22
Abr/2012

Las ingratitudes de la Expo

Sólo hubo una circunstancia que no me gustó del homenaje dispensado por la Cadena SER este jueves en Sevilla a Felipe González con motivo del vigésimo aniversario de la Expo del 92: que no se nos hubiese ocurrido a nosotros antes. Lástima. Lo nombramos sevillano del siglo con ocasión del 110 aniversario de este periódico, pero esto nunca hubiera estado de más. Con este tributo, Radio Sevilla ha sabido estar a la altura de un acontecimiento que, más allá de las frases tópicas y a veces huecas, transformó la ciudad y permitió que el sur de España se integrara en el proyecto modernizador de un país que quería sentirse orgulloso de ser europeo. Enhorabuena por la iniciativa.

Otros estamos en la misma senda y también hemos querido reivindicar con actos y acciones de todo tipo que hay motivos para el orgullo y para el reconocimiento de un acontecimiento único, pero hagamos un ejercicio de sinceridad: salvo algunas excepciones públicas y el entusiasmo de algunos grupos voluntarios como el de los jóvenes que integran la asociación del Legado de la Expo, que merecen la felicitación de todos por su entusiasmo y por la mirada limpia y aperturista, el resto de quienes participamos de la vida civil sevillana no hemos hecho todo lo que hemos podido. Y en algunos casos, como el de la clase política, se ha dado una imagen de desidia y dejadez que impresiona.

De verdad, puedo entender sin estrujarme el cerebelo que la situación de asfixia financiera no aconseja acometer la celebración de grandes conmemoraciones. Pero hay dos puntos que no admiten justificación, por mucho que hagamos un ejercicio de empatía: el primero es que no haya una sola administración pública que se haya tomado mínimamente en serio este acontecimiento y que incluso algunas como el Ayuntamiento de Sevilla hayan demostrado una apatía atronadora (celebrar la primera reunión preparatoria de los actos de la Expo a cuatro días del 20 de abril suena a sarcasmo); y el segundo es que no se haya hecho tampoco el más mínimo esfuerzo por reconocer su esfuerzo, dedicación y trabajo a quienes hicieron posible que esa locura de montar una exposición universal detrás de los muros de Torneo se plasmase en un proyecto real del que podemos sentirnos muy orgullosos.

Grafismo JCB 22 04 12 (1)

No debería de extrañarnos esto último. Salvo que la memoria me esté fallando, creo que sigue sin haberse revocado el punto del plenario del Ayuntamiento en el que nuestros próceres locales calificaron en su día al gran hacedor de la Expo, Jacinto Pellón, como persona non grata en Sevilla.

Un disparate irresuelto que sólo está a la altura de ese otro monumento al cortoplacismo y a la miopía política que es ese veto incomprensible que impidió en un par de ocasiones que un vecino de Bellavista que pasa por ser para la gran mayoría uno de los políticos más brillantes del mundo en el siglo XX pudiera ser hijo predilecto de su ciudad.

Esto último que acabo de comentarles no es fruto de un ataque de felipismo sino de una mera cuestión de reparación histórica. La gestión de Felipe González durante los 14 años que gobernó España está plagadas de aciertos y de errores. No es, por tanto, cuestión de hacer un panegírico sobre su figura ni de emprender un proceso de canonización laica, pero sí de hacer un ejercicio de sensatez colectiva: no hay quien entienda que las instituciones públicas de Sevilla no le hayan rendido a González el reconocimiento que se merece. Y actitudes como ésta, mal que nos pese, nos acercan más a la Vetusta que describía Clarín en La Regenta que a una ciudad que presume ahora de saber combinar tradición y modernidad.

Ahora, con motivo de este vigésimo aniversario, el PSOE municipal acaba de proponer de nuevo su nombramiento como hijo predilecto y reclama a Zoido que encabece la iniciativa. Ojalá prospere. De momento, el alcalde ha tenido una actitud elogiable, muy institucional y sabiendo dándole el sitio a González, como bien demostró el jueves con su discurso en el teatro de Cajasol. Pero hay que esperar.

En cuanto a lo que les decía de Jacinto Pellón, qué quieren que les diga: es difícil dar más muestras de ingratitud y de olvido. No pido que le pongamos una estatua junto a la plaza de toros ni que borremos de nuestra memoria asuntos polémicos de la Expo que están ahí, pero sí al menos que se le restituya su nombre y que se guarde un mínimo respeto y reconocimiento a un tipo que estuvo detrás, de una parte sustancial del éxito de la Muestra y cuya memoria no merece ser objeto ni escarnios.

Deja un comentario

Your email address will not be published. Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>