Asuntos propios | El blog de Juan Carlos Blanco

Mar/10

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Confesiones de un bicicletero

GRAFICA PUENTE DE TRIANAHe sido bicicletero de los de antes. De los que se la jugaban en medio de un tráfico que parecía comandado por una tribu de hutus huyendo de los tutsis. El resultado fue el previsible: tuve más caídas que el euríbor y terminé por ceder mi vieja bici a una cuñada que a buen seguro le dio más uso que yo. Eso fue hace más de una década. Ahora soy el típico ciclista de sofá que se limita a tragarse horas enteras de las etapas montañosas del Tour y de la Vuelta. Por no tener, no tengo ni el abono de Sevici, pero bueno, tiene más que ver con mi desidia personal (nunca encuentro el día para apuntarme) que con una convicción preconcebida. Al contrario, una de las imágenes que más me gustan de Sevilla en estos últimos años es la de la gente paseando en bicicleta o utilizando las bicis para ir al trabajo, a la Universidad o a tomarse un café con un amigo. No sé, igual es que me recuerda el primer viaje que hice por Europa, cuando era casi un imberbe y todo me deslumbraba, y me preguntaba qué eran esos carriles pintados de verde que había al lado de las calzadas. Será por eso que siempre he vivido con especial alegría el que los sevillanos hayan hecho suyo los carriles bici hasta el punto de que parezca que nos hemos pasado toda la vida cogiendo la bicicleta para ir de un sitio a otro. Una estadística conocida estos días confirma lo que estamos hablando: en cuatro años, se ha multiplicado por diez el número de personas que utilizan la bicicleta para desplazarse en su día a día. Le pese a quien le pese, que también parece que algunos creen que los ciclistas son una especie de kamikazes urbanos con licencia para atropellar. Casi 70.000 sevillanos en la bici. ¿No está mal, no? Pues nada, a seguir pedaleando, que encima es bueno para el corazón.