufrimiento ha de ser compartido y apoyado incondicionalmente. Y quizá convenga prestar especial atención a la figura emergente de Eduardo Madina, quien ante las críticas por la rendición de ETA dijo algo tan redondo y aleccionador como que España ya está “en un gran proceso de paz desde 1978”. Las víctimas serán el cirio que alumbrará un camino irreversible hacia la convivencia. Es la hora de la responsabilidad, la inteligencia y la altura de miras. ETA ha sido derrotada y lo hemos logrado entre todos. La sociedad vasca y española ya tiene descontada la influencia electoral de lo ocurrido, así que cometerá un gravísimo error quien intente buscar rédito en los despojos del terror.
Un día, ETA puso una bomba lapa junto a mi casa en Nervión. Afortunadamente no explotó y el militar Fidel Albalat vive hoy para contarlo. Así de cerca lo sufrimos. Otros no tuvieron la misma suerte y les tocó cargar de por vida con la barbarie. Desde el recuerdo a Alberto y Ascen, al doctor Muñoz Cariñanos… Ya se acerca el tren. Nos toca vivir un nuevo tiempo en el que hemos de ser capaces de convivir sin olvidar, sabedores de que a partir de ahora ya no habrá terrorismo, sólo política, democracia… Y libertad para nuestros hijos. dsuarez@correoandalucia.es

15
Oct/2011

Ponerle puertas al campo

El turismo y el sector agroalimentario son hoy los motores de Andalucía mientras probamos a ver si somos capaces de ensamblar las complejas piezas de la industria aeronáutica. Que Europa, en el momento más crítico de la crisis, plantee una propuesta que le pone puertas al campo andaluz es, sencillamente, demoledor. En la práctica, la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) supone gripar uno de esos dos motores que sujetan el débil crecimiento de nuestra economía. La nueva propuesta del comisario europeo de agricultura, Dacian Ciolos, conlleva una modificación sustancial respecto al último cambio introducido hace tan sólo cinco años, lo que evidencia no sólo la falta de criterio, también la carencia de un modelo europeo solvente de organización de las producciones agrícolas. La nueva propuesta de reforma perjudica directamente a las ayudas recibidas por los países del arco mediterráneo, más concretamente a España y, sobre todo, a Andalucía. ¿Por qué ahora, en el peor momento, se decide un recorte de tal calibre? Las organizaciones agrarias y la Junta calculan que con la nueva PAC, Andalucía perderá unos 500 millones de euros en ayudas. En concreto, la Comisión Europea pretende reducir del 39% al 33% el peso de la política agrícola en el presupuesto comunitario, un misil en la línea de flotación de una agricultura productiva y diversa como la andaluza, que ha incrementado su calidad en los últimos años incorporando procesos de innovación y modernización. ¿Por qué ya no sirve una reforma planteada hace tan sólo un lustro? ¿Por qué será más eficiente un sistema que otorga las mismas ayudas a todos los productores y que prima la extensión por encima de la producción? Si el anterior sistema era injusto porque permitía a los propietarios de las tierras cobrar por sus derechos históricos sin necesidad de plantar una sola hortaliza, ahora se universaliza una tasa plana que da la ayuda por hectárea y no por la producción agrícola que genere. Esto prima a los países nuevos del norte de la UE, que cobrarán mucho más dinero por sus tierras mientras que la mayor parte de la producción agrícola de Europa la seguirán soportando los países mediterráneos. Lo fácil sería caer en el argumento de que el comisario favorece a países como Rumanía –obtendrá un aumento de ayudas cercano al 11%– simplemente porque Dacian Ciolos es rumano. Es lógico pensar que su mano derecha, el español José Manuel Silva, un perfecto conocedor de la agricultura española y andaluza, ha intentado corregir al máximo los desequilibrios y los agravios que este nuevo modelo genera. Pero la realidad es que Europa deja de apostar por la agricultura como sector estratégico. Aún así, resulta razonable la intención de acabar con los “agricultores de sofá” tal y como los ha denominado el comisario. Y es lógico que aeropuertos o campos de golf no cobren primas europeas de agricultura tal y como ocurre en la actualidad. Pero de ahí a hacer tabla rasa va un mundo, porque los grandes terratenientes seguirán cobrando las subvenciones más allá de lo que siembren y porque, en el fondo, la reforma busca recortar los fondos europeos para agricultura y no resolver de una vez por todas las problemas del sector. Así, los agricultores andaluces verán cómo se reduce su renta y cómo se incrementa la burocracia. A veces, el gobierno de Europa se enreda en las hojas que le impiden ver el bosque. En el caso de la PAC, la Comisión Europea condiciona las ayudas a buscar fórmulas para una cosecha más ecológica cuando ése ha sido es y será el fin último del productor. Y busca la convergencia con los países del Norte cuando su prioridad debiera ser la de aplicar medidas para mejorar los precios que reciben los agricultores y plantear la defensa de los productos europeos ante los acuerdos comerciales con terceros países.

La situación es grave para Andalucía, pero lo será aún más si a alguien se le ocurre calcular electoralmente el desaguisado. Las instituciones, los partidos políticos y los colectivos de agricultores deben hacer ya un frente común sin más pretensión que la defensa de los intereses de Andalucía, no sólo ante Europa, también en el reparto de las ayudas que haga el Gobierno entre las comunidades autónomas. Es la única manera de corregir una reforma que, de cumplirse, dejará herido de muerte al campo andaluz. Y ese frente requiere además no poner todos los huevos en la misma cesta. En Andalucía necesitamos con urgencia más economía productiva y convendría repensar las ayudas europeas de transición para orientarlas hacia emprendedores que generen industrias innovadoras con empleo de calidad más que en la obsesión desordenada por los cursos de formación. Necesitamos más Europa, no más vetos y recortes desde Europa. Porque hoy, además de revelarse incapaz de resolver el drama del euro, la UE se empeña en abrir nuevos frentes que fomentan su desmoronamiento y ahondan en la falta de credibilidad de sus líderes, incapaces de reconocer el necesario coste de calidad de nuestro aceite, fresas, pepinos… ¿He dicho pepinos? Por favor: arreglen esta Europa o párenla, que yo me bajo.

09
Oct/2011

El peloteo de Sevilla

El tenis siempre ha sido un deporte entre caballeros. Ésa ha sido su seña de identidad. Ni siquiera su universalización le ha restado un ápice de nobleza y glamour. Desde el Jeu de Paume nacido en Francia en 1400, pasando por la reinvención moderna promovida por el comandante británico Walter Windfield en 1873 hasta la actualidad, ha dejado de considerarse un deporte cuyos códigos demandan el mayor respeto al adversario así como unas reglas comunes de honor y lealtad tanto en el éxito como en la derrota. Todo esto tuvo su culmen en 1900 con el torneo de selecciones nacionales más importante del mundo, la Copa Davis. El tenista norteamericano Dwight Filley Davis ganó junto a su compañero Holcombe Ward el primer torneo de equipos nacionales entre Estados Unidos y las islas británicas. Aquello cuajó hasta hoy con la participación de las mejores selecciones de todo el mundo, manteniendo como galardón la ponchera en la que se inscribe el nombre del equipo ganador.

diegoLa Davis siempre ha sido la fiesta del deporte pero significaba también un gran pacto entre caballeros más allá de la competición y su resultado. Su filosofía y naturaleza es exactamente la contraria de la que están demostrando hoy el Ayuntamiento de Sevilla y la Junta de Andalucía a cuenta de la adjudicación a la capital andaluza de la final del torneo que tendrá lugar en el Estadio Olímpico del 2 al 4 de diciembre entre España y Argentina. Un evento como la final de la Copa Davis es una extraordinaria noticia para Sevilla. Traer a la capital de Andalucía la final del torneo de selecciones de tenis más importante del mundo es un hito. El éxito de la final celebrada en 2004 en el mismo Estadio Olímpico da la medida del entusiasmo con que Sevilla acoge este tipo de eventos que acercan a la ciudad la élite del tenis mundial. Es obligado, por tanto, felicitar al alcalde, Juan Ignacio Zoido, por haber logrado con su candidatura un evento que sin duda generará importantes beneficios al sector turístico y a la imagen internacional de la ciudad. Dicho esto, en el proceso de selección de Sevilla como sede aparecen varias sombras que despojan a sus gestores del espíritu de nobleza deportiva que impregna al tenis de la Davis y lo acercan más a las peleas con navaja cabritera que empiezan ya a ser moneda de cambio entre el Ayuntamiento de Sevilla (PP) y la Junta de Andalucía (PSOE). La primera incógnita es por qué el alcalde de Sevilla decide presentar la candidatura de la ciudad sin haber cerrado previamente con la Junta la posible financiación del evento. Se ha puesto el carro antes que los bueyes. Zoido ha pedido primero el torneo y luego se ha dirigido a la Junta para reclamarle el dinero. Y no estamos hablando de cualquier cosa, menos aún en la época de crisis y austeridad en la que nos encontramos con las arcas de las administraciones públicas repletas de telarañas. Los primeros cálculos cifran en 2,5 millones de euros la cantidad que la ciudad sede tiene que invertir para poder celebrar el evento. A este respecto, el pliego de condiciones planteado por la Federación Española de Tenis sólo concede al organizador quedarse con el 40% del precio de las entradas que se vendan. El 60% restante, así como los ingresos derivados de los patrocinios, van a la Federación. El resultado es que la administración pública paga el coste de un torneo cuyos beneficios se lleva en exclusiva la federación. A Sevilla le queda el impacto económico, turístico y de imagen, que no es poca cosa. Así, el Ayuntamiento quiere que la Junta aporte 700.000 euros para hacer frente a los gastos de la cubierta. La Junta aceptaría si la marca Andalucía apareciera en el tiro de cámara de las retransmisiones televisivas. Pero no puede ser porque la Comunidad de Madrid ya pagó previamente por el patrocinio y por ocupar ese espacio. En definitiva, el Ayuntamiento exige a la Junta una inversión de casi un millón de euros sin que exista un retorno directo publicitario de la marca Andalucía. En el supuesto de que la Junta pagara, aún queda por ver de dónde sacará el Ayuntamiento el 1.800.000 euros necesario para el canon y el acondicionamiento del estadio. El PP ya se ha apresurado a denunciar “el increíble boicot” que esta perpetrando la Junta con Sevilla. Y el problema para el Gobierno andaluz es que, asistiéndole la razón de fondo, asesta golpes contra el viento mientras que el alcalde cuenta con el apoyo de la opinión pública deseosa de ver a Rafael Nadal.

La Copa Davis se decidirá en diciembre con caballerosidad, pero aún no sabemos cómo quedará el partido paralelo en fango batido que juegan Ayuntamiento y Junta y que amenaza con extenderse durante la precampaña en un peloteo de reproches que escandalizaría al mismísimo Dwight Filley. Zoido ha lanzado un obus en su primer servicio y la Junta ha restado con firmeza desde el fondo de la pista. Todo indica que este desagradable desencuentro se decidirá en el tie break y hará falta el ojo de halcón. Ya se sabe que los políticos suelen apurar hasta dejar la bola en la misma línea y que no se callan durante el partido. Zoido lleva ventaja. Y encima es el juez. ¡Vaya espectáculo!