23
Oct/2011

El último tren

ETA y la izquierda abertzale han cogido el último vagón del último tren de la convivencia. Se han subido in extremis y han emprendido un camino sin retorno hacia la democracia. Es evidente que ahora mismo viajan de polizones sin billete porque en este principio del fin no están por convicción, sino por agotamiento. Los terroristas no lo dejan, se rinden sin condiciones, a cambio de nada. Han sido arrollados literalmente por el Estado de Derecho personalizado en la presión eficaz y continua de las fuerzas de seguridad del Estado, la acción decidida de jueces y fiscales, la unidad de los partidos políticos y el apoyo impagable de Francia. La conferencia de San Sebastián les ofreció el trampantojo, la plataforma necesaria para, agarrándose a un clavo ardiendo, revestir de cierta dignidad su rendición objetiva. ETA, moribunda, estaba ya en la UCI, sin recursos y con apenas unas decenas de pistoleros desesperados en Francia. Eso es todo lo que alumbra a la última organización terrorista que quedaba activa en Europa. Podrían seguir matando pues resulta extremadamente fácil disparar a alguien por la espalda y salir corriendo. ¿Conseguirían algo además de la víctima número 830? No.

PANDELETLo ocurrido se veía venir, pero no por esperada la noticia pierde trascendencia. El comunicado de ETA es histórico, claro, escueto y rotundo. Los terroristas anuncian el “cese definitivo de su actividad armada” y manifiestan su compromiso “claro y firme”, lo que en realidad ahonda en un fracaso colectivo que ha durado medio siglo. A partir de ahora, ETA debe transmitir su disolución, la entrega de las pocas armas que le queden y aprender a usar las palabras en lugar de las pistolas. Tienen que desconectar la máquina que les mantenía el pulso. Acaso lo hicieran de hecho cuando renunciaron a cobrar el impuesto revolucionario hace unos meses. El histórico dirigente abertzale Iñaki Esnaola lo ha dicho con expresiva claridad: “Si una empresa no ingresa dinero, tiene que cerrar”. Así es la realidad de ETA en este momento.
Es lógico no fiarse de los terroristas. Siempre nos han traicionado. ¿Por qué no habrían de hacerlo ahora? Simplemente, porque ese ahora es distinto a lo vivido. Los terroristas han llegado a la demoledora conclusión de que en España no es posible conseguir ningún objetivo a través de la lucha armada. Se han llevado 43 años intentándolo y lo único que han logrado es pasar de ser una banda de terroristas a una banda de presos. El Estado de Derecho se los ha llevado por delante.

Llegados a este punto, la inteligencia, la responsabilidad y la altura de miras resultan fundamentales para avanzar en el camino cuajado de curvas y dificultades que se presenta. El Gobierno resultante de las elecciones del próximo 20 de noviembre, previsiblemente del Partido Popular, será el que tenga que pilotar el camino definitivo hacia la paz. Por eso Mariano Rajoy se ha apresurado a decir públicamente que la rendición de ETA se ha logrado “sin concesiones políticas”. El candidato del PP sabe que sus palabras rompen el discurso de los sectores más conservadores de su partido y ridiculizan las soflamas lanzadas hace sólo unos días en Málaga por el expresidente Aznar. El jefe de la oposición, ante la inminencia de alcanzar la Moncloa, ha cambiado el chip y ya empieza a administrar la realidad del fin de ETA, que le supondrá el mayor esfuerzo de trabajo y estrategia política tras el asunto fundamental de la crisis y los casi cinco millones de parados.
Y todo esto habrá que hacerse honrando la memoria de las víctimas. De todas, piensen lo que piensen, digan lo que digan. Su sufrimiento ha de ser compartido y apoyado incondicionalmente. Y quizá convenga prestar especial atención a la figura emergente de Eduardo Madina, quien ante las críticas por la rendición de ETA dijo algo tan redondo y aleccionador como que España ya está “en un gran proceso de paz desde 1978”. Las víctimas serán el cirio que alumbrará un camino irreversible hacia la convivencia. Es la hora de la responsabilidad, la inteligencia y la altura de miras. ETA ha sido derrotada y lo hemos logrado entre todos. La sociedad vasca y española ya tiene descontada la influencia electoral de lo ocurrido, así que cometerá un gravísimo error quien intente buscar rédito en los despojos del terror.
Un día, ETA puso una bomba lapa junto a mi casa en Nervión. Afortunadamente no explotó y el militar Fidel Albalat vive hoy para contarlo. Así de cerca lo sufrimos. Otros no tuvieron la misma suerte y les tocó cargar de por vida con la barbarie. Desde el recuerdo a Alberto y Ascen, al doctor Muñoz Cariñanos… Ya se acerca el tren. Nos toca vivir un nuevo tiempo en el que hemos de ser capaces de convivir sin olvidar, sabedores de que a partir de ahora ya no habrá terrorismo, sólo política, democracia… Y libertad para nuestros hijos. dsuarez@correoandalucia.es

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

To use reCAPTCHA you must get an API key from https://www.google.com/recaptcha/admin/create