29
Oct/2011

La cárcel de la conciencia

El juicio al presunto autor y encubridores de la muerte de Marta del Castillo, más allá de procesos paralelos, alguna carnaza oportunista y otras desmesuras televisivas, está sirviendo para devolver los elementos esenciales a su lugar de origen. Al margen de los acusados, las declaraciones de los testigos comienzan a desnudar de barroquismo las interpretaciones falsas o interesadas y se van acercando de forma lógica y contundente a los argumentos defendidos en su día por la investigación policial, la misma que fue reiteradamente cuestionada por la impotencia de no encontrar el cuerpo de la joven. Cada día que pasa en el juicio parece más claro que lo ocurrido encaja con la primera confesión de los acusados, alejando así las versiones posteriores que no hicieron más que enmarañar el caso mientras escandalizaban a la opinión pública y remataban a una familia ya destrozada.

En su día, los agentes informaron al juez de que Miguel Carcaño pudo dar muerte a la joven Marta tras golpearla (probablemente varias veces) con un cenicero debido al impulso irrefrenable provocado por una acalorada discusión. Así lo confesó Carcaño cuando se supo atrapado por la sangre de Marta encontrada en su cazadora. Se trataba de un homicidio tan desgraciado como normal si se atiende a las estadísticas de este tipo de crímenes en España. Ni siquiera extrañó a los agentes que, ante el miedo a lo ocurrido, Miguel llamara a sus amigos para intentar deshacerse del cuerpo de la joven. Lo que ha hecho verdaderamente extraordinario este caso es que no aparezca el cuerpo pese a que Samuel y el Cuco confesaron por separado que la arrojaron al río desde el puente de Camas. La confesión de Samuel fue “espontánea y sin presiones” tal y como han declarado los policías en el juicio. La del menor fue tildada de veraz por el juez instructor de la causa por la “frescura” con la que ofreció todos los detalles de lo que ocurrió aquella tarde. En el caso del Cuco, la evidencia era aún mayor porque declaró exactamente lo mismo a los agentes, el fiscal y el juez durante la reconstrucción de los hechos, en presencia de su abogado.

Imagen-Grafismo-DS-30-10-11Si los jóvenes declararon la verdad ¿Por qué no ha aparecido el cuerpo? En este punto cabe reseñar que, según su confesión, se deshicieron de ella en el cauce vivo del Guadalquivir en una noche en la que el viento y la lluvia sobre Sevilla eran especialmente significativos, a lo que se añadía la coincidencia del cambio de marea. Al no aparecer el cuerpo entraron en escena los cambios de versión, motivados por el relevo en las defensas de los acusados. Esas nuevas confesiones, tan interesadas como legítimas y amparadas en el Estado de Derecho, hicieron estallar la indignación, convirtiendo un crimen desgraciado en una horrible tortura para la familia y en un escándalo de imposible digestión para la opinión pública. En ese peligroso caldo de cultivo, algunos políticos no han podido resistir la tentación de instrumentalizar el dolor para rascar un puñado de votos con la exigencia del endurecimientio de penas en forma de “cadena perpetua revisable”, fomentando algo tan peligroso como legislar a golpe de suceso.

El infinito dolor de los padres de Marta del Castillo no terminará con la condena a Miguel, el autor confeso de la muerte de la joven. Ese dolor sólo se envolverá de serenidad el día que hallen sus restos y puedan darle sepultura. Mientras tanto, ha llegado la hora de la justicia. Es lo único que puede hoy aliviar el calvario de Antonio y Eva, ese tránsito inhumano que los consume pese al valor y dignidad que muestran cada día. Ni siquiera las masivas muestras de solidaridad y la llama del recuerdo encendida de forma permanente en miles de ciudadanos sirve de bálsamo. La necesidad de sacar adelante a sus otras hijas les obliga a no desfallecer. También la esperanza de hallar el cuerpo de Marta, que se ha vuelto a desvanecer en el juicio, probablemente porque los acusados ya señalaron el lugar y el azar y el tiempo transcurrido hasta la detención impidieron hallarla. Aún así, el fallo será esclarecedor. Nadie debe esperar otra cosa que no sea impartir justicia. La sentencia del caso Marta sólo dejará abierta una de las dos grandes incógnitas, la del cuerpo de la joven. La otra interrogante quedará despejada cuando Miguel Carcaño sea condenado por homicidio al haberse declarado autor de la muerte. Por eso no convendría buscar más culpables. Ya los cogieron en su día. Y los detuvo la misma Policía que, a la luz de lo oído en la Audiencia, no parecía tan equivocada. A los acusados de encubrimiento debiera caérseles la cara de vergüenza por seguir mintiendo. Fue Miguel quien mató a Marta. Ellos, sin tener responsabilidad en el crimen, se metieron en un lío monumental que marcará sus vidas para siempre. Mintieron por una solidaridad mal entendida, por miedo, por ignorancia… Y han acabado creyéndose su perjurio. Quizá a alguno le valga para eludir la cárcel, pero estarán condenados a vivir aprisionados en su conciencia. Esa pena será mucho más lenta y dolorosa. Y les hará cuestionarse hasta el fin de sus días por qué no contaron la verdad desde el primer momento y pidieron perdón a los padres de Marta por su indignidad. Quizá eso no serviría para encontrarla, pero al menos les ayudaría a vivir con algo de decencia.

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