Hay decisiones que marcan una vida. Otras como las que hemos vivido en la tarde de esta Lunes Santo lo hacen con la dignidad y el buen hacer de lo que debe ser la estación de penitencia de una cofradía. Es cierto que a toro pasado y con los pies aún húmedos de los fuertes aguaceros que nos han sorprendido por las calles de Sevilla puede resultar demasiado fácil hablar, pero la realidad es que la ciudad ha vivido una jornada de Semana Santa marcada por una serie de decisiones que cuanto menos han generado cierta controversia entre los cofrades. En la suma final del día nos encontramos con dos hermandades destrozadas en medio de la calle, con su cortejo azotado por una inmensa manta de agua, con imágenes de pasos acelerando su andar para refugiarse en los templos más cercanos…y así hasta sinfín de instantes para el olvido.
Lo primero que llama poderosamente la atención es que en el mismo espacio de tiempo, y supuestamente manejando las hermandades los mismos partes meteorológicos, haya cofradías que opten por salir y otras por suspender sus estaciones de penitencia. Claro que ningún hermano mayor ni junta que se precie quiere que sus titulares se mojen, eso por descontado, pero hay decisiones que chocan con los criterios de coherencia y responsabilidad que se antojan necesarios para tomar las riendas de una corporación. Y es que un riesgo del 70% de precipitaciones no puede entenderse como que hay un 30% de que no llueve. Todo lo contrario. Porque al final, lo que ocurre, es que se suceden situaciones límite como las de este Lunes Santo.
A todas luces, las decisiones de San Gonzalo y la Redención han sido equivocadas. Aunque sin duda lo peor han sido ciertos comentarios, no surgidos entre los dirigentes de las hermandades sino entre los cofrades de a pie, de que sobre los valientes no se ha escrito nada. Mucho cuidado con considerar el patrimonio artístico y humano como algo tan banal como para jugárnoslo todo a una carta y tirar para adelante como si no quisiéramos aceptar la realidad. La lluvia es un tormento, pero si llueve lo mejor que pueden hacer nuestras hermandades es suspender sus estaciones de penitencia de una forma digna y señorial. Para muestra, las palabras de esta mañana del hermano mayor de Santa Genoveva. Coherencia en estado puro.
Con el daño hecho también hay formas muy distintas de enmendar un error. En el primer claro que hubo, la hermandad de la Redención regresó a su templo. Prometió hacerlo a tambor, aunque al final la entrada del paso de palio se alargó más de lo previsto y sus costaleros se recrearon, tal vez en exceso, en los últimos metros de recorrido. Pero lo que nadie se explica es que con una tregua de más de tres horas la hermandad de San Gonzalo haya decidido alargar la agonía de su exilio compartido y no regresar hasta su templo, poniéndole el punto y final a una jornada para olvidar. En el aire queda si aquella advertencia del arzobispo, indicando que en casos como estos las hermandades deberían regresar en andas y en traslado a sus iglesias, se cumplirá o será papel mojado.
Con todo, la jornada terminó con otra decisión que también generó cierta controversia. La hermandad de la Veracruz optó por realizar su estación de penitencia sin los pasos. La imagen del crucificado y la Virgen de las Tristezas se quedaron en la capilla de la corporación mientras sus nazarenos acompañaron a la reliquia del Lignum Crucis hasta la Santa Iglesia Catedral. Hace unos años, cuando el hermano mayor de Pasión, Javier Criado, planteó esta posibilidad, la Sevilla cofrade se llevó las manos a la cabeza y pareció no entenderlo. Este Lunes Santo todo han sido parabienes para la decisión de Veracruz. Doctores tiene la Iglesia. Sinceramente, ver su discurrir por la calle ha sido de impresión. A mi, personalmente, ha sido algo que me ha llenado interiormente, pero se ha abierto una puerta a otra Semana Santa que no sabemos el recorrido que tendrá.
Lo peor…ver cientos de nazarenos empapados en medio de la nada. Hay decisiones duras, muy duras, pero en estas ocasiones se antoja fundamental decidir desde la razón y no desde los sentimientos que dicta el corazón.
La tarde de ilusiones por ver a los primeros nazarenos por las calles de Sevilla acabó por trastocarse a causa de la llegada de las anunciadas lluvias. Aunque los pronósticos ya mostraban una situación de inestabilidad nada propicia para la salida de las seis hermandades de la jornada, la ciudad esperaba ansiosa la llegada de un Viernes de Dolores en el que la larga espera, tras una Semana Santa frustrante como la de 2011, diera paso a unos días de gozo en los que los sevillanos pudieran disfrutar de sus cofradías plenamente. Pero no fue así. La lluvia se empeñó en empapar una tarde en la que según avanzaban los minutos el cielo se iba tornando en un color gris plomizo que auguraba los peores presagios.
Las previsiones no fallaron. En torno a las seis de la tarde, hora fijada para que iniciaran su estación de penitencia los cortejos de Pino Montano, La Misión y Padre Pio, las primeras gotas comenzaron a caer sobre la ciudad. Lo que en un principio fueron chubascos dispersos acabó por convertirse en fuertes precipitaciones que llevaron el desasosiego y la desesperanza a los barrios que estaban llamados a vivir su gran día de fiesta. Aunque la primera reacción de estas tres hermandades fue pedir una prórroga para esperar un cambio meteorológico, la hermandad de Padre Pío se desmarcaría pronto al decidir la suspensión de su estación de penitencia. Por el contrario, tanto en Pino Montano como Heliópilis, los retrasos pedidos por sus juntas de gobierno dejaban paso a una ilusión contenida que se fue apagando según avanzaban los minutos.
En torno a las ocho de la tarde, con la lluvia arreciando en la ciudad, dos hermandades que manejaban los mismos pronósticos tomaron decisiones contrarias. En Heliópolis, el hermano mayor de La Misión anunciaba a sus hermanos la suspensión de la estación de penitencia. Eso sí, citándolos “para el Viernes de Dolores u otro día” de cara al año que viene, en clara referencia a la intención de la corporación de incorporarse a la nómina de la Semana Santa. Pero no todo fue desilusión. A pesar de la lluvia, la hermandad de Pino Montano comenzó a formar sus tramos en el interior de la parroquia de San Isidro Labrador y la cofradía se puso en la calle con la lluvia arreciando sobre sus primeros nazarenos. El barrio estallaba en una profunda ovación por la dosis de valentía que regalaba la hermandad.
Mientras las redes sociales ardían en valoraciones sobre estas dos decisiones coincidentes en el tiempo pero totalmente alejadas en cuanto a la interpretación de los partes, la hermandad de Bellavista se sumó a la ímpetu de Pino Montano y puso a sus nazarenos en la calle. Por aquel entonces ya anochecía en la ciudad y parecía que, a pesar de las previsiones, la jornada del Viernes de Dolores podía acabar por arreglarse. Sin embargo, casi sin demora en su horario oficial, las juntas de gobierno de Pasión y Muerte y el Cristo de la Corona anunciaban la suspensión de sus estaciones de penitencia. Un fuerte aguacero previsto para las diez de la noche era el responsable de esta decisión.
Con cuatro hermandades de la jornada en sus templos, la atención se centró en dos barrios: Pino Montano y Bellavista. El incesante goteo de lluvia no impedía que los cortejos continuasen avanzado por un recorrido improvisado en el que no faltó el respaldo del público y las lágrimas de cuantos veían tan sólo unas horas antes que su salida por las calles de Sevilla era prácticamente una quimera. Pero el sueño duró poco. Las previsiones volvieron a clavar los horarios y pocos minutos después de las diez de la noche la lluvia volvía a hacerse presente.
La desesperanza ganó la partida y ambas hermandades decidieron regresar. Imágenes tristes. Llegaron los llantos, las carreras, los aplausos, las cofradías desmontadas. Y todo narrado con lujo de detalles gracias a la inmediatez que ofrecía esta primera Semana Santa contada a través de Twitter, aunque no sin algún que otro rumor sin contrastar que encendía las alarmas a eso de las primeras horas de la tarde. Bajo un fuerte aguacero, las dos hermandades que intentaron salvar la jornada regresaron a sus templos para poner el punto y final a un Viernes de Dolores aciago y para el olvido.
En el aire quedó la misma reflexión de cada año: ¿cómo es posible que si las seis hermandades manejaban los mismos partes meteorológicos, sólo dos de ellas decidieran echarse a la calle? ¿Valentía o irresponsabilidad? Al final el tiempo, y nunca mejor dicho lo del tiempo, en este caso atmosférico, demostró que tanta demora en las salidas y el hecho de poner en juego el patrimonio humano y artístico de una hermandad no debe ser algo que se tome a la ligera. Las consecuencias posteriores son imágenes muy tristes que pudierom haberse evitado. Lo que si es seguro es que la lluvia ganó la partida a la ilusión. Y lo peor es que según parece esto no ha hecho más que comenzar.
Aquí está. Definitivamente los caprichos del calendario han traído esta amanecida una nueva Cuaresma hasta nuestra ciudad, que ya desde anoche se mostraba ansiosa de celebrar una víspera que para muchos es bastante más enriquecedora que la propia Semana Santa. Aún así, supongo que a estas alturas no le habrá pillado por sorpresa el advenimiento de una celebración cristiana que aquí se ha dejado notar prácticamente desde primeros de año. Y es que si no han caido en la cuenta de su llegada no será por la cantidad de certámenes de bandas (hasta en las Setas), ensayos de costaleros, montajes, besamanos, víacrucis, cultos, programas, carteles, presentaciones y así hasta donde la imaginación del cofrade alcance que se han celebrado en esta ciudad. Hasta he visto celebrar la ‘precuaresma’ de la que, sinceramente, no había escuchado hablar en mi vida.
Lo cierto es que, más allá de esta breve radiografía del momento, se nos presentan cuarenta días en los que el pulso del corazón de los sevillanos se irá disparando según avancen las noches. Más allá de ello, no hay duda de que entre las calles de esta ciudad ya se va notando poco a poco ese cierto regusto de una primavera anticipada, de días que se van alargando silenciosamente, sin que se note, como si se tratara de una de esas chicotás eternas que cada uno guarda en el rincón privilegiado de su recuerdo. Eso, la víspera vivida desde la nostalgia y el anhelo parece que será lo único que marque este año la espera.
Informativamente hablando vuelve a esperarse una Cuaresma tranquila. Los grandes temas parecen a estas alturas zanjados y salvo que a alguna hermandad se le ocurra tomar por la calle del medio en sus aspiraciones, todo será calma y sosiego. Y claro, este escenario invita a que comencemos a vivir unos días llenos de suposiciones: si la Misión tendrá hueco el Martes Santo, si caben más hermandades en la Semana Santa, si habrá que modificar una infinidad de itinerarios cuando el Metro levante la ciudad, si 400 metros son muchos o pocos para Pino Montano, si habrá dupla de candidatos en el Consejo, si…
Tengo la sensación de que con el paso de los años y el aumento de la información vinculada a las cofradías que ha habido en los medios de comunicación de esta ciudad las hermandades tienen la lección bastante bien aprendida. Me explico. Hace unos años era muy frecuente desayunar con grandes titulares que llenaban las pocas páginas cofrades que se publicaban en la prensa, algunos disparatados, pero que las propias hermandades filtraban para tener notoriedad. Ahora todo está masificado. Se habla de cofradías todo el año, hay una demanda impresionante de información por el público y la oferta que los ciudadanos tienen es cada vez mayor. Con la lección aprendida a base de cuaresmas casi escandalosas, las cofradías han cerrado el grifo de la información y prefieren ser lo menos protagonistas posibles de la víspera. Y ojo, no dejemos de lado a aquellos medios que por su forma particular de tratar la información han creado rechazo en las hermandades.
Yo aún así, y mirando el azul que inunda hoy el cielo de Sevilla, no me resisto a volver a vivir mi Cuaresma de siempre. Me atrevo incluso a darles un consejo. Salgan a la calle, disfruten de esta ciudad, tomen los templos dormidos en la espera…vivan la víspera. Y después, cuando pasen estos cuarenta días, quédense con el regusto de las emociones que han levantado su corazón, con el besamanos que más le impresionó o con esa túnica que aguarda en un armario a que el mismo calendario caprichoso que hoy nos ha despertado en el Miércoles de Ceniza la despierte en el día de su estación de penitencia.
¡Feliz Cuaresma!
La llegada de las fechas precuaresmales ha vuelto a despertar el espíritu de rebelión en algunas de nuestras hermandades de vísperas. Lo tienen bastante claro. La Misión y Pino Montano ya han presentado sus credenciales para su incorporación a la nómina de la Semana Santa y claro, con lo ajustado de los horarios de todas las jornadas, la papeleta circula ahora en los aledaños de la calle San Gregorio. Urge una respuesta clara, certera, aunque con el año electoral que se avecina parece que el Consejo, con su presidente Adolfo Arenas a la cabeza, no se atreve a echar el candado que ciertos sectores cofrades ya demandan.
Por partes. Las pretensiones de la hermandad de La Misión no son nuevas y ya forman parte de esas reivindicaciones cuasi históricas que están llamadas a prolongarse durante años en el tiempo hasta que alguien, y permítanme el simil, coja el toro por los cuernos. Su deseo pasa por la tarde del Martes Santo -a su juicio la jornada donde mejor encajarían- pero la realidad es que desde el Consejo sólo se han limitado a dar un acuse de recibo a su solicitud. Lo suyo es cuestión de tiempo. De cuánto tiempo, eso es lo que nadie sabe. Aunque sus credenciales están a estas alturas más que demostradas, por la madurez de su cortejo y su respaldo institucional.
El asunto queda algo más en el aire en el caso de Pino Montano. Para los cofrades del Viernes de Dolores parece que la distancia no es motivo suficiente para resignarse al sueño de llegar a la Catedral cuando la hermandad alcance la madurez necesaria. Hace unos días que su hermano mayor, Ramón Borreguero, se marcaba un plazo de unos tres o cuatro años. 2015 es su horizonte, aunque lo cierto es que la presión de sus palabras se desinfló cuando días después aseguraba que eso de poner una fecha era sólo anecdótico. Sea cuando sea, sus intenciones son claras e incluso tienen elaborado varios informes horarios que respaldan su inclusión en distintos días de la Semana Santa. Ni las 14 horas de recorrido, ni el respaldo de su barrio nisiquiera la barrera moral de la SE-30 han sido capaces de frenar sus intenciones.
Con todo, al Consejo se le presenta una papeleta en pleno año electoral que no aparecía ni en los peores sueños de Arenas. Ahora es momento de que su presidente muestre un mensaje claro y certero en el que quede clara la voluntad de la institución sobre estos movimientos a los que en breve se podrían sumar -no lo duden- la mayoría de cofradías de vísperas a las que la distancia se lo permite.
Los primeros mensajes de Arenas no son nada claros. Todo lo contrario. Sus declaraciones cierran la puerta en el presente pero dejan un resquicio de aires nuevos de cara al futuro que no convencen ni a los aspirantes ni a aquellos que piensan que ya no cabe nadie más. Y el hecho de que en junio se presente una nueva batalla electoral no ayuda en nada a que desde el Consejo se le pongan vallas a este campo.
Ya tenemos fumata blanca. El Consejo ha hecho oficial aquello que en esta ciudad se sabía desde hacía mucho tiempo. A saber, que el cartelista de la Semana Santa será Dubé de Luque, que el pregonero será Ignacio Pérez Franco, y que la imagen que presidirá el Víacrucis del primer lunes de Cuaresma será la del Cristo de la Salud de la hermandad de la Candeleria. Pues vaya noticia, dirán algunos. Y es que no es para menos. En un año en el que el Consejo parece estar más pendiente de otros asuntos (véase el tema de los estatutos para los que esta semana termina el periodo de alegaciones de las hermandades), la decisión era ya tan conocida que uno parecía tener la sensación de que todo el proceso de elección no dejaba de ser una puesta en escena cada vez más carente de sentido.
Porque verdaderamente, qué sentido tiene marcar unos plazos en un calendario, formalizar una votación al respecto y mantener en vilo las esperanzas e ilusiones de los cofrades de esta ciudad, para luego acabar haciendo lo que todo el mundo espera que se haga. Sin valentía, sin complicaciones y sin lugar a la sorpresa. Que como pensarán algunos allá por la calle San Gregorio: “bastantes sobresaltos hemos tenido este año y los que aún nos quedan como para ahora jugárnosla en estas decisiones”.
Y no puedo compartirlo. No llego a entender como una institución como el Consejo de Cofradías de esta ciudad puede acabar entrando en la rueda de la mediocridad (ojo que no lo digo por los elegidos) y dejarse llevar por las decisiones de término medio, esas que no dicen nada ni para lo bueno ni para lo malo, sino que pasan sin pena ni gloria por el extenso libro de la historia de nuestras hermandades. Y que conste que no pongo en jaque la valía del cartelista, pues tengo claro que Dubé hará una gran obra, la misma que podría haber hecho hace diez años, porque su elección suena a ese candidato que siempre estuvo ahí y sobre el que nadie levantará la voz de la polémica.
Lo mismo ocurre con el pregonero. Por las veces que uno ha podido escucharlo y tratar con él, no me cabe la menor duda de que el suyo será un texto lleno de sevillanía, de ésos que pegan un pellizco al alma cuando recorre las calles de la ciudad, el perfil de una imagen o la filigrana de la artesanía. Pero que conste que su pregón llega tarde, porque echando la vista atrás unos años y viendo el tipo de pregones que han pasado por el atril del Maestranza hubiera sido merecedor de este honor con mucha más antelación. Y es que en su caso, como en el de Dubé, su elección suena a previsible y demasiado segura.
Y el cúlmen llegó anoche. Mientras Rubalcaba y Rajoy se enfrascaban en un debate que poco aportaba y sobre todo demasiado previsible, el Consejo hacía lo propio: tomar una decisión demasiado previsible y ya conocida por todos. Con la elección del Cristo de la Salud de la hermandad de la Candelaria para presidir el Víacrucis del primer lunes de Cuaresma, las redes sociales y los foros cofrades se llenaban de una crítica directa y sin tapujos al Consejo por su falta de valentía. Felicidades a los hermanos de la corporación del Martes Santo, por cierto que esperaban la noticia en la casa de hermandad conscientes de que el teléfono iba a sonar seguro, pero se extrañó un cambio de rumbo tan valiente como el que llevó el pasado año al Soberano Poder de San Gonzalo a la Catedral cuando en el Museo ya lo daban por hecho. Ni siquiera los que dispararon al Miércoles Santo a última hora sacaron del tedio a una institución que sigue buscando su rumbo en la previsibilidad.
Con todo y, al margen de las decisiones, el otro gran problema viene dado por las supuestas filtraciones. No es de recibo que el Consejo mantenga detro de su jerarquía a ciertas personas que se dedican a hacer públicas estas decisiones antes de que sean oficiales. Primero, porque se supone que hasta el día de la elección todo son conjeturas y no decisiones que ya se llevan más que cerradas por diversos intereses, y segundo, porque rebasa las fronteras de la lógica que una institución en la que están representadas todas nuestras hermandades cuente entre sus miembros con personas que levantan un teléfono para hacer públicos determinados asuntos que no hacen más que menoscabar su imagen y la de la Semana Santa. Deberían hacérselo mirar.
Ahora que la actualidad de nuestras hermandades pasa por uno de esos periodos de predicación en el desierto me vienen a la mente una serie de reflexiones que quiero compartir con vosotros, mis queridos y siempre fieles lectores. No me resisto, quizás por eso de tener 26 años recién cumplidos, a claudicar con el concepto retrógrado y ajeno a la realidad social que nos rodea de que en las hermandades y cofradías ya está todo inventado o de que debemos responder a una serie de cánones con siglos de tradición que esta Sevilla ombliguista ha grabado a fuego en el protocolo interno de los que somos partícipes de un modo u otro de esta maravilla de la creación que es la Semana Santa.
El inmovilismo cofrade, entendido como la obligatoriedad de dejarlo todo como está porque así se viene haciendo por tradición, es un concepto que cada día hace más daño a nuestras hermandades. Las coarta, las limita y las priva del ímpetu que les regalan algunas almas frescas que inundan sus apolilladas estructuras y que acaban siendo consumidas por el carácter tradicionalista que las configura. No es una ofensa, que nadie lo entienda así. Me confieso, porque lo sabéis, como un enamorado de nuestras cofradías, de sus imágenes, de su historia, de sus gentes, pero no puedo llegar a concebir que un grupo humano, con tantísimas posibilidades como tienen las juntas de gobierno o los hermanos en general, se conforme con lo que tiene a su alrededor (que no es poco) y no haga nacer en sí la valentía de querer seguir mejorando las cosas, sólo y exclusivamente, y eso que quede bastante claro, por lo que debe ser el bien de la hermandad, nunca por alcanzar metas personales.
Considero que hay varios factores que pueden llevar a ello. Y con esto tampoco quiero decir que sea un ‘mal’ que afecte a toda las cofradías, aunque sí a buena parte de ellas o a los responsables de muchas. Entre la causas (cada uno que se analice) me resisto a omitir la del miedo al qué dirán. Es cierto que los miembros de las hermandades no actúan por ellos mismos sino en el nombre de la institución a la que representan, pero no debemos olvidar que cruzarse de brazos por el revuelo que pueda provocar en la opinión pública una decisión es un acto mucho más grave (por omisión) que actuar y equivocarse. Son personas, somos personas, y por ello se presupone, se entiende y se acepta la posibilidad de errar. Fallar por valentía, pero nunca por dejar las cosas como están.
Ahora que nace un nuevo curso, que los cultos reviven en nuestros templos, que las imágenes despiertan entre oraciones y que la vida vuelve a cada rincón del alma cofrade, es hora de mirar en nuestro interior, ése que se encoge cuando el pulso de cada año vuelve a anunciar que llega la Cuaresma, se acelera, y brota la pasión en nuestros corazones. Ahora toca despertar, mirar al frente y ser valientes. Nuestras hermandades, por las que trabajamos y luchamos, necesitan un paso más: la valentía de mirar con paso firme al futuro. Sin duda, las generaciones del mañana agadecerán que los cofrades de este tiempo hagamos lo que hicieron nuestros antepasados y gracias a lo cual Sevilla disfruta hoy día de la Semana Santa más maravillosa del mundo.
Hace un año te esperaba nervioso, como cada Madrugada de aquellos años en los que mi infancia se vestía con el merino de tu túnica y el terciopelo de tu antifaz en la espera eterna de la parroquia de San Gil. Te esperaba y también lo hacía Sevilla, la ciudad que en una primavera de septiembre se había vuelto a poner guapa para recibir a su Madre, a la Esperanza de los sevillanos, en su camino de sueños y gloria por el viejo arrabal que la Roma con más gracia le regalara a Híspalis llamándola Macarena.
Te esperaba en San Gil, con mi cirio encendido en la mano, con la ilusión de volver a ser una de esas llamas que te precede en la noche hermosa de cada Madrugada. Ésta, la de septiembre, con el aroma especial a nardos que te engalanaba, con el perfil de tu corona reflejada bajo el Arco sin que ningún palio te cobijara, con el anhelo de varales que mecieran tu belleza, pero con el cariño desbordado de un barrio, de una ciudad entera, que apostada en la explanada que atesora tu grandeza aguardaba que el Carmen de Salteras marcara la marcha de tu coronación, como la imaginó Braña, para fundirte entre los vivas que el alma mostraba entre lágrimas de pureza. Y allí, todo era silencio hasta que llegaste. Hasta que Sevilla volvió a derbordarse con la Esperanza que irradia tu sola presencia.
Hace un año te esperaban tus vecinos de la Macarena. Humildad que se hacía devoción en balcones con mantones y fotografías que mostraban tu belleza. Soñaban con verte Don Fadrique, Las Golondrinas, La Palmilla, Las Avenidas y un sinfín de calles de edificios de altura que quedaron empequeñecidos ante tu presencia. Todo sonaba a Macarena, todo sabía a la fe de sevillanos de pelo blanco y una larga vida a sus espaldas que se emocionaron al ver a la Virgen de sus oraciones repartiendo Esperanza junto a sus hogares. Hace un año, Sevilla y tu barrio soñaron con verte y despertaron sabiendo que era cierta tu llegada.
Hace un año que un parque entero se vistió de gala para abrirte sus puertas, que el Guadalquivir de plata fue el cauce de miles de personas que te llevaron en volandas por el Puente del Alamillo, ése al que tu presencia llegó a hacer cofrade, ése en el que sus tirantes mecían tu paso, haciendo de varales de grandeza, que te llevaron desde Sevilla hacia la isla que se convirtió en la casa de la Esperanza Cartujana. Tu banda sonora fueron el canto de los pajarillos, tu luz la de una amanecida que te regaló la ciudad entre el verde de sus campos y tu paso el resplandor de una jornada que se presumía única en los corazones de los sevillanos.
Hace un año que un estadio se puso en pie para verte llegar, que sus aplausos tronaron en una acción de gracias que te felicitaba por ser Tú, Madre de los Macarenos, la que desafiando comentarios, críticas y demás, te hiciste una monja más de las que siguieron a Madre Angelita para acompañar a una ciudad en el día en que se convertía en beata la humildad de Madre María de la Purísima. Hace un año que las Hermanas de la Cruz te cantaron “por ser la Reina”, por ser la luz, por ser la alegría, por ser la mañana, por ser Sevilla y por ser su Esperanza.
Hace un año que regresastes al templo, un año que se apagaron las luces de tu candelería, que se ahogó el aroma de tus flores, que se perdió la bulla que te seguía, que se quitaron colgaduras de los balcones, que regresaron a su pared las fotografías, que el parque llora por no verte, que el Estadio sueña con ese día, que el Hospital es más tuyo que nunca, que sus enfermos saben que hay mucha vida, que tus murallas confundieron un mes de septiembre con la primavera en que tu palio se pasea por Sevilla. Hace un año que quisiste ser humilde como ellas, ser monja de cal blanca, Esperanza de la entrega. Hace un año Macarena que la ciudad soñó con la Madrugada eterna. Bendita seas por eso, por tu sola presencia, ésa que demostró al mundo que tú y sólo tu eres la Reina.
A aquellos que se aventuran a decir que el curso cofrade de las hermandades de Sevilla acaba con el Corpus, les invitaría a bucear en la amplia agenda de cultos y actividades que muchas de nuestras cofradías tienen durante el verano. El pasado martes, las hermandades de Los Gitanos y Los Panaderos se encontraron en la sede del Arzobispado para celebrar un acto hermoso, ya de sobra conocido por todos, en el que la corporación de la Madrugá hizo entrega a Emilio Santiago -a la postre hermano mayor de la cofradía de la calle Orfila- del cirio de los donantes de órganos. Hermoso gesto para que esa vela prenda de un modo especial durante la travesía del palio de la Virgen de Regla por las calles de Madrid.
Fue curioso observar la expectación que provocó el acto entre los cofrades de Sevilla. Minutos antes de que comenzara, se vaticinaba un revuelo de capillitas en la Plaza Virgen de los Reyes. Se notaba la llegada del verano en las conversaciones previas y en el moreno de piel de más de un miembro del Consejo de Cofradías. Hay que ver cómo les cambia la cara cuando la presión de las hermandades se viene abajo. Pero a lo que íbamos. Asenjo recibía en las puertas de su casa, aunque él dijo que era más bien “la casa de todos los sevillanos”, a los cientos de cofrades que poblaron la capilla del Arzobispado.
La verdad que nadie se imaginaba tanta expectación. Hubo alguno que otro, como el hermano mayor de la Estrella, Manuel Domínuez del Barco, que manifestó su impresión al ver a tanta gente. “Yo creía que esto era un acto más intimo”, comentaba a su entrada en la capilla. El obispo estuvo atento a todo. Saludó uno a uno a los que llegaban, nombró a los hermanos mayores presentes antes de su intervención inicial. A todos menos al del Sol, Juan Luis Amaro, del que tuvieron que recordarle que estaba presente. Y es que eso de quedarse al fondo de la capilla le jugó una mala pasada.
En su intervención, el obispo estuvo claro, sensato y evitando términos que pudieran meterle en algún que otro lío. Pero como la cabra tira al monte -sin ánimo de ofender, claro está- no pudo evitar la tentación de recordarle al hermano mayor de la Esperanza de Triana sus desvelos para que el Cristo de las Tres Caídas estuviera en Madrid durante la visita del Papa. Unas declaraciones que provocaron más de una sonrisa entre la mayoría de los presentes y alguna que otra cara de circunstancia.
El acto fue breve y conciso, no requería más. Aunque estuvo a punto de no poder celebrarse. No se asusten, no pasó nada grave. Cuando todo el público subía las escalaras hacia la capilla, el hermano mayor de Los Gitanos, José Moreno, corría en dirección contraria hacia la entrada del Arzobispado. Las miradas de todos era de sorpresa. ¿Qué ocurrió?, lo más simple. Se había olviodado el cirio de los donantes de órganos en la recepción de la casa. Despistes del verano.
A la salida todos se saludaban afectuosamente. Charlando marchaban Manuel Soria y Domínguel del Barco. ¿Estarían concretando algún aspecto del monumento al Papa Juan Pablo II? ¿Quizás su ubicación? Seguiremos informando…
La semana pasada se escenificó uno de esos momentos tejidos a forma y gusto de la doctrina macarena. Tres centurias de gente del Arco cruzaron las murallas para reencontrarse entre los muros, para nada centenarios, de un moderno hotel de la híspalis nervionorum. Allí, y lo repito, tocaba escenificar el agradecimiento de toda una hermandad a dos figuras históricas, fundamentalmente por el paso de los años, de la corporación de San Gil.
Dos nombres propios: Miguel Loreto e Ignacio Guillermo Prieto. Dos figuras históricas que encarnaban la despedida, el fin de una etapa en la hermandad de la Macarena que había seguido caminos muy distintos. Vaya por delante mi enhorabuena a estas dos personas por la labor desarrollada durante años en sus menesteres, nada sencillos, pero llenos de una hermosura que muchos hubieran deseado poder ostentar aunque fuera sólo por un instante.
Se marcha Miguel Loreto, ahora sí de verdad. Muchos creían que la frustada estación de penitencia de la última Madrugá podría abrir la puerta a un año de prórroga desde la junta de gobierno, pero es que ya iban demasiados. Miguel se marcha con el beneplácito de todos. En el Arco se sabía y se sabe que esta solución, de una salida por la puerta grande, con un homenaje en su honor, era la forma más aireada de marcharse con la cabeza bien alta tras tantos años como capataz del Sentencia. Menudo honor.
La clave está ahora y como siempre en quién vendrá detrás. Y es que esta ciudad es única para eso de a rey muerto rey puesto. Si uno piensa con cierta maldad, no es difícil imaginar que un buen puñado de asistentes a su homenaje estaban por allí buscando el sí quiero de la junta de gobierno a ser los sustitutos. Gran misterio, pues poco se sabe, aunque se intuye mucho. La doctrina macarena dicta que hasta que los zancos de la Virgen del Rosario no se posen en la Basílica en octubre no habrá fumata blanca sobre los nombramientos de los capataces para la Semana Santa de 2012. Pero quizás la presión popular pueda adelantarlo todo.
Si la lógica imperase, Antonio Santiago, actual capataz general de la cofradía, debería asumir la responsabilidad de ambos pasos, y hacerlo de verdad. En este caso, Ernesto Sanguino sería el capataz del misterio de la Sentencia, y gente de su equipo tomaría la responsabilidad de la cuadrilla. Demasiado fácil. Y es que en la Macarena ya hay quien piensa que lo mejor sería que un “hombre de la casa”, salido de sus trabajaderas, tocara el martillo la próxima Madrugá. Es ésta, a día de hoy, la opción que cobra más sentido, aunque hay alguna sorpresa que asoma con muchísima fuerza en las quinielas. Su nombramiento depende exclusivamente de la valentía que demuestre la junta de gobierno, porque si fuera por él…
A Ignacio Guillermo Prieto lo arropó toda su centuria. Del primero al último, con lanzas y nagüetas, hasta la gandinga… Se marcha porque toca, detrás de él llegará Fernado Vaz, o eso es lo que se desprende de los últimos movimientos en el Atrio. Y todo esto en pleno julio sevillano. Para que luego digan que aquí, cuando se acaban la música, la gente no quiere saber nada de cofradías. Que viva la víspera!
Se apagan las luces de los templos, se cierran sus puertas… La inmensidad se hace cada vez mayor en el alma inerte de unos muros centenarios que ahora, con la llegada del verano, dormitan en el sueño de los despiertos que los habrá de llevar a vivir la llegada de un nuevo curso cofrade. No es el fin. Es el más hermoso comienzo de esos días en los que alma da un vuelco en forma de nube de incienso, de cera derretida, de altares que renacen, de pasión que rezuma de lo más profundo del ser cofrade.
¿No sé si han vivido esta experiencia? Es un regalo poder disfrutar de la inmensidad de un templo desde la soledad que se respira en estas fechas. El silencio que los llena resuena con estruendo en la esperanza de cada anhelo. No hay prisas para montar una cofradía, ya no hay noches en vela esperando el montaje de un altar en plena Cuaresna, no hay hermanos, y los que quedan, no son más que el fiel reflejo de lo que fue la hermandad hasta que el capricho del calendario puso el fin a la hoja de ruta del curso cofrade.
Y ahí, entre tanto, sólo quedan ellos y tú. Para qué mas. Queda el reflejo de la devoción enraizada en el amor a un Cristo que revive cuando se apagan las luces y la cera de la candelería deja de arder. Los rezos se entrelazan en el pañuelo humilde que vuelve a sus manos cada verano. Sencillo en su hechura, inmenso en el cariño que atesoraban las manos añejas que lo tejieron. Es la mirada de la Madre que no se apaga por mucho que se ahogue su alrededor.
A eso te invito. A que busques el encuentro de este tiempo en que la pasión cofrade gana en el encanto de la soledad. Ahora comienza la víspera eterna que nunca muere en el alma de los sevillanos. Ahí también está la Semana que hace grande a esta ciudad, en la pequeñez de una chicotá, aunque ya no haya bandas de música, ni pasos, ni costaleros, ni nada superfluo que lo aderece. Solos tú y ellos. Para qué mas…
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