Monthly Archives: Abril 2011

24
Abr/2011

Griñán pasa a la ofensiva

Grafismo Editorial DS 24-04-11El presidente de la Junta y secretario general del PSOE andaluz, José Antonio Griñán, no ansía una carrera política porque ya la tiene. Aspira a sentar las bases de un nuevo PSOE, con ideas renovadas y oxígeno para liderar un nuevo ciclo de gobierno socialista en Andalucía, coincidiendo con la lenta pero progresiva mejora de la economía que se iniciará en los próximos meses. Hasta ahora sus intenciones han chocado frontalmente con realidades –tan diversas como contundentes– que le han restado crédito. Sobre ese escenario, Griñán debe liderar un nuevo PSOE, un cambio de etapa que presenta, sin embargo, un primer hándicap respecto a la renovación que propugna: él ha formado parte de los últimos gobiernos de Chaves en Andalucía. Asumida la contradicción, los socialistas entienden que ha llegado la hora de pasar a la acción, de marcar la agenda después de meses al albur de la oposición, del escándalo de los ERE, la crisis interna originada por la dimisión del exconsejero de Gobernación Luis Pizarro y otros problemas de menor entidad elevados en su gravedad por el propio ambiente irrespirable en el que se han movido el partido y la Junta. La nueva estrategia socialista, escenificada en el Parlamento con la ofensiva dialéctica de Griñán frente a Arenas –en el PSOE sostienen que el presidente no tenía escrita su intervención–, afrontará su primera prueba de fuego en un mes, con las elecciones del 22-M.

Parece probable que el Partido Popular pueda hacerse con el control de las ocho capitales andaluzas, una realidad que ya se dio en 1995. El PSOE, sin embargo, podría ganar en Andalucía tanto en número de votos como en alcaldías, lo que les facilitaría un valiosísimo titular de trazo grueso que desmontaría los efectos del avance irreversible de los populares. El PSOE habría ganado las elecciones municipales en Andalucía, con posibilidad incluso de obtener la Diputación de Almería gracias al avance socialista en El Ejido.

En la provincia de Sevilla, los socialistas aspiran a compensar la pérdida de ediles con apoyos de Izquierda Unida para seguir gobernando o incluso recuperar alcaldías. Así podrían atenuar los malos resultados que se esperan en Carmona, o la pérdida de algún concejal en los municipios aljarafeños de Mairena o San Juan. Incluso el PSOE podría mantener Camas pese a las sucesivas crisis motivadas por el presunto soborno a una edil o la sonrojante actuación del exdelegado de Empleo Antonio Rivas en el caso de los intrusos en los ERE.

Izquierda Unida se mantiene fuerte en todas las encuestas en la provincia de Sevilla y se perfila como un aliado importante para el PSOE. El problema para los socialistas no es tanto IU como los votantes que no quieren un gobierno de coalición y que se quedarían en casa para evitarlo. La clave, en cualquier caso, es que aún hay un 30% de votantes del PSOE que no están movilizados por diversos motivos. Primero, por la aplastante realidad del paro y la crisis económica, y segundo por la atmósfera irrespirable en la que ha tenido que navegar el socialismo andaluz en los últimos meses. En Sevilla capital, Juan Espadas sigue avanzando, pero no al ritmo que necesita, sobre todo en zonas estratégicas para el PSOE como Cerro-Amate.

En breve podría aparecer el mayor activo del PSOE, Rubalcaba, por las calles del Cerro para intentar activar al electorado. El PSOE, en las próximas semanas, iniciará una nueva era. Hasta ahora tenía que hacer frente a las acusaciones de corrupción con el lastre de tener su casa echa unos zorros. Con la salida de Luis Pizarro, un activo histórico, los dirigentes del PSOE andaluz entienden que la situación está normalizada y ya se pueden afrontar los asuntos de la agenda pública con mayor tranquilidad y solvencia. En las próximas semanas, el PSOE no sólo intentará defenderse de las acusaciones del PP sino poner el foco en asuntos que afectarían a los populares andaluces y que comprometerían seriamente la legalidad y la ética política.

Griñán también medita en paralelo sobre otro asunto interno que sin duda marcará la agenda. El presidente piensa mantener equidistancia con los dos candidatos a las primarias del PSOE. Acompañará a Rubalcaba y Chacón a cuantos actos protagonicen en Andalucía e intentará así no condicionar el resultado.

Está aún por ver que pueda mantener esa neutralidad hacia el exterior mientras se debe posicionar internamente para que Andalucía –el 28% del PSOE– lidere el proceso. Otro apéndice de la nueva estrategia sería el fenómeno de la recuperación del guerrismo, o mejor dicho, de la figura de Alfonso Guerra como activo para los socialistas andaluces. Bajo la presidencia de Griñán ha sido nombrado Hijo Predilecto de Andalucía y ha multiplicado sus intervenciones de apoyo a los socialistas, sobre todo en Sevilla al auxilio de Juan Espadas. Incluso lo presentará en un foro en Madrid. Se abre, por tanto, una nueva etapa en el PSOE andaluz, que cambia el paso para tomar impulso. Griñán pasa a la ofensiva, pero sólo tendrá éxito si su partido camina unido tras él y los dirigentes dejan de entretenerse en preparar sus propias estrategias para amortizar su figura y administrar la derrota. Ése es hoy el mayor riesgo para el PSOE andaluz.

17
Abr/2011

El alcalde se llamará Juan

La campaña por la alcaldía de Sevilla entra hoy, Domingo de Ramos, en un impasse litúrgico que aparcará los mensajes políticos para multiplicar –como los panes y los peces– los gestos populistas de los candidatos. A partir de hoy no habrá revirá, levantá, igualá, llamá, chicotá, balcón, templo, palco, silla, oficio, seta, vara, medalla, bulla, entrada o salida en la que no veamos a los alcaldables ávidos de dar la mano, besarla, abrazarse, emocionarse e interesarse por el nombre y méritos de cada uno de los hermanos y vecinos de collación. Todos salvo Torrijos –el candidato de IU se trabaja mejor la Feria– tendrán preparado su mini pregón para dirigirse a los costaleros antes de coger el martillo. Desde hoy, Sevilla se abre de capa. La fiesta mayor alza el telón de un escenario privilegiado para dejarse ver y rascar votos en esta atípica precampaña que empezó hace meses y que entrará en su recta final el viernes de farolillos. A partir de hoy, como en la Fórmula Uno, los candidatos deberán cambiar sus neumáticos para jugarse el voto en el territorio de la imagen, no en el de las propuestas. Acudirán a todas las hermandades, sobre todo a las de capa porque saben que estas elecciones se juegan en los barrios. Es ahí donde se decidirá el alcalde de Sevilla, que se llamará Juan. La ventaja es hoy para Juan Ignacio Zoido, al que las encuestas otorgan la mayoría absoluta si hoy se celebraran elecciones municipales en Sevilla.

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Pero quedan aún 35 días y varias cuestiones clave por resolver para Juan Espadas. La principal es el alto porcentaje de sevillanos que apoyaron al PSOE en 2007 y que aún no tienen decidido su voto. Están cabreados, indignados, escarmentados, decepcionados, desmotivados o simplemente indecisos, pero a día de hoy no han renunciado a votar el 22 de mayo. El PP, sin embargo, tiene fijado el voto de más del 80% de sus fieles. La conclusión es que Zoido lo tiene mejor que nunca, aunque hay partido. Sobre todo porque, además de la variable del recuerdo del voto en los sondeos, aún quedan varias incógnitas por desvelar. Pongamos la lupa en algunas de ellas.

En estas elecciones votarán 20.000 sevillanos menos que en 2007 según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), una cantidad suficiente para alterar concejales. La bajada de población sevillana y el aumento de residentes extranjeros en cuatro años ha conformado un nuevo censo electoral tres puntos menor al de hace cuatro años. Los técnicos de los diferentes partidos políticos deberían analizar en qué barrios y clases sociales se ha producido ese descenso.

Esa caída de 20.000 votantes ¿perjudicaría al PP o al PSOE?. Los socialistas saben que, además de los 124.000 votos que obtuvieron en las municipales, hay varios miles de sevillanos que no les votaron y que sí apostaron por el PSOE en las generales y autonómicas de 2008. Juan Espadas intentará pescar en ese caladero, un votante de perfil más moderado, menos ideologizado, que votó en su día al PSOE y volvería a hacerlo si encontrara una motivación contundente. Otro factor a estudiar es si la mala imagen de Zapatero y el desgaste de la marca PSOE influirán en las elecciones municipales, unos comicios de mayor proximidad donde el perfil del candidato juega un papel más importante en relación con las siglas por las que se presenta. Puede que eso sea así en los pueblos, pero en una gran ciudad como Sevilla parece claro a día de hoy que puede influir en el electorado.

El otro factor determinante es el de la judicialización de la política y la imputación del candidato de IU, Rodrigo Torrijos en el caso Mercasevilla. No parece, sin embargo, que la presión suponga un desgaste exagerado para los votantes de IU, que cerró filas en torno a su candidato y apagó pronto las voces internas discordantes o desinformadas que pedían su dimisión. Podría influir más en el votante del PSOE que piense en el pacto de gobierno, una lectura que intenta colar hábilmente el PP para desmovilizar a los socialistas.

Conclusión: Zoido tiene hoy la alcaldía en su mano pero podría perderla mañana si el PSOE activa a su electorado. Es difícil, pero no imposible. El trabajo de las agrupaciones en Sevilla Este, La Macarena y Cerro Amate será determinante. La imagen afable, cercana y populista de Zoido es un activo para los populares, que ansían ya el final del partido. Les sobra el tiempo que le falta a Espadas para demostrar sus cualidades –las tiene de sobra– para ser un buen alcalde de Sevilla.

El PP cuenta también a su favor con un cúmulo de ‘coincidencias’ judiciales que perjudican a PSOE e IU como la imputación de Torrijos a 40 días de las elecciones, el enfrentamiento de la jueza Alaya con la Junta por las actas de los ERE en el que Anticorrupción apoya a Griñán y el insólito hecho de que el ex gerente de Urbanismo, Manuel Marchena lleve desde diciembre sin fecha para poder ir a declarar a los juzgados. El alcalde se llamará Juan y hoy se apellida Zoido. El reto de Espadas está en jugársela a todo o nada en esos barrios y demostrar algo tan real como difícil de explicar en 35 días: que está más capacitado que su adversario para ser alcalde. Y deberá hacerlo entre dos semanas inhábiles en las que Sevilla se olvidará del mundo.

10
Abr/2011

El principio del fin

Por primera vez existe en este país la sensación –tan real como imprevisible– de que el final de ETA está próximo. Ese “principio del fin” al que alude machaconamente Alfredo Pérez Rubalcaba está basado en hechos objetivos. La banda está más debilitada que nunca. La eficaz coordinación de las policías española y francesa ha descabezado la organización varias veces. Los terroristas apenas cuentan ya con ayuda externa y son denunciados en su terreno por cualquiera que advierte un gesto sospechoso. ETA está acorralada en su laberinto, víctima de una profunda división en una huida desesperada hacia adelante y encapuchada bajo unas siglas tan ambiguas que han dividido a los magistrados del Tribunal Supremo. Aquellos que ayer apoyaban la violencia armada desde Batasuna militan hoy en Sortu como Saulo de Tarso. Aparecen en público como hieráticas estatuas de sal petrificadas en su huida de la Gomorra del terror, sin pestañear ni salirse del guión. No piden perdón a las víctimas aunque condenan la violencia. Ese pacifismo plastificado a la desesperada ha roto la unidad de los jueces, que al final han asumido las tesis de la Fiscalía y la Abogacía del Estado para exigir su ilegalización. El Supremo, al impedir que Sortu se presente a las elecciones, ha desmontado cualquier argumento sobre un posible pacto entre Zapatero y los terroristas previo a la cita electoral del 22 de mayo. Diga lo que diga Sortu, a la espera Bildu y de que el Tribunal Constitucional resuelva el recurso, parece evidente que la política no ha influido en un proceso que hoy es competencia exclusiva de los jueces.

PALOMAExiste, sin embargo, un considerable número de magistrados que sí ha visto evidencias de que Sortu ha roto lazos con ETA. Y eso merece una seria reflexión de todos. Tal es la trascendencia del momento histórico que atraviesa la lucha contra el terrorismo en España. Las opiniones reflejadas en ese voto particular explican que en el fallo contrario a Sortu han primado las sensaciones sobre las pruebas. Y en la justicia debe primar lo segundo sobre lo primero para garantizar la justicia efectiva. Los propios jueces, sin embargo, han sido capaces de concluir una cosa y la contraria apoyándose en argumentarios solventes, lo que demuestra la complejidad de la situación y la necesidad de agotar todos los caminos posibles al amparo del Estado de Derecho.

No intentar la paz con este escenario sería terrible para todos. El Gobierno debe explorar todas las vías democráticas posibles –lo avaló el Congreso– para lograr el fin de la lucha armada, siempre con la irrenunciable máxima de la entrega de las armas previa a cualquier acción de Estado en favor del fin del terrorismo. El respeto a los centenares de muertos y sus familias exige firmeza, pero no debe frenar avances. Rescatar el discurso radical de la anterior legislatura y romper la unidad de los demócratas contra ETA es un grave error de estrategia política del PP que devuelve innecesariamente a los asesinos al centro del debate. Cuando mejor nos va contra ETA, cuando más débil está la banda, cuando el Estado de Derecho está funcionando con eficacia contra el terror, el Partido Popular se retrotrae a la anterior legislatura y se queda solo poniendo en riesgo la unidad en la recta final del proceso de paz. Los populares no tienen un solo apoyo político en su estrategia, ni siquiera la de sus compañeros del País Vasco.

Ningún grupo les ha seguido en su ofensiva en el Congreso para torpedear a Rubalcaba por el caso Faisán y las actas de la banda terrorista tras la última tregua. De la mano de Aznar, los populares han vuelto a meterse de cabeza en el lenguaje insondable de las cloacas, equiparando su valor al de unas actas notariales. Y en esa ciénaga todos, también el propio Aznar, tienen mucho que perder. El expresidente lo sabe porque recibió en su día la legitimidad de explorar posibles caminos para la paz con el apoyo de la oposición. El PP intenta ahora demostrar con conjeturas basadas en textos parciales de unos asesinos lo contrario de lo que la realidad está demostrando, que el Gobierno y la Policía ha bajado la guardia pese al anuncio de tregua de ETA. La realidad es otra, está jalonada de continuas detenciones y operaciones de acoso a los terroristas. Ni siquiera el caso Faisán podrá dar alas a los populares por más que la Audiencia Nacional siga viendo indicios de colaboración con banda armada y no de revelación de secreto para salvar a un confidente policial que luchaba contra ETA desde dentro de su estructura.

Otorgar a una banda de terroristas más credibilidad que al Gobierno y erigirse en el Congreso como portavoz de la versión de ETA es, cuando menos, temerario y genera dudas razonables sobre el PP y su obsesión por el pasado por encima del futuro. Sería muy peligroso para Rajoy que la gente piense que al PP le pueda interesar más mantener el problema de ETA que solucionarlo para siempre prestando su apoyo al Gobierno, demostrando altura de miras. La memoria de las víctimas exige ser inflexibles, pero la sociedad española está harta de ETA y no perdonará a un PP radical que hunda la esperanza del fin de la lucha armada que ya casi rozamos con los dedos. Los populares, además, sostienen un discurso contradictorio en Madrid y el País Vasco, donde sí se muestran como una fuerza política decidida a apoyar al Lehendakari en su tarea de lograr un derecho de todos, el valor más noble que puede perseguir la política. Rajoy no debería seguir el discurso de Aznar, pasarse de frenada ni cruzar más líneas rojas. Intentar modificar a conveniencia la realidad con el terrorismo puede salir muy caro. Y el PP lo debería saber mejor que nadie. Le costó el Gobierno.
dsuarez@correoandalucia.es

03
Abr/2011

El PSOE mira a Andalucía

Imagen-Zapatero-Editorial-oFelipe González advirtió recientemente a Zapatero de que cuanto más tiempo pasara sin despejar su futuro, menos margen tendría para ser el dueño de su decisión. El anuncio de ayer no ha extrañado. La sorpresa no ha sido el qué, sino el cómo y sobre todo el cuándo. En el PSOE y la opinión pública se daba por hecho que no repetiría como candidato. Él mismo lo tenía ya claro en Navidad cuando abrió la caja de los truenos con su indiscreción. Posiblemente no tuviera previsto anunciarlo ahora, pero las presiones familiares y las de su propio partido, desatadas por la ofensiva de los socialistas catalanes y el nerviosismo de los barones de Castilla la Mancha y Extremadura ante la inminencia de unas elecciones municipales y autonómicas con una marca PSOE hundida en las encuestas, han precipitado los acontecimientos. Por estas y otras cuestiones, Zapatero no ha sabido manejar su sucesión. Se le ha escapado de las manos. El anuncio de ayer es el mal menor para un partido que ya estaba movilizado internamente en clave de sucesión. La opinión de Sonsoles Espinosa ha tenido mucho peso en el anuncio de Zapatero de limitar a ocho años su mandato, una decisión que tan sólo conocieron José Blanco y Alfredo Pérez Rubalcaba 24 horas antes de producirse, lo que dice mucho de las preferencias de Zapatero respecto a la sucesión. Él, un optimista irredento, pudo llegar a pensar que los primeros indicios de recuperación y económica y un posible final de ETA en sus últimos meses de legislatura podían ser argumentos suficientes para reeditar la confianza de los españoles. También tuvo claro que era imprescindible agotar el mandato para culminar las reformas económicas que apuntalen la senda del crecimiento y alejen el fantasma especulativo de los mercados. Incluso pudo preocuparle que si renunciaba ahora a la reelección, en un contexto internacional tan complicado por la crisis y las revoluciones árabes, España podía verse perjudicada por la interinidad de su gobierno. El escenario, sin embargo, lo ha cambiado todo. Sobre todo en el PSOE, donde los movimientos estratégicos han comenzado a producirse sin demasiados remilgos. Existe un pacto tácito de los posibles candidatos para no tensionar al partido hasta después del 22 de mayo, pero la ofensiva descarada del PSC en torno a la candidatura de Carme Chacón no augura que las aguas vayan a estar calmadas. Fernández Vara y José María Barreda han apurado al máximo para intentar mejorar sus expectativas electorales, pero pueden ser víctimas del efecto boomerang. Si obtienen el 22 de mayo un mal resultado electoral no podrán culpar a Zapatero.

En este momento hay muchas miradas puestas en el PSOE de Andalucía y en el papel que jugará en todo el proceso. Los socialistas andaluces, por su peso y trayectoria, se sitúan ahora en el centro del terreno de juego. El anuncio de Zapatero ha venido a reforzar las tesis de José Antonio Griñán, que planteó la necesidad de que Zapatero debía despejar la incógnita cuanto antes para no generar incertidumbre. Con todo, la lejanía de las elecciones autonómicas ha aligerado la presión. Los socialistas andaluces se sitúan, en principio, junto a Alfredo Pérez Rubalcaba como posible relevo de Zapatero. Tienen claro que la federación de mayor peso y con mejores resultados electorales debe desempeñar en este proceso un papel de centralidad: Y deberán jugar bien sus cartas para dar sentido a un partido federal cuando se abra el proceso democrático. Los socialistas andaluces están llamados a liderar un cambio en el que consideran irrenunciable la presidencia del partido en manos de Andalucía, así como la secretaría federal de política institucional y autonómica. Ambos puestos están hoy representados por los andaluces Manuel Chaves y Gaspar Zarrías. Griñán y Chaves, más allá de sus desavenencias, deberán diseñar ahora un frente común con el que reforzar su protagonismo.

Zapatero se retira porque sabe que hoy resta a la marca PSOE. Su popularidad se ha hundido en las encuestas pese a que en los últimos meses ha actuado como un hombre de Estado, sacrificando esa imagen por el bienestar del país, una tarea ingrata que, como cabía esperar, no ha contado con la colaboración del PP, cuyo líder intensificará de aquí a mayo su discurso de exigir elecciones anticipadas. Rajoy tiene servida en bandeja la estrategia. La decisión de Zapatero ha avalado su tesis de que España tiene un gobierno débil en el momento más complicado de la crisis, con tasas de paro disparadas. Los populares intentarán rentabilizar la situación. Zapatero no tendrá más remedio que aguantar las andanadas y seguir trabajando en las reformas bajo el fuego cruzado de la oposición y sus propios compañeros de filas.

El ambiente puede tornarse irrespirable si, como pronostican todos los sondeos, se produce un descalabro socialista el próximo 22 de mayo. La caída de Zapatero, sin embargo, no empaña los logros cometidos en sus años de gobierno. Su primera legislatura estuvo marcada por los avances en materia de derechos sociales. Irak, homosexuales, educación para la ciudadanía, memoria histórica, aborto y sobre todo la Ley de Dependencia, han visualizado las políticas progresistas de igualdad de derechos para los españoles. La negación de la crisis y los errores al hacerle frente se sitúan en el debe de su gestión y en el origen de su abandono.

En principio, Rubalcaba y Chacón se disputarán la candidatura socialista a la presidencia del Gobierno, si bien la segunda aún debe convencer de que es capaz de conseguir el 25% de los apoyos necesarios para abrir un proceso de primarias. El PSOE inicia hoy un camino tortuoso. Un desafío que culminará en marzo de 2012 y en el que Andalucía deberá jugar un papel principal.