Monthly Archives: Junio 2011

25
Jun/2011

Cheques en blanco

El nuevo alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, cuenta con el mayor respaldo popular que se recuerda en la Sevilla democrática. Ningún regidor ha tenido en sus inicios tanta aceptación ciudadana como él. Su paseo triunfal en la procesión del Corpus reafirma la caudalosa corriente de esperanza que los sevillanos han depositado sobre sus hombros, forjada inteligentemente a través de su bonhomía, una imagen cercana y sus continuos mensajes sobre el cambio tranquilo que propugna para Sevilla. Esa medicina es la que los sevillanos han elegido para intentar curarse del hartazgo por la crisis y el paro, acentuado por la urticaria que la coalición Monteseirín-Torrijos había provocado a muchos más votantes socialistas de los esperados por el PSOE. Utilizando el argot cofradiero, Zoido ha logrado entrar con el izquierdo por delante en el gobierno de la ciudad sin que la gente perciba con recelo que Sevilla está hoy en manos de la derecha con una aplastante mayoría absoluta. El nuevo alcalde ha logrado sin especiales dificultades subrayar su perfil dialogante después de los tropiezos iniciales originados por su polémica propuesta de quitar farolas y bancos y la desafortunada foto en la que fue cazado como asistente a Roland Garros sin haber informado de un supuesto viaje de trabajo para amarrar dos campeonatos de tenis para Sevilla. Zoido, que goza del abrumador respaldo de 166.000 sevillanos, ha sido muy hábil al mostrarse como un regidor de consenso ajeno a las mayorías absolutas y anunciar –como ya hiciera en la campaña electoral– una propuesta para que la oposición regrese a los consejos de administración de empresas municipales como Mercasevilla y un compromiso cierto de tender la mano a Juan Espadas (PSOE) y Antonio Rodrigo Torrijos (IU) para pactar asuntos clave para la gobernabilidad y el futuro de la ciudad.

Grafismo-DS-26-06-11Zoido, en el caso de los consejos de administración municipales, viene a enmendar el error mayúsculo cometido por el anterior gobierno de coalición, que sacó a los populares del consejo de Mercasevilla después de una serie de denuncias de la oposición sobre las graves irregularidades detectadas en el mercado mayorista. Monteseirín nunca debió permitir que la oposición saliera de los consejos municipales, una decisión que limita la legítima y necesaria capacidad de fiscalización de los concejales de la oposición y que atenta contra la calidad democrática de la que tanto presumen los gobiernos de izquierda. Zoido, ahora, devuelve el statu quo y se apunta un tanto que le pertenece en buena lid, alejando el tupido velo de opacidad que IU y socialistas han intentado echarle encima durante estos meses. La presunta agenda oculta de Zoido no aparece aún por ningún sitio pese a que Espadas y Torrijos alertaron sobre ella hasta el denuedo. Más bien al contrario, Zoido ha sentado en su despacho a los adversarios políticos, se ha hecho la foto con ellos y les ha cortado las salidas al menos para estas primeras semanas de gobierno al ofrecerles un pacto sobre 15 grandes temas municipales que a juicio del alcalde popular deben quedar al margen de la trifulca política. Dos de ellos susceptibles de consenso general: el empleo y la descentralización de los distritos municipales. Incluso se ha brindado para dar a Felipe González el reconocimiento que los populares le negaron en sus años de oposición. Y ahí es precisamente donde radica la contradicción. Zoido está haciendo ahora lo que no permitió como jefe de la oposición. El equipo de gobierno fue incapaz de consensuar con el PP medidas en casi ninguna de las materias planteadas ahora en el nuevo pacto de ciudad. Zoido se opuso, de una u otra forma, a las políticas de movilidad, seguridad ciudadana, el propio homenaje a Felipe González… Esperemos que sus propuestas en el nuevo pacto sean razonables para que la oposición las pueda apoyar sin que eso signifique firmarle un cheque en blanco que anularía la necesaria potestad fiscalizadora de la oposición

Parece evidente que Zoido no podrá contentar a todos. De hecho, su decisión de incluir a los eventuales de Tussam y reforzar las líneas costará a las maltrechas arcas de la empresa más de dos millones de euros. Su plan está bienintencionado y busca cumplir un compromiso con los trabajadores. Pero la clave no es poner más autobuses, sino que los que hay circulen más rápido. Ahí debe centrar sus esfuerzos el nuevo alcalde, en aumentar la velocidad comercial de Tussam sin multiplicar sus costes. También deberá sortear las procelosas aguas que le esperan en tareas de seguridad ciudadana, donde el estilo Zoido es aún más necesario para lograr complicidades con la Policía Local y sus sindicatos. En cualquier caso, Juan Ignacio Zoido ha sentado las bases de un gobierno sólido y goza de un inédito respaldo popular que debe encauzar convenientemente para mejorar Sevilla. Ése debe ser el objetivo primordial del nuevo alcalde, que siempre tendrá demasiado cerca el riesgo de sucumbir a la tentación de usar a Sevilla como ariete para estrategias partidarias incompatibles con el cheque en blanco que hoy le dan los sevillanos.

19
Jun/2011

La torre de Babel

Cualquiera que pasee estos días por la zona sur de la Cartuja y se decida a mirar entre las lonas y vallas que envuelven las obras de la Torre Cajasol percibirá que el rascacielos diseñado por el arquitecto argentino César Pelli se encuentra en una fase de ejecución mucho más avanzada de lo que cabía esperar a tenor del impacto visual, prácticamente inexistente aún desde el exterior. Las obras, sin embargo, están muy adelantadas y ya se ha cubierto casi la mitad del proyecto. Los operarios han redoblado turnos, han culminado las complejas cargas de cimentación, la estructura de los aparcamientos subterráneos y han comenzado a levantar la torre en la zona más próxima a la salida hacia Huelva, donde ya se percibe la estructura del rascacielos. Lo avanzado del proyecto dice mucho de las intenciones del promotor, Cajasol Banca Cívica, claramente dirigidas a terminar cuanto antes este hito arquitectónico, toda vez que cuenta con la documentación en regla.

grafismoEsta realidad coincide con la visita estos días de una delegación de la Unesco para comprobar in situ el impacto de la torre sobre la zona monumental de Santa María de las Cuevas, la lámina del río y el conjunto de la Catedral y el Alcázar declarados patrimonio de la humanidad. Para que el proyecto sea debatido en la próxima reunión internacional de la Unesco es necesario que algún país miembro lo solicite. La posición del Gobierno español nunca ha sido demasiado clara en este asunto, pero no parece que a estas alturas enarbole la bandera contra la torre, menos aún con el informe favorable presentado recientemente por el Ayuntamiento. Así las cosas, tan solo la presión de Icomos, el organismo internacional que asesora a la Unesco y que se ha mostrado muy activo en contra de la torre, podría interferir en un escenario que se presenta a priori favorable para los intereses del promotor. Hasta el nuevo alcalde de Sevilla, Juan Ignacio Zoido, que durante la campaña electoral anunció que revisaría la licencia si llegaba a la alcaldía, ha matizado de forma considerable su posición. El nuevo delegado de Urbanismo, Maximiliano Vílchez, tan sólo habla ya de controlar que se garanticen los accesos y la fluidez del tráfico en la zona. ¿Por qué el PP ya no cuestiona la torre Pelli? Sencillamente porque el Presidente de Cajasol, Antonio Pulido, le ha explicado a Zoido que si el Ayuntamiento retira la licencia de obras deberá indemnizar a la caja con unos 200 millones de euros por el lucro cesante. El alcalde sabe que las arcas municipales no podrían soportar una barbaridad de ese calibre, así que no le queda otro remedio que reorientar su estrategia y plantear la reivindicación hacia cuestiones más periféricas y menos crematísticas. Además, si Zoido revocara una licencia concedida en tiempo y forma por una administración pública con todos los informes favorables, estaría disparando a la línea de flotación del discurso que le ha llevado a la alcaldía: ofrecer seguridad jurídica a todas aquellas empresas que quieran generar riqueza y empleo en la ciudad. Algo similar le ha ocurrido con la biblioteca universitaria del Prado de San Sebastián, asunto en el que Zoido ya anda buscando zonas más templadas pese a que inicialmente se alineó con los vecinos que recurrieron a la justicia para su erradicación.

Es cierto que el debate sobre si la torre debía construirse no ha sido lo intenso que correspondía, pero en cualquier caso, la reflexión colectiva debiera haberse producido mucho antes. Ahora no es momento de cuestionar una torre sino de garantizar que su construcción se lleva a cabo respetando todos los parámetros urbanísticos y garantizando los equipamientos públicos necesarios para que la zona no quede colapsada ante la capacidad de convocatoria de tráfico y personas del nuevo centro financiero. En el fondo, no sólo Cajasol sino todas las administraciones están deseando que la Unesco se olvide de la Torre Pelli. El promotor, porque desea para su proyecto el mayor nivel de adhesiones. El Ayuntamiento, para no tener que pagar una indemnización que nunca podría abonar y la Junta y el Gobierno, para no tener que enfrentarse a la tesitura de perder la catalogación de patrimonio de la humanidad de la que goza el entorno de la Catedral sevillana. La almendra de la cuestión ya no es si debiera haberse construido la torre. El debate es si esa torre era la que Sevilla necesitaba. Nadie puede negar que se trata de un edificio de gran calidad, pero no aporta un valor añadido, un atractivo singular respecto a otros similares que ya se han construido en varias ciudades españolas y europeas. Ahí es donde se ha perdido la oportunidad. si bien, convendría no adelantarse y esperar a que el complejo esté concluido para valorarlo en su conjunto. Aún así, esta torre de Babel donde hasta ahora nadie ha logrado hacerse entender, debería ayudarnos a aprender a debatir sobre las cosas, no sólo contra las cosas.

11
Jun/2011

Vuelva usted mañana

España tiene hoy problemas serios para salir de la crisis, pero unas reformas adecuadas en el menor tiempo posible harían que nuestro país volviera a colocarse en el grupo de países que tiran del carro de la economía europea. Ésa es la tesis defendida por altos responsables de la banca española. Para ello argumentan que la deuda española sólo es del 60% del PIB cuando en otros países como Italia supera el 100%. El paro, sin embargo, es la variable que en el caso de España hace saltar por los aires la posibilidad de recuperación. Las cifras de desempleo por encima del 20% harán que el crecimiento español en los próximos años sea inferior al de la media europea. Con este dato, en el extranjero no se explican cómo la mayoría de la gente puede seguir pagando a los bancos y el mercado hipotecario español no ha saltado por los aires. Todos los esfuerzos deben dirigirse a reducir la tasa de desempleo. La última encuesta del CIS revela que ocho de cada diez españoles considera el paro como la principal preocupación. Es cierto que la campaña de verano se prevé interesante en el número de contrataciones por el auge imparable del turismo, motivado en parte por la captación del mercado de los países árabes, así como la iniciativa empresarial de seguir captando negocio en el mercado exterior. La exportación unida a la diversificación y la apuesta de las empresas españolas por mercados emergentes está maquillando las terribles cifras que aporta el negocio interior, donde se necesita con urgencia una reorientación del modelo productivo. El problema es que los bancos y las empresas han echado el freno, están a la expectativa. Hay dinero, pero nadie lo mueve hasta que se clarifique el escenario y se pongan encima de la mesa las nuevas reglas de juego. Todos se miran de reojo y nadie quiere dar un primer paso, consciente del suelo quebradizo sobre el que se mueve hoy la economía española, con el diferencial de la deuda soberana como espada de Damocles de un país observado como un Gran Hermano por los mercados. Decía esta semana el presidente de la patronal, Juan Rosell, que los empresarios tienen miedo a contratar. Es más, no quieren mover su dinero ni invertir hasta disponer de mayor certidumbre. En la misma línea está la banca. El grifo del crédito no se abrirá a empresas que sólo pretendan sobrevivir. Para ellas no habrá dinero. Sólo llegarán créditos para aquellas que presenten un proyecto viable con márgenes de rentabilidad. Y para ello hace falta certidumbre. En esta pescadilla que se muerde la cola, con el paro desangrando al país, se sitúa la urgente reforma de los convenios colectivos, que no es otra cosa que la verdadera reforma laboral que necesita España para proteger el empleo actual y promover fórmulas flexibles y justas en la contratación y las relaciones laborales. Por eso ha sido una mala noticia la ruptura de las negociaciones entre la patronal y los sindicatos. Una reforma propuesta por el Gobierno puede ser maquillada en el Congreso, pero nunca será efectiva si no nace del verdadero convencimiento de los actores principales para su puesta en marcha. Porque una vez leída la teoría, llega la práctica. Y al final serán los empresarios y los representantes de los trabajadores los que tendrán que llegar a acuerdos sobre la base de la reforma. Si no hay consenso en el origen, tampoco lo habrá en la negociación del convenio. Por eso, la Unión Europea se ha apresurado a decir que subamos de nuevo el IVA y la luz. Una reforma de los convenios colectivos sin acuerdo sólido entre los agentes sociales está condenada al fracaso en el peor de los casos y a una enfermedad crónica en el mejor de los supuestos. La falta de acuerdo evidencia la incapacidad de poner en común nuestros problemas, ceder y arrimar el hombro para resolverlos. La reforma del sistema financiero es importante, pero la de los convenios colectivos es esencial. Nadie parece saber hasta qué punto.

La última reflexión, alusiva a la incapacidad de trabajar juntos, nos lleva indefectiblemente al terreno de la política, donde se sitúa el gran problema que hace que España no avance como debiera en la resolución de sus problemas de Estado. El Partido Popular ha dejado bien claro en estos días con Castilla-La Mancha que le importa más utilizar las comunidades autónomas como ariete para desgastar al Gobierno que establecer una estrategia común para avanzar en la austeridad, la transparencia y la consecución del objetivo común de techo de gasto en las autonomías, independientemente de quien gobierne. El Gobierno, por su parte, se ha revelado incapaz de lograr un acuerdo de mínimos entre los agentes sociales para construir desde cimientos sólidos un gran acuerdo laboral que flexibilice el mercado de trabajo y promueva la contratación sin desproteger a los trabajadores. Rubalcaba –Zapatero ya no está ni se le espera– ha perdido la gran oportunidad de escenificar su principal victoria política. Es posible que el balizamiento de la CEOE hacia posiciones más conservadoras de forma interesada haya dificultado mucho el camino, pero el Gobierno ha perdido una nueva oportunidad de salvar los muebles y de aparecer ante la ciudadanía como un gestor sólido y eficiente ante la crisis. El PSOE ya sabe que con el PP no puede contar en temas de Estado y se ha revelado incapaz de pactar con los agentes sociales una herramienta eficaz para actuar contra el paro. España tiene capacidad de sobra para remontar la crisis y dotarse de una buena reforma laboral si todos trabajáramos juntos. Simplemente, no nos da la gana. Todos decimos que hay que cambiar, pero nadie lo hace. Vuelva usted mañana, a ver si queda alguien.

05
Jun/2011

Hablemos de Europa

De un tiempo a esta parte, la Unión Europea se ha propuesto imponer barreras a todo lo que se le ponga por delante. Las dificultades económicas, unidas a su crisis de identidad, han hecho que los 27 hayan decidido meter la directa en la autopista que conduce al suicidio comunitario. La crisis del pepino es la constatación –una más– del desorden existente entre los estados miembros, mucho más preocupados por salvaguardar sus intereses personales que por construir una Europa fuerte y unida que mantenga el liderazgo ante la sólida pujanza de los países asiáticos. El caso de la todopoderosa Alemania de Angela Merkel es el que se lleva la palma en este cúmulo de despropósitos. Su envidiable crecimiento –la economía germana avanza ya en cifras cercanas al 3%, muy lejos de la débil recuperación española– no ha evitado que la canciller haya sufrido un importante varapalo electoral, lo que consolida el aserto de que la crisis desgasta al que gobierna más allá de las siglas del partido que lo sustenta. Merkel, preocupada por su futuro político y el de su formación, ha comenzado a tomar decisiones, algunas en clave interna y otras muchas de corte populista, que han hecho tambalear los cimientos de la estrategia común. Y el problema radica en que la canciller y sus estructuras gubernamentales parecen comportarse como si ellos fueran los que tienen el mando más allá de la estructura comunitaria. Y puede que no les falte razón, pero no son tan buenos ni infalibles. De hecho, el formidable error que han cometido con Andalucía estriba precisamente en su impotencia e incapacidad de encontrar el foco de la bacteria mutante que ya ha matado a casi una veintena de personas en el país teutón.

dsLa presión y el desconcierto de la todopoderosa Alemania la han hecho patinar sobre un mar de pepinos almerienses y malagueños que han pagado el pato de su irresponsabilidad sin que a día de hoy se haya pasado de las palabras a los hechos en las necesarias indemnizaciones para recuperar la imagen del sector hortofrutícola andaluz. Si lamentable ha estado Alemania, la imagen que ha ofrecido la unión Europea como gestora de la crisis no le ha ido a la zaga. La timorata respuesta comunitaria al órdago alemán dio alas al cierre de fronteras a las hortalizas españolas. Ni siquiera estuvo a la altura cuando se levantó la alerta porque los funcionarios estaban “de vacaciones”. ¿Se imaginan que eso hubiera ocurrido en España? Angela Merkel recuperaría su falso discurso de que en España trabajamos menos, tenemos más vacaciones, nos jubilamos antes… ¿Se imaginan que durante los años del mal de las vacas locas España hubiera acusado a algun país concreto de ser el causante de la enfermedad? Las consecuencias hubiesen sido impredecibles. El director general de Agricultura de la Comisión Europea, José Manuel Silva, reconoció esta semana en el foro Hablemos de Europa de El Correo que la reforma de la nueva Política Agrícola Común (PAC) sería un momento oportuno para introducir un mecanismo de “respuesta rápida” ante crisis alimentarias como ésta. Silva, con su propuesta, está reconociendo que Europa ha adolecido de falta de coordinación y de un protocolo de actuación que minimizara los riesgos al tiempo que garantiza la salud de todos.

Los pepinos, por desgracia, son sólo un botón de muestra más de la deriva comunitaria que tiene su origen en la incapacidad de lograr una política económica común frente a la crisis y llega a su máxima expresión con la barbaridad planteada por Italia, Roma y Dinamarca de romper el tratado Schengen, que garantiza el libre tránsito de personas en los países de la UE. Europa, lejos de liderar el proceso histórico de las revueltas árabes como aliado de los pueblos del Magreb en su búsqueda de mayor libertad, dignidad y prosperidad, se ha centrado exclusivamente en el problema de las migraciones, elevando su dimensión a la enésima potencia, como si no fuera capaz de hacerle frente de forma coordinada y con la ayuda de todos los estados miembros. Para colmo, las decisiones contrarias se extienden a asuntos estratégicos como la energía nuclerar. El último ejemplo, la todopoderosa Alemania, que abandera la desnuclearización inminente y sus vecinos italianos comandados por el fantasma berlusconiano que alaba ahora la enegía atómica como el remedio para todos los males del mundo, por supuesto sin mencionar para nada a Fukushima.

Ya ven que no son sólo los pepinos, pero ha sido esta última crisis la que ha dañado gravemente al agro andaluz, en pleno proceso digestivo de los 500 millones de euros que podría dejar de percibir a partir de 2014 con la reforma de la PAC. ¿Y qué hace el PP en lugar de alinearse con el gobierno y el sector en defensa de los intereses de España frente a las agresiones externas? Prefieren caricaturizar a la consejera de agricultura por comerse un pepino sin pelar. Así nos luce el pelo. Por eso la encuesta el CIS revela un desapego tan profundo de los ciudadanos ante la política. Flaco favor se haría el PP a sí mismo y a la democracia si pensara que el respaldo masivo obtenido el 22M obedece sólo a su buena gestión. Los populares, con la crisis de los pepinos, han vuelto a perder otra oportunidad de demostrar altura de miras en la política de Estado. Siguen diciendo que España ha reaccionado tarde y que la Ministra Rosa Aguilar no tiene ni idea de agricultura. Siguen mirando el dedo y no la luna. Y terminaremos cayendo en el inmenso error de creer que el sueño de una Europa unida y fuerte no sirve para nada. Porque estaremos más preocupados en gobernar, sin importar lo que se pierda en el camino. Mientras, la luna seguirá saliendo cada día, pero Europa no verá más que dedos que señalan su partida de defunción.