Monthly Archives: Octubre 2011

29
Oct/2011

La cárcel de la conciencia

El juicio al presunto autor y encubridores de la muerte de Marta del Castillo, más allá de procesos paralelos, alguna carnaza oportunista y otras desmesuras televisivas, está sirviendo para devolver los elementos esenciales a su lugar de origen. Al margen de los acusados, las declaraciones de los testigos comienzan a desnudar de barroquismo las interpretaciones falsas o interesadas y se van acercando de forma lógica y contundente a los argumentos defendidos en su día por la investigación policial, la misma que fue reiteradamente cuestionada por la impotencia de no encontrar el cuerpo de la joven. Cada día que pasa en el juicio parece más claro que lo ocurrido encaja con la primera confesión de los acusados, alejando así las versiones posteriores que no hicieron más que enmarañar el caso mientras escandalizaban a la opinión pública y remataban a una familia ya destrozada.

En su día, los agentes informaron al juez de que Miguel Carcaño pudo dar muerte a la joven Marta tras golpearla (probablemente varias veces) con un cenicero debido al impulso irrefrenable provocado por una acalorada discusión. Así lo confesó Carcaño cuando se supo atrapado por la sangre de Marta encontrada en su cazadora. Se trataba de un homicidio tan desgraciado como normal si se atiende a las estadísticas de este tipo de crímenes en España. Ni siquiera extrañó a los agentes que, ante el miedo a lo ocurrido, Miguel llamara a sus amigos para intentar deshacerse del cuerpo de la joven. Lo que ha hecho verdaderamente extraordinario este caso es que no aparezca el cuerpo pese a que Samuel y el Cuco confesaron por separado que la arrojaron al río desde el puente de Camas. La confesión de Samuel fue “espontánea y sin presiones” tal y como han declarado los policías en el juicio. La del menor fue tildada de veraz por el juez instructor de la causa por la “frescura” con la que ofreció todos los detalles de lo que ocurrió aquella tarde. En el caso del Cuco, la evidencia era aún mayor porque declaró exactamente lo mismo a los agentes, el fiscal y el juez durante la reconstrucción de los hechos, en presencia de su abogado.

Imagen-Grafismo-DS-30-10-11Si los jóvenes declararon la verdad ¿Por qué no ha aparecido el cuerpo? En este punto cabe reseñar que, según su confesión, se deshicieron de ella en el cauce vivo del Guadalquivir en una noche en la que el viento y la lluvia sobre Sevilla eran especialmente significativos, a lo que se añadía la coincidencia del cambio de marea. Al no aparecer el cuerpo entraron en escena los cambios de versión, motivados por el relevo en las defensas de los acusados. Esas nuevas confesiones, tan interesadas como legítimas y amparadas en el Estado de Derecho, hicieron estallar la indignación, convirtiendo un crimen desgraciado en una horrible tortura para la familia y en un escándalo de imposible digestión para la opinión pública. En ese peligroso caldo de cultivo, algunos políticos no han podido resistir la tentación de instrumentalizar el dolor para rascar un puñado de votos con la exigencia del endurecimientio de penas en forma de “cadena perpetua revisable”, fomentando algo tan peligroso como legislar a golpe de suceso.

El infinito dolor de los padres de Marta del Castillo no terminará con la condena a Miguel, el autor confeso de la muerte de la joven. Ese dolor sólo se envolverá de serenidad el día que hallen sus restos y puedan darle sepultura. Mientras tanto, ha llegado la hora de la justicia. Es lo único que puede hoy aliviar el calvario de Antonio y Eva, ese tránsito inhumano que los consume pese al valor y dignidad que muestran cada día. Ni siquiera las masivas muestras de solidaridad y la llama del recuerdo encendida de forma permanente en miles de ciudadanos sirve de bálsamo. La necesidad de sacar adelante a sus otras hijas les obliga a no desfallecer. También la esperanza de hallar el cuerpo de Marta, que se ha vuelto a desvanecer en el juicio, probablemente porque los acusados ya señalaron el lugar y el azar y el tiempo transcurrido hasta la detención impidieron hallarla. Aún así, el fallo será esclarecedor. Nadie debe esperar otra cosa que no sea impartir justicia. La sentencia del caso Marta sólo dejará abierta una de las dos grandes incógnitas, la del cuerpo de la joven. La otra interrogante quedará despejada cuando Miguel Carcaño sea condenado por homicidio al haberse declarado autor de la muerte. Por eso no convendría buscar más culpables. Ya los cogieron en su día. Y los detuvo la misma Policía que, a la luz de lo oído en la Audiencia, no parecía tan equivocada. A los acusados de encubrimiento debiera caérseles la cara de vergüenza por seguir mintiendo. Fue Miguel quien mató a Marta. Ellos, sin tener responsabilidad en el crimen, se metieron en un lío monumental que marcará sus vidas para siempre. Mintieron por una solidaridad mal entendida, por miedo, por ignorancia… Y han acabado creyéndose su perjurio. Quizá a alguno le valga para eludir la cárcel, pero estarán condenados a vivir aprisionados en su conciencia. Esa pena será mucho más lenta y dolorosa. Y les hará cuestionarse hasta el fin de sus días por qué no contaron la verdad desde el primer momento y pidieron perdón a los padres de Marta por su indignidad. Quizá eso no serviría para encontrarla, pero al menos les ayudaría a vivir con algo de decencia.

23
Oct/2011

El último tren

ETA y la izquierda abertzale han cogido el último vagón del último tren de la convivencia. Se han subido in extremis y han emprendido un camino sin retorno hacia la democracia. Es evidente que ahora mismo viajan de polizones sin billete porque en este principio del fin no están por convicción, sino por agotamiento. Los terroristas no lo dejan, se rinden sin condiciones, a cambio de nada. Han sido arrollados literalmente por el Estado de Derecho personalizado en la presión eficaz y continua de las fuerzas de seguridad del Estado, la acción decidida de jueces y fiscales, la unidad de los partidos políticos y el apoyo impagable de Francia. La conferencia de San Sebastián les ofreció el trampantojo, la plataforma necesaria para, agarrándose a un clavo ardiendo, revestir de cierta dignidad su rendición objetiva. ETA, moribunda, estaba ya en la UCI, sin recursos y con apenas unas decenas de pistoleros desesperados en Francia. Eso es todo lo que alumbra a la última organización terrorista que quedaba activa en Europa. Podrían seguir matando pues resulta extremadamente fácil disparar a alguien por la espalda y salir corriendo. ¿Conseguirían algo además de la víctima número 830? No.

PANDELETLo ocurrido se veía venir, pero no por esperada la noticia pierde trascendencia. El comunicado de ETA es histórico, claro, escueto y rotundo. Los terroristas anuncian el “cese definitivo de su actividad armada” y manifiestan su compromiso “claro y firme”, lo que en realidad ahonda en un fracaso colectivo que ha durado medio siglo. A partir de ahora, ETA debe transmitir su disolución, la entrega de las pocas armas que le queden y aprender a usar las palabras en lugar de las pistolas. Tienen que desconectar la máquina que les mantenía el pulso. Acaso lo hicieran de hecho cuando renunciaron a cobrar el impuesto revolucionario hace unos meses. El histórico dirigente abertzale Iñaki Esnaola lo ha dicho con expresiva claridad: “Si una empresa no ingresa dinero, tiene que cerrar”. Así es la realidad de ETA en este momento.
Es lógico no fiarse de los terroristas. Siempre nos han traicionado. ¿Por qué no habrían de hacerlo ahora? Simplemente, porque ese ahora es distinto a lo vivido. Los terroristas han llegado a la demoledora conclusión de que en España no es posible conseguir ningún objetivo a través de la lucha armada. Se han llevado 43 años intentándolo y lo único que han logrado es pasar de ser una banda de terroristas a una banda de presos. El Estado de Derecho se los ha llevado por delante.

Llegados a este punto, la inteligencia, la responsabilidad y la altura de miras resultan fundamentales para avanzar en el camino cuajado de curvas y dificultades que se presenta. El Gobierno resultante de las elecciones del próximo 20 de noviembre, previsiblemente del Partido Popular, será el que tenga que pilotar el camino definitivo hacia la paz. Por eso Mariano Rajoy se ha apresurado a decir públicamente que la rendición de ETA se ha logrado “sin concesiones políticas”. El candidato del PP sabe que sus palabras rompen el discurso de los sectores más conservadores de su partido y ridiculizan las soflamas lanzadas hace sólo unos días en Málaga por el expresidente Aznar. El jefe de la oposición, ante la inminencia de alcanzar la Moncloa, ha cambiado el chip y ya empieza a administrar la realidad del fin de ETA, que le supondrá el mayor esfuerzo de trabajo y estrategia política tras el asunto fundamental de la crisis y los casi cinco millones de parados.
Y todo esto habrá que hacerse honrando la memoria de las víctimas. De todas, piensen lo que piensen, digan lo que digan. Su sufrimiento ha de ser compartido y apoyado incondicionalmente. Y quizá convenga prestar especial atención a la figura emergente de Eduardo Madina, quien ante las críticas por la rendición de ETA dijo algo tan redondo y aleccionador como que España ya está “en un gran proceso de paz desde 1978”. Las víctimas serán el cirio que alumbrará un camino irreversible hacia la convivencia. Es la hora de la responsabilidad, la inteligencia y la altura de miras. ETA ha sido derrotada y lo hemos logrado entre todos. La sociedad vasca y española ya tiene descontada la influencia electoral de lo ocurrido, así que cometerá un gravísimo error quien intente buscar rédito en los despojos del terror.
Un día, ETA puso una bomba lapa junto a mi casa en Nervión. Afortunadamente no explotó y el militar Fidel Albalat vive hoy para contarlo. Así de cerca lo sufrimos. Otros no tuvieron la misma suerte y les tocó cargar de por vida con la barbarie. Desde el recuerdo a Alberto y Ascen, al doctor Muñoz Cariñanos… Ya se acerca el tren. Nos toca vivir un nuevo tiempo en el que hemos de ser capaces de convivir sin olvidar, sabedores de que a partir de ahora ya no habrá terrorismo, sólo política, democracia… Y libertad para nuestros hijos. dsuarez@correoandalucia.es

15
Oct/2011

Ponerle puertas al campo

El turismo y el sector agroalimentario son hoy los motores de Andalucía mientras probamos a ver si somos capaces de ensamblar las complejas piezas de la industria aeronáutica. Que Europa, en el momento más crítico de la crisis, plantee una propuesta que le pone puertas al campo andaluz es, sencillamente, demoledor. En la práctica, la reforma de la Política Agrícola Común (PAC) supone gripar uno de esos dos motores que sujetan el débil crecimiento de nuestra economía. La nueva propuesta del comisario europeo de agricultura, Dacian Ciolos, conlleva una modificación sustancial respecto al último cambio introducido hace tan sólo cinco años, lo que evidencia no sólo la falta de criterio, también la carencia de un modelo europeo solvente de organización de las producciones agrícolas. La nueva propuesta de reforma perjudica directamente a las ayudas recibidas por los países del arco mediterráneo, más concretamente a España y, sobre todo, a Andalucía. ¿Por qué ahora, en el peor momento, se decide un recorte de tal calibre? Las organizaciones agrarias y la Junta calculan que con la nueva PAC, Andalucía perderá unos 500 millones de euros en ayudas. En concreto, la Comisión Europea pretende reducir del 39% al 33% el peso de la política agrícola en el presupuesto comunitario, un misil en la línea de flotación de una agricultura productiva y diversa como la andaluza, que ha incrementado su calidad en los últimos años incorporando procesos de innovación y modernización. ¿Por qué ya no sirve una reforma planteada hace tan sólo un lustro? ¿Por qué será más eficiente un sistema que otorga las mismas ayudas a todos los productores y que prima la extensión por encima de la producción? Si el anterior sistema era injusto porque permitía a los propietarios de las tierras cobrar por sus derechos históricos sin necesidad de plantar una sola hortaliza, ahora se universaliza una tasa plana que da la ayuda por hectárea y no por la producción agrícola que genere. Esto prima a los países nuevos del norte de la UE, que cobrarán mucho más dinero por sus tierras mientras que la mayor parte de la producción agrícola de Europa la seguirán soportando los países mediterráneos. Lo fácil sería caer en el argumento de que el comisario favorece a países como Rumanía –obtendrá un aumento de ayudas cercano al 11%– simplemente porque Dacian Ciolos es rumano. Es lógico pensar que su mano derecha, el español José Manuel Silva, un perfecto conocedor de la agricultura española y andaluza, ha intentado corregir al máximo los desequilibrios y los agravios que este nuevo modelo genera. Pero la realidad es que Europa deja de apostar por la agricultura como sector estratégico. Aún así, resulta razonable la intención de acabar con los “agricultores de sofá” tal y como los ha denominado el comisario. Y es lógico que aeropuertos o campos de golf no cobren primas europeas de agricultura tal y como ocurre en la actualidad. Pero de ahí a hacer tabla rasa va un mundo, porque los grandes terratenientes seguirán cobrando las subvenciones más allá de lo que siembren y porque, en el fondo, la reforma busca recortar los fondos europeos para agricultura y no resolver de una vez por todas las problemas del sector. Así, los agricultores andaluces verán cómo se reduce su renta y cómo se incrementa la burocracia. A veces, el gobierno de Europa se enreda en las hojas que le impiden ver el bosque. En el caso de la PAC, la Comisión Europea condiciona las ayudas a buscar fórmulas para una cosecha más ecológica cuando ése ha sido es y será el fin último del productor. Y busca la convergencia con los países del Norte cuando su prioridad debiera ser la de aplicar medidas para mejorar los precios que reciben los agricultores y plantear la defensa de los productos europeos ante los acuerdos comerciales con terceros países.

La situación es grave para Andalucía, pero lo será aún más si a alguien se le ocurre calcular electoralmente el desaguisado. Las instituciones, los partidos políticos y los colectivos de agricultores deben hacer ya un frente común sin más pretensión que la defensa de los intereses de Andalucía, no sólo ante Europa, también en el reparto de las ayudas que haga el Gobierno entre las comunidades autónomas. Es la única manera de corregir una reforma que, de cumplirse, dejará herido de muerte al campo andaluz. Y ese frente requiere además no poner todos los huevos en la misma cesta. En Andalucía necesitamos con urgencia más economía productiva y convendría repensar las ayudas europeas de transición para orientarlas hacia emprendedores que generen industrias innovadoras con empleo de calidad más que en la obsesión desordenada por los cursos de formación. Necesitamos más Europa, no más vetos y recortes desde Europa. Porque hoy, además de revelarse incapaz de resolver el drama del euro, la UE se empeña en abrir nuevos frentes que fomentan su desmoronamiento y ahondan en la falta de credibilidad de sus líderes, incapaces de reconocer el necesario coste de calidad de nuestro aceite, fresas, pepinos… ¿He dicho pepinos? Por favor: arreglen esta Europa o párenla, que yo me bajo.

09
Oct/2011

El peloteo de Sevilla

El tenis siempre ha sido un deporte entre caballeros. Ésa ha sido su seña de identidad. Ni siquiera su universalización le ha restado un ápice de nobleza y glamour. Desde el Jeu de Paume nacido en Francia en 1400, pasando por la reinvención moderna promovida por el comandante británico Walter Windfield en 1873 hasta la actualidad, ha dejado de considerarse un deporte cuyos códigos demandan el mayor respeto al adversario así como unas reglas comunes de honor y lealtad tanto en el éxito como en la derrota. Todo esto tuvo su culmen en 1900 con el torneo de selecciones nacionales más importante del mundo, la Copa Davis. El tenista norteamericano Dwight Filley Davis ganó junto a su compañero Holcombe Ward el primer torneo de equipos nacionales entre Estados Unidos y las islas británicas. Aquello cuajó hasta hoy con la participación de las mejores selecciones de todo el mundo, manteniendo como galardón la ponchera en la que se inscribe el nombre del equipo ganador.

diegoLa Davis siempre ha sido la fiesta del deporte pero significaba también un gran pacto entre caballeros más allá de la competición y su resultado. Su filosofía y naturaleza es exactamente la contraria de la que están demostrando hoy el Ayuntamiento de Sevilla y la Junta de Andalucía a cuenta de la adjudicación a la capital andaluza de la final del torneo que tendrá lugar en el Estadio Olímpico del 2 al 4 de diciembre entre España y Argentina. Un evento como la final de la Copa Davis es una extraordinaria noticia para Sevilla. Traer a la capital de Andalucía la final del torneo de selecciones de tenis más importante del mundo es un hito. El éxito de la final celebrada en 2004 en el mismo Estadio Olímpico da la medida del entusiasmo con que Sevilla acoge este tipo de eventos que acercan a la ciudad la élite del tenis mundial. Es obligado, por tanto, felicitar al alcalde, Juan Ignacio Zoido, por haber logrado con su candidatura un evento que sin duda generará importantes beneficios al sector turístico y a la imagen internacional de la ciudad. Dicho esto, en el proceso de selección de Sevilla como sede aparecen varias sombras que despojan a sus gestores del espíritu de nobleza deportiva que impregna al tenis de la Davis y lo acercan más a las peleas con navaja cabritera que empiezan ya a ser moneda de cambio entre el Ayuntamiento de Sevilla (PP) y la Junta de Andalucía (PSOE). La primera incógnita es por qué el alcalde de Sevilla decide presentar la candidatura de la ciudad sin haber cerrado previamente con la Junta la posible financiación del evento. Se ha puesto el carro antes que los bueyes. Zoido ha pedido primero el torneo y luego se ha dirigido a la Junta para reclamarle el dinero. Y no estamos hablando de cualquier cosa, menos aún en la época de crisis y austeridad en la que nos encontramos con las arcas de las administraciones públicas repletas de telarañas. Los primeros cálculos cifran en 2,5 millones de euros la cantidad que la ciudad sede tiene que invertir para poder celebrar el evento. A este respecto, el pliego de condiciones planteado por la Federación Española de Tenis sólo concede al organizador quedarse con el 40% del precio de las entradas que se vendan. El 60% restante, así como los ingresos derivados de los patrocinios, van a la Federación. El resultado es que la administración pública paga el coste de un torneo cuyos beneficios se lleva en exclusiva la federación. A Sevilla le queda el impacto económico, turístico y de imagen, que no es poca cosa. Así, el Ayuntamiento quiere que la Junta aporte 700.000 euros para hacer frente a los gastos de la cubierta. La Junta aceptaría si la marca Andalucía apareciera en el tiro de cámara de las retransmisiones televisivas. Pero no puede ser porque la Comunidad de Madrid ya pagó previamente por el patrocinio y por ocupar ese espacio. En definitiva, el Ayuntamiento exige a la Junta una inversión de casi un millón de euros sin que exista un retorno directo publicitario de la marca Andalucía. En el supuesto de que la Junta pagara, aún queda por ver de dónde sacará el Ayuntamiento el 1.800.000 euros necesario para el canon y el acondicionamiento del estadio. El PP ya se ha apresurado a denunciar “el increíble boicot” que esta perpetrando la Junta con Sevilla. Y el problema para el Gobierno andaluz es que, asistiéndole la razón de fondo, asesta golpes contra el viento mientras que el alcalde cuenta con el apoyo de la opinión pública deseosa de ver a Rafael Nadal.

La Copa Davis se decidirá en diciembre con caballerosidad, pero aún no sabemos cómo quedará el partido paralelo en fango batido que juegan Ayuntamiento y Junta y que amenaza con extenderse durante la precampaña en un peloteo de reproches que escandalizaría al mismísimo Dwight Filley. Zoido ha lanzado un obus en su primer servicio y la Junta ha restado con firmeza desde el fondo de la pista. Todo indica que este desagradable desencuentro se decidirá en el tie break y hará falta el ojo de halcón. Ya se sabe que los políticos suelen apurar hasta dejar la bola en la misma línea y que no se callan durante el partido. Zoido lleva ventaja. Y encima es el juez. ¡Vaya espectáculo!

01
Oct/2011

Escupir sobre Andalucía

Han vuelto a hacerlo. Afortunadamente no son todos, pero siguen mandando. El nacionalismo periférico y el centralista vomitan cíclicamente un pensamiento antiandaluz provocado por la indigestión crónica que les produjo el hecho de que los andaluces reclamáramos nuestra autonomía al decidir que queríamos ser dueños de nuestro destino y no meras comparsas en el furgón de cola de la España de la transición. La mayoría de las veces, aunque no lo dicen, lo piensan. Y les cuesta la misma vida contenerse. Por eso dan hiperbólicos rodeos y buscan perífrasis almibaradas para decir lo que no quieren. El problema es que a veces, cuando se relajan o simplemente cuando alguien los cabrea, sienten la necesidad, forjada en su ADN político, de escupir sobre Andalucía. Porque en el fondo se sienten superiores. Están convencidos de que les debemos lo que somos pese a que un día exigimos sus mismos derechos y nos plantamos para ganar futuro y libertad. No les interesa conocernos, profundizar en la cultura, en nuestra forma de hacer las cosas, de trabajar. No pueden permitírselo porque entonces se les caería el mito, se secaría la fuente envenenada de la que siempre han bebido y en cuyas aguas se reflejaba esa Andalucía subsidiada, indolente; la tierra arrastrada y flamenca que le cantaba al señorito por dos reales y le limpiaba los zapatos mientras éste, ufano, volvía a escupir marcando los límites de su estulticia. Artur Mas ha pedido disculpas 24 horas después de criticar el acento andaluz y el gallego como muleta para sujetar sus planes sobre la inmersión lingüística en su comunidad. El Presidente de Cataluña –una tierra próspera gracias a miles de andaluces– no quería decirlo, pero lo dijo. Mas ha pedido “no elevar a categoría la anécdota”, pero hay ensartadas tantas anécdotas en el bucle que resulta imposible pensar que no se repetirá. Volverá a ocurrir, seguro.

Imagen-Grafismo-DS-02-10-11Por la tentadora pasarela del agravio contra Andalucía han desfilado recientemente Duran Lleida y sus perlas sobre el PER, Montserrat Nebrera con sus descalificaciones hacia la forma de hablar de la exministra Magdalena Álvarez; el popular madrileño Juan Soler despreciando el acento andaluz de Trinidad Jiménez, Ana Mato subrayando los problemas de “analfabetismo” de los niños andaluces y la mismísima Esperanza Aguirre con sus “pitas, pitas, pitas” respecto a las subvenciones. Todos ellos rectificaron o matizaron sus palabras ante la unánime presión de Andalucía, pero ninguno se desdijo, probablemente porque hoy seguirán pensando lo mismo. A lo mejor convendría filtrar los golpes de pecho de algunos ‘indignados’ que sólo pretendan hoy rentabilizar electoralmente las desafortunadas palabras de Mas y ponernos entre todos a pensar cómo podemos salvaguardar desde la escuela el habla andaluza, nuestra seña de identidad marcada en el Estatuto. Sería bueno asistir a este debate con ánimo desapasionado para no quedar a la altura de los ofensores y caer en su misma ignorancia intelectual. Quizá lo inteligente para Artur Mas y la pléyade de detractores del hecho diferencial andaluz sería acercarse a nosotros, tender puentes y colaborar; generar sinergias en lugar de pesar permanentemente el agravio en las balanzas fiscales. Porque para ellos, el problema no es el habla sino el dinero público que se invierte en Andalucía y que consideran suyo. Esa es la amenaza permanente. Por eso nos miran mal y no dejan de afilar el colmillo que se les infectó cuando Felipe González tomó la decisión política de llevar el tren de alta velocidad hacia el sur. Sin aquello, hoy andaríamos sin brújula –lo que ellos querrían– en esa Andalucía silente y pacata, fotografiada en sepia como símbolo de la decadencia nacional.

Q uizá el mismo Artur Mas que recorta la inversión pública en los asilos, cierra ambulatorios y alerta del copago sanitario debiera mirar con mayor interés los avances en Dependencia y la calidad de la salud pública andaluza. A lo mejor, los esfuerzos del gobierno catalán debieran unirse con más ímpetu a los de Andalucía para empujar en la consecución de un corredor ferroviario mediterráneo que, junto al central, facilite el tráfico de mercancías entre Andalucía, Madrid, Cataluña y Europa, generando mayor riqueza y empleo para España. La situación económica es lo suficientemente dramática como para dejarnos de tonterías y ponernos a trabajar juntos. La lengua catalana debe ser respetada y fomentada en Cataluña y hace bien la Generalitat en defenderla, pero en absoluto debe servir de ariete para despertar de nuevo al monstruo dormido en las conciencias de muchos nacionalistas sobre el ser y el sentir andaluz, más aún en esta España de las autonomías que algunos pretenden hoy dinamitar al calor de la crisis, por más que la realidad les obligue a diario a ponerse un traje regalado de demócrata. El ataque a Andalucía ha logrado poner de acuerdo al nacionalismo centralista y al periférico. Qué esperanzador sería canalizar tanta energía desperdiciada para salir del inmenso escupitajo en el que hoy nadamos todos los españoles.