Asuntos propios | El blog de Juan Carlos Blanco

Ene/12

22

Contra las vísceras

Les dejo antes que nada mi opinión personal sobre el juicio que se ha desarrollado contra el juez Garzón para que no haya interpretaciones sesgadas de lo que les voy a contar a continuación: creo que su misma celebración tiene algo de desatino y que si el magistrado jiennense se equivocó cuando ordenó escuchar las conversaciones en prisión de los acusados de la trama Gürtel y sus abogados, tal fallo debe corregirse en la propia instrucción del caso o en la instancia judicial que corresponda, pero nunca en un juicio por prevaricación cuya explicación a la opinión pública se antoja casi imposible. No hay que haber sacado matrícula de honor en Derecho Procesal para atisbar que el exjuez de la Audiencia Nacional no es el instructor más pulcro y precavido del sur de Europa, pero de ahí a juzgarle por prevaricación por un asunto en el que los propios juristas no se ponen de acuerdo suena disparatado. En fin, que espero que le absuelvan y se termine con este espectáculo tan abracadabrante.

JCB_opiDicho esto, me parece que hay que incidir por su importancia en un aspecto de este caso que merece mucho más que una simple reflexión en un periódico: la extraordinaria polarización y radicalización ideológica que está marcando una polémica en la que se ha hecho efectivo ese principio tan enraizado en los españoles de que “o estás conmigo o están contra mí”.

Ya les he dicho lo que pienso del juicio, pero también quiero subrayar otra cuestión: del mismo modo que tengo la convicción de que nos lo podríamos haber ahorrado, estoy convencido de la imparcialidad de los jueces que juzgan a Garzón, de que la sentencia no está fijada de antemano y de que si lo han procesado es porque puede haber base legal para ello, es decir, que no estamos ante un juicio sumarísimo auspiciado por las fuerzas del mal ni nada por el estilo. Jugar a las elucubraciones sobre vendettas entre compañeros de carrera o sobre conspiraciones para evitar que Garzón descubra financiaciones ilegales en el PP me parece un exceso que no se debería de producir salvo que se tuvieran sospechas fundadas de que lo que se dice tiene un poso de veracidad.

¿Lo tienen? Pues no lo sé, pero lo que sí observo es esa especie de atrincheramiento ideológico en el cual si te sientes de izquierdas debes de pensar que los poderes fácticos de este país han querido acabar con Garzón por atreverse con la Gürtel y con los crímenes del franquismo y si te sientes de derechas, debes disentir ofendido y recalcar que en este caso se ha respetado escrupulosamente la legalidad.

Reflexionen por un momento en lo siguiente: si en vez de ser Garzón el que se sentara en el banquillo fuera un magistrado mediático y conservador hasta la médula ósea, qué dirían los unos y los otros. Seguramente han pensado lo mismo que yo: pues exactamente lo contrario de lo que dicen ahora. Y, por supuesto, sin inmutarse. ¿O no se lo parece después de haber visto algunas tertulias en las que a algunos parecía que se les iba la vida defendiendo o acusando al juez más famoso de España? No sé si vivimos en la época del pensamiento único que algunos denuncian, pero desde luego sí que nos estamos arrastrando todos hacia una deriva donde la visceralidad le está ganando la partida a la mesura y donde la búsqueda del equilibrio pasa por ser un ejercicio de blandura propio de débiles mentales que no saben llevar el traje de guerrero samurai cuando toca enfrentarse a los enemigos políticos.
No es malo que la ideología lo impregne todo, lo que debe de preocuparnos es que nuble todos nuestros juicios hasta lograr que nos convirtamos en unos ciudadanos maniqueos incapaces de tener un mínimo juicio más o menos libre de prejuicios. No todo es blanco o negro según quien lo diga, pero los matices parecen haber sido borrados del debate público, como si fuera lo propio de unos tibios incapaces de alinearse en la trinchera como mandan los cánones clásicos.

Pues lo siento, pero creo que hay que rebelarse ante esto. Creo en Garzón y en su honestidad y deseo con fervor que lo absuelvan porque estoy convencido de que sería lo más justo, pero me niego a convertirlo en el espíritu redivivo del capitán Dreyfuss, acosado por los malos y defendido por los buenos. Calma, que no es un protomártir de la democracia al que quieran hundir las fuerzas satánicas que quieren controlar subrepticiamente la nación, sino un ciudadano que, como todos, debe responder ante la ley cuando así lo requieran las circunstancias.

Que se haya granjeado antipatías y enemistades y que éstas puedan estar detrás de lo que le está pasando es algo que no se puede dejar de pensar. Pero de ahí a que concluyamos con una naturalidad pasmosa de que lo quieren pasar por la horca para hacerle ver quiénes son los que mandan en este país me parece un exceso propio de quienes se creen hasta las entrañas que el mundo está siendo gobernado por el Club Bildelberg o que el planeta se destruirá en diciembre de este año porque así lo decían los mayas. Si en general hace falta un poco de equilibrio en este país, no les quiero ni decir la de toneladas de mesura que hacen falta cada vez que se termina discutiendo sobre un asunto en el que la prudencia y la frialdad de juicio han sido desterradas manu militari.

En twitter: @juancarlosblanc

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1 comment

  • Un final injusto · Asuntos propios · 9 Febrero 2012 a las 21:02

    [...] no se admiten términos medios y, menos aún, un acercamiento más o menos equilibrado al asunto. No valen medias tintas: o se piensa que un grupo de magistrados facciosos ha querido cargarse a Garzón o se celebra la [...]

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