06
Nov/2011

No es lo mismo

El voto lo determina la crisis. Sobre esta incontestable realidad ha arrancado una campaña en la que Rubalcaba lleva todas las de perder. El PP le saca 15 puntos y los cinco millones de parados consumen el oxígeno político del PSOE. Los ciudadanos, cuyo hartazgo ha derivado en una creciente desafección hacia la clase política, culpan al actual Gobierno de la crisis. Y paradójicamente, hasta el movimiento 15-M, alimentado por un sustrato ideológico cercano a la izquierda, favorecerá al PP con su abstención.
Una vez amortizado el fin del terrorismo y descontado su rédito electoral (quién lo diría hace sólo unos años), el único hito que le queda al PSOE para reducir distancias es el debate de mañana, un cara a cara con Rajoy absolutamente plastificado en el que apenas habrá margen para la dialéctica, para confrontar ideas y programas, en definitiva, para la política en estado puro. Una vez más, con este sucedáneo hermético, se le hurta al ciudadano la posibilidad de profundizar en las capacidades políticas de los candidatos y en el proyecto que defienden para gobernar España. Un único debate empobrece la democracia, resta libertad y atenta contra el derecho de los ciudadanos en una democracia madura.

Porque una campaña electoral, más allá de las clásicas caravanas y mítines con promesas que ya nadie compra, supone una extraordinaria oportunidad para aplicar la lupa a este bodegón de trazos gruesos en el que ahora nos vemos reflejados, totalmente condicionados por la crisis y las indecentes cifras de paro. El desencanto no es nuevo ni exclusivo de España. Ya se ha llevado por delante más de una docena de gobiernos de distinto signo político en Europa. Es probable que la mayoría de los ciudadanos tenga razón en muchos de sus reproches hacia el actual Ejecutivo, que ha dado muestras evidentes de no contar con una hoja de ruta clara –y menos aún socialdemócrata– para afrontar los gravísimos problemas económicos y de desempleo que nos han sumergido en esta profunda depresión. Pero es importante que, antes del 20N, la gente tenga todos los datos para poder votar con la cabeza y no con el estómago. Cuanta más y mejor información tenga el ciudadano, en mejores condiciones estará para emitir su voto. La casi total ausencia de debates públicos es un misil en la línea de flotación del derecho a la información que tienen todos los españoles. Y acrecienta el deterioro de la política.
Pandelet0611Mariano Rajoy se perfila como el próximo presidente del Gobierno. Él no necesita esta campaña electoral. No la quiere. Le sobra. A Rubalcaba, en cambio, le faltan hitos, puntos de inflexión donde poder arañar puntos y votos, sobre todo de esa importante bolsa de ciudadanos cabreados que, sin querer dar su respaldo al PP, prefiere hoy quedarse en casa.
La información es esencial. Y los españoles tienen que saber, antes de depositar su papeleta en las urnas, las consecuencias de su acción. En esta época, la más dura de la historia contemporánea, nos enfrentamos a un importante recorte del estado del bienestar que tanto costó conseguir. El 20N no sólo decidiremos quién gobernará para seguir cumpliendo las indicaciones de Merkel y Sarkozy (esa es hoy la realidad ante la ausencia de un liderazgo sólido y moral en la UE). Ese día elegiremos a la persona y al partido que gestionarán la sanidad pública, la educación pública y las políticas de protección para los más desfavorecidos, esos que ya se habrían descolgado de no ser por la potente estructura de prestaciones sociales de las que dispone ahora mismo España.

Alfredo Pérez Rubalcaba ya ha dejado claro que no recortará en ningún caso el gasto social. Mariano Rajoy, con un programa ambiguo, prioriza la salida de la crisis. También propugna su rechazo a los recortes básicos, pero en las comunidades autónomas donde gobierna el PP ya han sacado la temida tijera en colegios y hospitales públicos, probablemente con menos contundencia ante el inminente proceso electoral. Es un hecho objetivo vaticinar que el PP ganará las elecciones y que probablemente lo hará con una mayoría suficiente para poder aplicar sus políticas. Rajoy las concentra en la austeridad, pero de fondo subyace una sospechosa indefinición en las políticas de protección social. Rajoy apenas tendrá margen, pero debe actuar con inteligencia y, sobre todo, priorizar a los más desfavorecidos, a las emergencias y a las clases medias.

La capacidad de reacción del PSOE es limitada pese a los anabolizantes inyectados ayer en Sevilla por los históricos líderes socialistas. Esos fogonazos no dan para cambiar un libro que parece tener escrito su final. En Andalucía lo saben y han separado las elecciones para tomar distancia y dejar que el PP se retrate en sus gobiernos. Es aquí donde con mayor claridad se percibirán las formas de gobernar. La única oportunidad de Rubalcaba y los socialistas –hurtado el derecho a debatir– es la de explicar bien a las claras que el sentido del voto implicará distintas consecuencias en la vida de los españoles: habrá que elegir entre proteger a los más débiles o salir cuanto antes de la crisis. No es lo mismo. Usted decide.

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