Monthly Archives: Diciembre 2011

11
Dic/2011

El Reino ¿Hundido?

Rajoy y Zapatero no defienden la reforma del tratado de Europa planteada por Alemania y Francia porque sea lo mejor para España. La asumen porque no queda otra. Lo mismo le ocurre al resto de países que aceptan las nuevas reglas impuestas por Angela Merkel. ¿Acaso en circunstancias de menor zozobra los estados miembros aceptarían que Bruselas (Alemania) controle sus presupuestos y pueda incluso modificarlos? El eje francoalemán ha logrado plasmar en un papel la cesión de soberanía de todos los estados salvo el Reino Unido, que se ha quedado solo en la defensa de su autonomía financiera. Cameron ha encrespado a Merkel y Sarkozy al rechazar por primera vez un tratado europeo. Y el motivo es el mismo que lleva siglos moviendo el mundo: el dinero… Y el poder. Si los británicos se suman perderá influencia la City de Londres, donde se ejecutan las principales transacciones financieras internacionales. Y si Cameron cede, los euroescépticos británicos presionarán unidos para arrebatarle el poder.

Imagen-Grafismo-Editorial-DLa reforma del tratado supone un acuerdo. Y eso es mejor que nada. Pero la tímida salutación que le han hecho las bolsas implica que la verdadera demanda de los mercados, la compra masiva de deuda por parte del Banco Central Europeo, no termina de llegar, precisamente porque Alemania se opone como lo ha venido haciendo de forma reiterada en estos meses con su rechazo a los eurobonos. A eso mismo se refirió Mariano Rajoy el viernes cuando exigió acabar “con la hemorragia de la deuda pública”. Ésa es la urgencia, saber si Mario Draghi, el presidente del BCE, además de recortar los tipos de interés pulsa el botón de la compra generalizada de deuda pública de los países periféricos, sobre todo de Italia, España y Bélgica, para calmar mercados y atemperar las primas de riesgo.
¿Ésa es la solución? Los presidentes de los pyhaíses amenazados creen que ahora mismo sí, pero sería un arreglo cortoplacista. El actual escenario de turbulencias hace imposible mirar más allá de la espesa niebla que cubre Europa y que impide actuar con mayor perspectiva. Porque el nuevo tratado supone más Europa, avanza en el federalismo y plantea un escenario de reglas fiscales más claras con sanciones para los incumplidores. En definitiva, se consigue mayor disciplina y austeridad, algo nada desdeñable en los tiempos que corren. Pero la gran duda surge ante la incomparecencia de conceptos fundamentales como la solidaridad y el crecimiento. La nueva Europa que comienza a arrancar sin los británicos es robusta y estricta, austera y disciplinada, pero no parece nada solidaria al ganar peso un régimen sancionador que además supone en la práctica un severo límite al crecimiento que comprometerá seriamente la economía de países como España, incapaz en esas condiciones de tomar impulso por sí sola ante la disparatada tasa de paro.

La asunción de las nuevas reglas del juego por parte de la inmensa mayoría de países descarta una fractura europea tal y como se temía en los días previos. Tampoco puede hablarse de una Europa de dos velocidades, porque sólo Reino Unido lleva el paso cambiado. Pero una Europa sin británicos es más débil, menos importante. No tiene mucho sentido. A la luz de los resultados parece lógico pensar en Alemania como la gran vencedora del envite, pero llegará el momento en el que se haga necesario poner en la balanza lo que la Unión Europea pierde dejando fuera a la nación británica, que sale tocada pero no hundida.

En este momento, se necesitan líderes que salgan a explicar todo esto a la opinión pública y lancen mensajes de confianza a los mercados y a los ciudadanos. La gente no es tonta. Y deberían saberlo en el Partido Popular cuando aluden a este acuerdo como la evidencia de que a España “ya se la empieza a respetar en Europa”. En este momento hacen falta políticos con altura de miras, que defiendan la austeridad, pero también la solidaridad para con aquellos que cumplen y, sobre todo, la defensa de la protección social, del estado del bienestar. Y que sean capaces de convencer a Alemania para que su locomotora empiece a andar marcando la senda del crecimiento.

Si Europa no pone más dinero para el fondo de rescate ¿por qué habrían de hacerlo los países emergentes? Si los bancos españoles son los que menos exposición tienen a la deuda griega ¿por qué se les exige mayor recapitalización que a los demás? Si aplicamos stricto sensu la reforma del tratado, ¿cómo lograremos con tanta austeridad que vuelva el crecimiento? Si no tenemos eurobonos ni compra masiva de deuda por parte del BCE, ¿cómo se recuperará la confianza de los mercados?

Lo más importante es que tras esta maraña de cifras plasmada en un acuerdo conservador y neoliberal están las personas, dramas cotidianos con nombres y apellidos. Es evidente que saldremos de esta, el problema es la cantidad de familias que se están quedando en el camino. Y esto no se resolverá con una Europa austera sin británicos. Se reconducirá sólo con una Europa que crezca desde la solidaridad, protegiendo a los más débiles.

03
Dic/2011

Los peligros de internet

pandeletHay muchas personas que aún no saben leer y escribir, pero todo el mundo sabe hablar. Por eso, la verdadera revolución que universalizará internet llegará en breve con los dispositivos de voz. Los avances tecnológicos de reconocimiento del habla en los ordenadores, teléfonos y tabletas vienen para quedarse y eliminarán los teclados en la mayoría de sus funciones. La innovación supondrá, a juicio del presidente de la Internet Society en España, Andreu Veá, la desintegración de la brecha digital que hasta ahora levantaba un muro insalvable para los colectivos de mayores y residentes en determinadas zonas rurales con menos oportunidades de accesibilidad.

La llegada de internet a la televisión convencional –la que tenemos en el salón– es ya una realidad. Y todo avanza tan rápido que los dispositivos en los que nosotros reconocemos una desconocida tecnología futurista, ya son considerados por nuestros hijos como un electrodoméstico más.

Ante este panorama, en el que los menores aprenden mucho más rápido a dominar la innovación y a navegar sin complejos por la inmensa malla de la banda ancha, se abre con urgencia la necesidad de regular un caudal infinito, o lo que es lo mismo, ponerle puertas al campo. El desafío es formidable no ya por la complejidad que entraña sino por la trascendencia del éxito o el fracaso en la consecución de los objetivos. Nos jugamos, en definitiva, que el universo se reinvente con orden o sin él, con protección o sin ella. Hoy, el 15% de los menores españoles reconoce haber tenido una mala experiencia en internet. Y sólo algunos casos llegan a ser conocidos por sus padres.

El pasado jueves, la jefa de gabinete adjunta de la Vicepresidencia de la Comisión Europea para la Agenda Digital, la española Lorena Boix, adelantó en el foro Hablemos de Europa de El Correo de Andalucía el acuerdo al que ha llegado la Comisión Europea con las principales multinacionales fabricantes de dispositivos, aplicaciones o contenidos en internet (Apple, Microsoft, Nokia, Nintendo…) con el objetivo de concretar un sistema de autorregulación en un plazo no superior a los 18 meses. Esa coalición por el autocontrol, comprometida personalmente por la vicepresidenta de la comisión, Neelie Kroes con los presidentes de las compañías, busca la creación de un sistema de denuncia robusto y sencillo, lograr que la configuración de los ajustes de privacidad aparezca por defecto o por rango de edad en los sistemas, que además deberían ya tener instalados protocolos para facilitar el control de los padres.

El pacto es ambicioso y contiene un correcto enfoque del problema, pero sería tan irreal como simplista pensar que un acuerdo verbalizado solucionará el problema cuando actualmente ni siquiera se está cumpliendo la legislación en los contenidos audiovisuales y la administración pública se revela incapaz de hacerla cumplir, unas veces por su propia incapacidad y otras porque todo cambia tan rápido que a veces ni siquiera es posible aplicar las leyes actuales.

La cuestión mollar es cómo defender a los menores expuestos cada vez más a las amenazas de internet con el objeto de que puedan disfrutar plenamente de la infinita cantidad de cosas buenas que les ofrece la comunicación en red.

La media europea de acceso de los niños a internet es de siete años, pero si le preguntamos a un joven de 15, dirá que se inició a los 11. Es una clara muestra de la vertiginosa rapidez con la que avanza el acceso, en paralelo a la irrupción en el mercado de dispositivos mucho más intuitivos. Y el control parental ya no se puede limitar a que el ordenador este instalado en el salón de la casa. Uno de cada tres niños se conecta a internet a través del teléfono móvil, por lo que resulta imposible la tutela. Formar a los padres para ponerse al mismo nivel que sus hijos es el desafío al que se enfrentan las administraciones. En ese sentido, Andalucía ha puesto en marcha con éxito un programa regional de voluntarios para la formación digital de padres. Ese reto, sin embargo, no es suficiente. La educación digital debe llegar también a los profesores en la escuela, una parte tan importante en la formación del menor como la de su propia familia. Si los niños saben más de internet que sus docentes, la brecha digital seguirá existiendo.

El objetivo irrenunciable pasa por promover un entorno seguro y establecer un frente común para combatir lo que a juicio de Isabel Aguilera, exdirectora de Google España y presidenta del Consejo Social de la Universidad de Sevilla, es el auténtico agujero negro de internet: los contenidos que siendo legales son inmorales. ¿Cómo controlar lo incontrolable? Sería posible intentarlo si cada contenido publicado en internet tuviera su identificación (IP) para poder localizar a su autor y exigirle responsabilidades. Esta ingente tarea necesita de todos, principalmente de las empresas generadoras de tecnología y contenidos. Si en internet no prevalece el criterio de responsabilidad acabaremos perdidos, sin red, en caída libre. Pongamos bridas a la criatura para que, lejos de devorarnos, nos ayude a crear un universo más igualitario y libre. Un mundo mejor.