Monthly Archives: Mayo 2011

29
May/2011

La ‘Zoidomanía’

Imagen-Grafismo-Diego-29-05Tiene mucho que ver en el descalabro del PSOE el voto de castigo que los ciudadanos han infligido a Zapatero. En Sevilla, sin embargo, muchos votantes socialistas le han prestado su apoyo al PP para derribar la coalición de Monteseirín y Torrijos. Esa doble censura explica en parte que Juan Ignacio Zoido haya arrasado en las municipales obteniendo una mayoría histórica de 20 concejales. Y lo justifica sólo en parte porque sería injusto ocultar los méritos del candidato popular, cuya estrategia política y electoral del voto prestado ha cuajado en los barrios periféricos que forman el granero histórico de los socialistas. Zoido ha sabido recoger el hartazgo de la gente por la crisis y el desempleo y ha logrado rentabilizarlo gracias a una intensa labor en los barrios durante cuatro años, aderezada por una efectiva campaña de márketing político. En definitiva, la mayoría de los votantes sevillanos han pateado a Zapatero, Monteseirín y Torrijos en el trasero de Juan Espadas y han dado su apoyo a Zoido, no por sus propuestas de calado, sino por un discurso tan etéreo como contundente en tiempos de crisis: “Que Sevilla funcione”. Eso y la bonhomía del candidato popular, su cercanía en el trato y un desideologizado argumentario de trazo grueso han hecho de Zoido el candidato de la esperanza para miles de personas que ansían ahora una acción política contundente que arregle de un plumazo el grave problema del paro en Sevilla. Mucha gente piensa así porque considera que el gobierno local ha cometido muchos errores en la gestión. El valor de lo realizado por el alcalde saliente –ha hecho mucho y bueno– se verá con el tiempo, pero la situación real no proyecta más perspectiva que el enfado ciudadano azuzado por la Sevilla más conservadora respecto a los numerosos errores de gestión, coordinación y comunicación cometidos por el gobierno de progreso defenestrado en las urnas. Es cierto que los errores de Monteseirín han tapado sus aciertos de transformación social, pero la lógica indica que el tiempo dimensionará su legado. Antes de ello, Alfredo correrá el riesgo cierto de que el mismo PP que calificó su gestión como “modelo de ciudad fracasado”, se lo apropie sin pudor y lo rentabilice durante los próximos años por más que ahora anuncie retoques y maquillajes de estética populista.

El primer error que alguien podría cometer es pensar que los parados son de Zapatero y que Zoido –o Rajoy cuando llegue a la Moncloa– tienen una varita mágica con la que borrarán esta lacra. El segundo error –y éste es achacable exclusivamente a Zoido– ha sido plantear de inicio una serie de iniciativas en Sevilla de corte efectista que, sin embargo, defraudan las expectativas de muchas otras personas que esperan medidas de calado para avanzar en los graves problemas de los ciudadanos, mucho más allá del artificio de unas farolas o el nombre de una calle. Las primeras medidas anunciadas por un alcalde –más aún si llega a la Plaza Nueva después de 12 años de gobierno de otro color– deben ser bien explicadas porque contienen una carga de profundidad, un valor simbólico innegable. Y Zoido, que ha prometido cosas por valor de casi 4.000 millones de euros durante el ardor guerrero de la campaña –también lo han hecho otros–, será objeto a partir de ahora del foco abrasador que proyecte sus iniciativas, no ya como candidato, sino como alcalde electo de Sevilla. Por eso la Zoidomanía acuñada en su primera visita en loor de multitud a Reina Mercedes puede evaporarse si el candidato no es capaz de articular un discurso sólido más allá de los cuatro retoques anunciados. Para ello, en lugar de gastar dinero público en auditorías, puede recurrir a la Cámara de Cuentas, organismo fiscalizador de las administraciones. Pero es más importante aún que ofrezca ya sus medidas concretas para combatir el desempleo. Su papel le obliga a ir más allá del compromiso de “generar confianza” y agilizar licencias. En lugar de limitarse a levantar la acampada de Tussam, Zoido debe decir alto y claro cómo saneará las cuentas de la empresa. También debe explicar de inicio cómo conseguirá los ingresos necesarios para sus propuestas si mantiene su compromiso de no subir impuestos y no privatizar ningún servicio público.

Las primeras medidas de Zoido no deben ser quitar una calle o cambiar unas farolas. La gente espera mucho del nuevo alcalde, que debe centrarse desde ya en gobernar Sevilla para todos los sevillanos, no en utilizarla para que el PP llegue a la Junta. Por ello, Zoido debe ser responsable con el proyecto de ampliación del Metro de Sevilla. Es obligado que la Junta de Andalucía se siente con el nuevo regidor para revisar el proyecto y atender a la nueva sensibilidad de la Alcaldía. Faltaría más. Pero los sevillanos no entenderán que se utilice un transporte esencial para la ciudad como arma arrojadiza y elemento de confrontación política. Hacerlo conllevaría un retraso inaceptable que Sevilla no está en condiciones de asumir. Zoido debe pelear por mejorar el Metro con sus propuestas, pero nadie le perdonará que lo atasque interesadamente para favorecer los intereses de sus siglas políticas por encima del interés de todos los sevillanos. Zoido tiene dos opciones: seguir transformando la ciudad desde la austeridad –su nuevo gobierno es un ejemplo–, el compromiso y la batalla contra las desigualdades o aplicar el modelo Soledad Becerril, en el que no se rompían platos, sencillamente porque se fregaba poco. Y eso que la ciudad parecía limpia. Zoido debe aprovechar la Zoidomanía, una extraordinaria corriente de esperanza ciudadana, para sumar y seguir transformando: lo contrario será un error de libro, la constatación de un nuevo fracaso colectivo. Mucha suerte, alcalde.

22
May/2011

Indignados

Grafismo DS 22-M 300La última encuesta del Centro de Estudios Sociológicos (CIS) señala que los políticos son la tercera causa de preocupación de los ciudadanos. A ningún partido que se haya preocupado por leer correctamente el sondeo han debido sorprenderle las concentraciones que se vienen desarrollando en varias ciudades de España desde el pasado 15 de mayo. La #spanishrevolution está integrada fundamentalmente por jóvenes, algo que tampoco ha debido sorprender a nadie. Son públicas las cifras de paro que afectan a casi la mitad de ellos con el agravante de que un buen número de los que trabajan lo hacen en condiciones precarias o en empleos que no tienen nada que ver con su cualificación. En España se da la paradoja de que la juventud mejor formada de su historia no puede obtener un empleo cualificado.

Estas protestas provienen de un grupo muy heterogéneo y sin un liderazgo definido, pero su columna vertebral está formada por todos aquellos jóvenes que en su día le pidieron a José Luis Rodríguez Zapatero que no les fallara. Y el presidente les ha fallado. La indignación, sin embargo, se hace más patente al analizar la alternativa que ofrece el Partido Popular. Les parece aún peor porque su ideario enlaza con todos aquellos sectores que se sitúan en el origen de la crisis económica y tienen una innegable responsabilidad en ella por más que ahora quieran aparecer como los posibles salvadores: los poderes económicos, empresariales y financieros. Parece absurdo pensar que estos movimientos ciudadanos que reclaman un mayor protagonismo público de la sociedad civil y un cambio en el sistema hayan sido organizados por el Gobierno como se ha apuntado en algunos foros. Estas protestas perjudican seriamente al PSOE porque, aunque no se diga directamente, incitan a la abstención. Y una baja participación electoral beneficia a la derecha. Quien sí puede capitalizar el voto es la coalición de Izquierda Unida, que podría salir beneficiada ante la reiteración del mensaje para evitar el bipartidismo imperante. Sería un error que el espíritu de estas miles de personas se dejara manipular.

Al contrario que las revueltas de los países del Magreb donde las protestas se han producido para exigir democracia y libertad –algo que en España ya existe afortunadamente desde hace años–, el movimiento nacido en la Puerta del Sol está cimentado en el empleo. La gente no tiene trabajo y quien lo conserva está amenazado por la precariedad. Ése es el cordón umbilical de la protesta, porque en mayor o menor medida nos afecta a todos. El segundo elemento determinante es el desapego de los ciudadanos hacia la clase política y la percepción ciudadana de que la corrupción se ha colado en el ADN de la gestión pública ante unos partidos anestesiados o desinteresados por remangarse para extirpar los tumores de sus filas, afectadas ya por la metástasis. La gente digiere ya cada día casos como la trama ‘Gürtel’ o los ERE con una enorme naturalidad. El planteamiento es tan realista como injusto porque generalizar el comportamiento de la clase política es peligroso y cuestiona los valores fundamentales del Estado de Derecho y la democracia parlamentaria. Los partidos, sin embargo, harían bien en tomar buena nota y no medir sólo estos movimientos con el cálculo electoral del 22M, sino mucho más allá. Las instituciones democráticas deben ser salvaguardadas pero no son intocables. Tienen que estar en constante revisión para mejorar su funcionamiento y servir mejor a los ciudadanos. El movimiento del 15M se revela como una formidable palanca para impulsar la mejora de las instituciones al servicio de todos y elevar la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones. El peligro está –hasta ahora no ha ocurrido– en que estas protestas sirvan de ariete para arremeter contra los valores democráticos consolidados y acabar en escenarios próximos a un totalitarismo que sería letal para el progreso de nuestro país. La formación y madurez de todas las personas que integran la protesta garantiza que eso no ocurrirá. Una buena prueba de ello es que apenas se han producido incidentes pese a que la protesta dura ya una semana en las principales ciudades españolas. La culpa, en cualquier caso, no es sólo de los políticos o de Zapatero. Si los cinco millones de parados fueran culpa del Presidente, la resolución del problema será muy sencilla. Pero Rajoy no tiene una varita mágica. Y lo que es peor, ni siquiera ha revelado en estos días fórmulas concretas o solventes para salir del agujero en el que estamos.

El problema es que la estabilidad social que demandan hoy miles de españoles en la calle es incompatible con la estabilidad presupuestaria que nos exige hoy la Unión Europea para que España no se hunda. Toca apretarse el cinturón y reconocer que seremos más pobres. Aún así, hay que ir hoy a votar. No hacerlo significaría matar la esencia misma del 15M. Llenar de votos las urnas será la mayor muestra de rebelión cívica.

15
May/2011

Cuando tiembla la tierra

En Lorca, nueve personas han perdido la vida y más de 15.000 han perdido su vida. Se han quedado sin nada. Aún no saben cuándo la podrán recuperar. Si les será posible salvar algo de lo que fueron, de la vida que vivían ajenos a la tragedia. Aquella vida que las víctimas invocan hoy como la felicidad plena. La misma que hace unas semanas consumían a duras penas enredados en la crisis, la hipoteca, el paro, la guardería del niño y un sinfín de problemas domésticos agrandados por el estigma de la cotidianidad. Aquello que ayer parecía un mundo de escollos insalvables es hoy el recuerdo vivo de los días felices. Son las paradojas de la vida y de la muerte que sobrevuelan hoy sobre la tragedia de Lorca, sacudida por la superficialidad de dos terremotos que se alzan como símbolos de la devastación exprés. Es la prueba manifiesta de que lo que poseemos es fugaz, susceptible de ser arrebatado por la naturaleza en cuestión de segundos sin posibilidad de rescatar un recuerdo, una foto, un vestido, una carta de amor que pueda calmar el espíritu y reconciliarte con tu conciencia cuando todo está perdido.

Los dos seísmos han borrado el disco duro de Lorca reseteando su memoria. La piedra pintada con el código rojo ha engullido la materia, pero no la identidad. Por eso volverá a volar el ave fénix en Murcia. Porque en medio del desastre, cuando los muros se derrumban y las puertas se cierran, se abren las ventanas de la solidaridad. Ese caudaloso río es la mayor garantía de pervivencia de la raza humana y está manando a borbotones con afluentes por toda España. Donde hace días llovieron piedras matando a la gente hoy se precipita la solidaridad como aguacero de esperanza para ese círculo verde que han formado miles de personas refugiadas en los parques con su vida como única maleta y una manta para combatir el relente de la madrugada al raso.

Ima1La tragedia de Lorca se ha llevado hogares, pero también comercios que son sustento de vida, la obra inacabada de años de esfuerzo. Todo eso se ha esfumado sin posibilidad de retorno. La imagen de la piedra líquida desmoronándose desde el campanario de la iglesia es la evidencia de la realidad convertida en ficción. Lorca vive desde el miércoles en una inacabable pesadilla de película con un macabro guión, sólo superado por las históricas imágenes de Haití, el tsunami de Indonesia, las torres gemelas o el terremoto de Japón… Ante la adversidad sólo cabe apoyarse en la solidaridad y en la capacidad y coordinación de los poderes públicos de una sociedad moderna como la nuestra. Existe, sin embargo, una cuestión fundamental que debe presidir todas las actuaciones a partir de este momento. Lorca no debe caer en el olvido. Todos tenemos que hacer lo imposible para que eso no ocurra nunca. La lección de la naturaleza debe servirnos a todos. En primer lugar, para apoyar incondicionalmente a todas las víctimas hasta que el daño esté reparado y la ciudad murciana esté en condiciones de recuperar el pulso suficiente para caminar por sí misma. En segundo lugar, por la necesidad de revisar la normativa de construcciones, actualizada en 2002 y que contiene sin lugar a dudas elementos mejorables que, garantizando el necesario desarrollo urbanístico de las ciudades, eleve las obligaciones de prevención y seguridad en aquellas zonas consideradas de riesgo sísmico como es el caso del sudeste del país. No hacen falta sobreactuaciones que ralenticen los procesos, tan solo una normativa eficaz que pueda cumplirse.

Lorca no debe quedar en el olvido para que todos los municipios de España actualicen o elaboren –hay muchos que no los tienen– planes de emergencias y evacuación que garanticen el menor daño posible para la población cuando se produzca una catástrofe natural. Lorca no debe caer en el olvido para que valoremos siempre la impagable ayuda que presta la Unidad Militar de Emergencias allí donde se la requiere, ya sea en incendios, riadas o terremotos como el ocurrido. Y no debemos olvidarlo como símbolo de la necesidad de una mayor coordinación entre las administraciones, señal de que el Estado de las autonomías es capaz de repartir responsabilidades de autogobierno en beneficio de los ciudadanos que habitan los distintos territorios de la geografía española. Lorca no debe caer en el olvido a la hora de buscar fórmulas imaginativas como la de ofrecer el parque de viviendas vacías que no esté dañado para realojar temporalmente a las víctimas indefensas. Lorca no debe caer en el olvido para saber que, más allá de las ideas políticas y de la crispación permanente que nos divide, la sociedad española, sus gobernantes y partidos políticos son capaces de caminar unidos para salvar los problemas que nos atenazan, incluso en periodo electoral. Lorca no debe caer en el olvido para honrar la memoria de Antonia, Juana, Emilia, Pedro, Domingo, Juan, María Dolores y el pequeño Raúl. No olvidarlos es la mejor forma de saber que estamos vivos, más allá de la ficción que cada día nos envuelve en la realidad.

08
May/2011

El adiós de Monteseirín

Alfredo Sánchez Monteseirín soporta una curiosa paradoja que le acompañará siempre. Ha sido el alcalde más longevo de la Sevilla democrática pero su partido se ha llevado la mitad de esos años intentando quitarlo del sillón. Monteseirín es un superviviente en el PSOE. Siempre medró gracias a su plataforma institucional como presidente de la Diputación primero y como alcalde de Sevilla después, pero nunca gozó de respaldo orgánico. Y cuando pudo tenerlo se asustó, desconfió y decidió ver los toros desde la barrera. La desconfianza ha sido el gran problema de Monteseirín, lo que le ha impedido progresar en el partido y ha eclipsado en buena parte su valentía política y su innegable creatividad para hacer de Sevilla un lugar más habitable. Los nombres de Rafael Escuredo, José Antonio Griñán y Alfonso Guerra estuvieron sobre la mesa de la la dirección del partido para relevar a Monteseirín en las elecciones de 2007. Ante un pleno de negativas, Zapatero llegó a proponer el perfil del catedrático Javier Pérez Royo. Finalmente, Manuel Chaves, un político tan honesto como conservador en sus estrategias políticas, se erigió en el principal valedor del aún alcalde, que perdió las elecciones pero siguió gobernando gracias a la misma coalición con Izquierda Unida. Luego, el Secretario Provincial, José Antonio Viera, apostó por Emilio Carrillo como su candidato ante el evidente divorcio con Monteseirín, que envidó con su apoyo incondicional a Gómez de Celis, a quien hizo el peor favor de su vida precipitando su descarte. El resto de la historia ya lo conocen. Juan Espadas es hoy el candidato, un hombre de partido, un gestor solvente y un sólido perfil para gobernar Sevilla por más que haya sido víctima colateral de guerras cainitas internas y de esa tormenta perfecta que en su máximo apogeo ni siquiera le ha quitado opciones reales de poder alcanzar la vara de mando en la Plaza Nueva. A Monteseirín le alumbran muchas virtudes, más de las que pudieran parecer a simple vista, pero le ha perdido la desconfianza con los suyos, y la adhesión inquebrantable con unos pocos elegidos y con una ‘juntiña’ que propició, no supo o no quiso parar los mayores escándalos mediáticos y judiciales que han jalonado su gobierno, estableciendo un virreinato que manoseaba a su antojo en segundos y terceros niveles, actuando en nombre del alcalde aunque el alcalde no lo supiera. Esos son los que han puesto las bombas en la puerta del despacho de Monteseirín y luego, los compañeros de partido, los mismos de los que Monteseirín siempre ha desconfiado, terminaron lógicamente por prender la mecha que explotaba siempre en la cara de la ciudad, minando las opciones de Alfredo de continuar como alcalde. Otro de los elementos que jugó en su contra fue su neófita intención de ganarse a sectores sociales y empresariales que nunca jamás le iban a apoyar. Contra ese muro chocó en innumerables ocasiones sin reparar que pretendía un imposible. El actual mandato comenzó señalando el camino tortuoso por el que iba a discurrir: dos gallos, Viera y Monteseirín, en el mismo corral, en la misma corporación municipal, era la peor de todas las malas ideas por más que en un primer momento pareciera un respaldo explícito de la dirección del partido al candidato. El experimento duró apenas un mes, cuando el alcalde condicionó el poder de Viera a que éste actuara en su favor en el terreno orgánico, un chantaje que el secretario provincial rechazó de inmediato con una abrupta salida. Aquello desembocó en una pugna irreconciliable entre el Ayuntamiento y el partido, la capital y la provincia, los críticos y los oficialistas, que acabó cuando Viera arrasó en el congreso provincial y el sector crítico fue laminado orgánicamente. Así transcurrieron cuatro años en los que ese divorcio entre el partido y el alcalde ha ido engordando la sensación de que el Ayuntamiento no explicaba bien las cosas y acusaba problemas de coordinación y de gestión. Faltaba algo esencial, la militancia del partido explicando la política municipal en los barrios, algunos de los cuales adolecieron de las inversiones públicas millonarias trasvasadas a otros proyectos emblemáticos como las setas de la Encarnación o la peatonalización de Asunción, donde Monteseirín apenas rascará unos votos. El alcalde desconfió de que podía liderar el PSOE de Sevilla. Su ambición política le empujaba, pero le pudo su desconfianza y, sobre todo, el miedo a enfrentarse a José Caballos, líder natural del partido. Al final, sin saberlo, el propio Monteseirín portaba la escopeta que mató políticamente a Caballos al presidir la candidatura que se enfrentó a él y que lideraba José Antonio Viera, quien sí se arriesgó a dar el paso. Alfredo Sánchez Monteseirín se irá a su puesto de inspector médico mientras se decide su futuro, que será en Sevilla si es fuera de la política o en la política si es fuera de Sevilla. La coyuntura no es buena para el PSOE y a eso se añade que la dirección, que le acusa en privado de deslealtad, no tiene demasiado interés en darle oxígeno después de que él apostara por embajadas europeas y por enrocarse en el cargo cuando se le ofreció salir a mitad de mandato. Monteseirín desconfía pero es honrado. Con todos los errores cometidos y su peculiar condición, puede presumir de haber transformado Sevilla, hacerla más vivible. Su servicio público estos años merece un homenaje de la ciudad y de su partido, no un adiós de teletipo, aunque sea de Europa.

01
May/2011

El traslado de la Feria

grafismo300Sevilla inaugurará mañana, 32 de abril, la trigésimonovena Feria en el real de Los Remedios con la sensación generalizada de que permanecerá allí durante muchos años más. Fue a mediados de la década de los 50 cuando comenzó a gestarse lo que posteriormente se convertiría en un intenso debate sobre el posible traslado desde su tradicional emplazamiento en La Pasarela. Y no pudo ser hasta 1972 cuando la fiesta de la ciudad efímera sevillana se trasladó con todas sus consecuencias a los terrenos de los Gordales donde actualmente se celebra. Aplicando el silogismo, aún quedarían varias décadas para que los sevillanos sigamos debatiendo sobre la necesidad, oportunidad o idoneidad de llevar la música a otra parte. Alfredo Sánchez Monteseirín, el alcalde más longevo de la Sevilla democrática, también quiso pasar a la posteridad como el regidor que se llevó la Feria de Los Remedios dejándole al menos al barrio Asunción peatonalizada. Recogió el testigo de los proyectos iniciados por el Partido Andalucista, quienes promovieron una mudanza con la máxima de que aquello no terminara siendo “Disneylandia”, algo de lo que advertía machaconamente la entonces edil de Fiestas Mayores Paola Vivancos. Las circunstancias, sin embargo, hicieron que Monteseirín se chocara en dos ocasiones con un muro de defensa que impedía el traslado.

Primero intentó ajustarla en los terrenos del Charco de la Pava, e incluso se inventaron el nombre de Feria de la Vega de Triana para darle más solera, elegancia y autenticidad a la operación de cambio. El objetivo principal no era otro que desarrollar urbanísticamente el solar de Los Gordales, con grandes posibilidades de uso comercial y residencial, lo que pagaría el coste del traslado e incluso dejaría hacer caja. La realidad fue bien distinta. Primero, por la multipropiedad pública de los terrenos, lo que desembocó en un litigio entre la Junta, el Ayuntamiento y el Estado, que recurrió el PGOU a la Justicia y paralizó la construcción de la Ciudad Judicial. Además, el proyecto del Charco de la Pava hubo de desestimarse por varios motivos de peso. La descoordinación hizo que la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir decidiera invertir allí varios millones de euros en hacer un parque de ribera en el mismo sitio. Ubicar la Feria allí habría supuesto levantar un parque recién terminado para meter el cableado y las tuberías. Además, el nuevo proyecto apenas aportaba 155 nuevos módulos para casetas y ocupaba suelos que no eran del Ayuntamiento, porque la calle del Infierno debía ubicarse en término de San Juan y era preciso construir una nueva pasarela sobre el río con el consiguiente gasto público. Un despropósito.

Otra opción pasaba por encontrar un lugar lo bastante amplio y cerca de la ciudad como para plantear la alternativa. Y el alcalde encontró un magnífico aliado en Izquierda Unida para impulsar el traslado a los terrenos de Tablada, el lugar donde cabe todo y la Feria podría celebrarse sin demasiadas complicaciones manteniendo además el espíritu del PGOU de dotar de vida la dehesa sin llenarla de ladrillo. Esta nueva opción, razonable a todas luces se encontró con otro muro insalvable, el de la expropiación fallida de los terrenos. El Ayuntamiento recibió varios reveses judiciales en forma de sentencias del TSJA que dinamitaron las esperanzas de conseguir la titularidad pública del suelo que sigue siendo hoy propiedad de un grupo de constructoras deseosas de que haya un cambio de gobierno en Sevilla para poder desarrollar proyectos urbanísticos en las 365 hectáreas de terreno. El alcalde tuvo que desistir del proyecto ante la imposibilidad de llevar a cabo un traslado de esa envergadura a unos terrenos de titularidad privada.

La conclusión es que el proyecto de traslado de la Feria de Sevilla está totalmente parado con la inestimable ayuda complementaria de la crisis económica que ha dimensionado mucho más el real tanto en caballistas como carruajes y pretensiones de nuevas casetas. La Feria de Los Remedios sigue teniendo hoy plena vigencia y quizá sería bueno considerar el plan propuesto por el candidato del PP, Juan Ignacio Zoido, de mejorar lo existente con 200 casetas en la calle del Infierno y el retranqueo hacia solares colindantes sin uso, por más que el plan no diga dónde se ubicarían finalmente las cuadras y el P-1 y tampoco tenga en cuenta que ese suelo es del Puerto y no municipal. Lo que sí parece evidente es que el real puede dar mucho más de sí a lo largo del año. Quizá habría que reconsiderar esa iniciativa privada presentada no hace mucho de crear un museo permanente de la Feria con casetas fijas propuesto al Ayuntamiento por la iniciativa privada. Y seguir avanzando como ha hecho acertadamente la Delegación de Fiestas Mayores en primar criterios de transparencia en el proceso de adjudicación de las casetas para una fiesta totalmente rentable. Nos cuesta siete millones y genera un impacto de 372. La Feria tiene margen de mejora. Como en la época del Prado, aún nos quedan algunas décadas para debatirlo.