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Ago/2015

La guerra de los chaqués

CORPUS CHRISTILa propuesta, aún no resuelta, del alcalde socialista de Sevilla, Juan Espadas, de regular la participación de los concejales de la Corporación Municipal en la próxima procesión de la Virgen de los Reyes, limitando la representación corporativa a un máximo de trece miembros –el regidor, dos tenientes de alcalde y dos ediles por cada una de las cinco formaciones políticas– se ha topado de frente con la negativa del principal partido de la oposición. Los populares, que durante los últimos cuatro años de gobierno siempre lograron sacar músculo de su mayoritaria y abrumadora asistencia a las tradicionales celebraciones religiosas de la ciudad, se muestran abiertamente contrarios a esta limitación, apelan al derecho de cada concejal a decidir libremente si aceptan o no la invitación que cursa el Cabildo Catedral y amagan incluso con la insumisión en caso de que el alcalde no dé marcha atrás a esta propuesta. Desde las filas del gobierno, por su parte, defienden que esta medida –que en la práctica siempre garantizaría la mayoría absoluta de concejales al PSOE, que contaría con hasta cinco representantes frente a un máximo de dos de los otros grupos– sólo persigue dimensionar la representación municipal en una procesión en la que el protagonismo debe recaer sobre la festividad de la Patrona de Sevilla y su Archidiócesis y no sobre las comparaciones numéricas, tan del gusto de las crónicas periodísticas, de los integrantes de la pasarela política.
Para unos, el PSOE sólo pretende esconder las vergüenzas de la siempre reducida asistencia de sus concejales a los actos religiosos, mientras que para otros, el PP persigue sacar rédito político de una «polémica barata» apropiándose de la devoción que despierta la Virgen de los Reyes en miles de sevillanos. El asunto, convertido ya en casus belli para los dos principales partidos del Ayuntamiento y que tiene visos de erigirse en la comidilla de los prolegómenos de la procesión de la Patrona, ha robado ya suficientes titulares de prensa como para que el que fuera concejal del Ayuntamiento de Sevilla en los años noventa, el andalucista José Hurtado Sánchez, abriera un nuevo capítulo de su libro Las Cofradías y la Política (Munarco, 1999).
Se sorprenderían si conocieran que no es la primera vez que socialistas y populares se enzarzan públicamente y airean sus diferencias respecto de la importancia simbólica de las solemnidades religiosas locales. Durante la segunda Corporación democrática (1983-1987), con el alcalde socialista Manuel del Valle al frente, un asunto relacionado con el protocolo y el ceremonial de las celebraciones tradicionales mantuvo enfrentado durante varios años al PSOE con la entonces Alianza Popular (AP). Es la que los medios de comunicación de entonces denominaron como la «guerra de los chaqués».
Cuenta José Hurtado en su ya citada obra que los antecedentes de esta «guerra» pueden encontrarse en el Corpus de 1983 –el primero de Carlos Amigo como arzobispo hispalense– al que, mientras los capitulares socialistas acudieron de traje oscuro, todos los ediles de AP, diez, asistieron vistiendo el chaqué, prenda que aún no estaba integrada en el protocolo. Lejos de solucionarse, el conflicto alcanzó su máxima expresión en la Semana Santa de 1984 cuando el Grupo Popular quedó fuera de los turnos de presidencia de los palcos de la Plaza de San Francisco el Domingo de Ramos. «Los populares estaban dispuestos a vestir esta indumentaria de gala, mientras que el gobierno socialista mantenía como protocolario el traje oscuro», según recoge Hurtado en su libro. De hecho, aquel Jueves Santo los concejales del partido del puño y la rosa asistieron a los Oficios de traje oscuro mientras que los populares acudieron todos de chaqué.
Una disposición del alcalde Del Valle en junio de 1985 para que todos los capitulares asistieran de chaqué a la procesión del Corpus pareció zanjar definitivamente el conflicto, aunque aquella decisión hizo que varios concejales socialistas no participasen en la procesión.
Fue finalmente durante la Semana Santa de 1986 cuando la polémica sobre el uso del chaqué se resolvió definitivamente en virtud del acuerdo alcanzado entre los grupos socialista y popular, que «fijaba el uso del traje oscuro durante los primeros días de Semana Santa y del chaqué el Jueves Santo, Madrugada y Viernes Santo», tanto en los Oficios como en los palcos, acuerdo que permitió al Grupo Popular participar por primera vez en la presidencia de los palcos.
Tres décadas después, la que podríamos llamar segunda guerra de los chaqués está aún por resolverse. Esta semana habrá noticias.