28
Sep/2013

Más ética y menos cosmética

Imagen Grafismo editorial JCB 29-09-'13No es por ir contracorriente, pero no soy de los que andan precisamente entusiasmados con la nueva arremetida de medidas a favor de la transparencia en la que parecen coincidir quienes nos gobiernan en Madrid y en Andalucía. Tanto el ejecutivo de Mariano Rajoy como el de Susana Díaz se parapetan en la aprobación de medidas legislativas para defender que la transparencia será la biblia a la que se aferrarán como mandatarios para acabar con el virus de la corrupción.
Ambos discursos suenan bien, pero aquí hacen falta más hechos y menos palabras, más ética y menos cosmética, menos promesas y más evaluaciones de lo que se promete y de lo que se ejecuta. Hasta en tanto la realidad nos diga que algo está cambiando de verdad, y no al modo de Lampedusa, lo único cierto es que todas las llamadas a la transparencia que se nos hacen desde los gobiernos y las organizaciones políticas que los sustentan suelen terminar en papel mojado. Puro escaparate para una sociedad sedienta de una democracia participativa que pase por el filtro de los mínimos exámenes de calidad.

Cuántas veces habremos escuchado acerca de la necesidad de ir hacia gobiernos abiertos para luego encontrarnos con las mismas puertas cerradas; cuántas veces habremos oído que hay que apostar por la administración electrónica mientras nos obligan a compulsar doscientas mil fotocopias; en cuántas ocasiones nos han prometido un tiempo nuevo de ventanas abiertas que luego nunca llega. Mejor ni contarlas.

No dejo de darle un voto de confianza a quienes nos prometen una nueva etapa infinitamente más abierta, pero comprendan el escepticismo. Si de verdad queremos combatir la desafección ciudadana de la política, más vale que esta vez no se trate de otra catarata de eslóganes que no conducen a parte alguna. Nos estamos jugando la credibilidad del sistema. Y eso significa que o pasamos a la acción o nos vamos a meter en un berenjenal del que no vamos a saber salir.
Apoyo y apoyaré siempre cualquier intento de acercar la Administración a los ciudadanos y de mejorar la fiscalización de la gestión pública para cortarle las vías de entrada a la pléyade de mangantes que se acercan al olor del dinero público, pero me parece pueril y hasta ofensivo insinuar que así acabaremos con la corrupción. ¡Ya quisiéramos que fuera tan fácil!
No tenemos un problema de leyes. Tenemos un problema de moral pública. De civismo. De ciudadanía. Y mientras no nos demos cuenta de la importancia de esto y pongamos los mimbres para mejorar nuestra armazón democrática, no podremos más que ir a peor.

No me quiero quedar en la denuncia abstracta. Me limito a pedir un par de cuestiones que no es que sean precisamente revolucionarias: 1. Que haya un código ético que cumplan todos los partidos políticos sin mayores excepciones que las precisas y desterrando el insoportable y tú más que practican hasta la extenuación. Y 2. Que no nos tomemos a título de inventario lo que dicen órganos que fiscalizan la actuación de nuestros gobernantes como el tribunal de cuentas, cuyos informes se guardan en las neveras a la espera de que caduquen o se autodestruyan.
Lo sé, suena a la carta a los Reyes Magos que escribiría uno de los niños de Mary Poppins, pero esto es más serio de lo que algunos se puedan pensar. El nivel de descrédito político es tan brutal que cualquier demagogo a lo Revilla puede terminar por ser un líder mediático y social si sabe pulsar las teclas del descontento social. No hay que ser químico orgánico para hallar la fórmula: se empieza diciendo que todos los políticos son iguales y se termina sacando soluciones milagrosas a la crisis que espantan a cualquiera que tenga un mínimo de sentido común.

¿Y cómo responden ante ello los que sí nos representan? Pues con declaraciones y declaraciones que me recuerdan al día de la marmota. Siempre con tono firme, semblante serio y perfil institucional para augurarnos un nuevo mundo en el que seremos mucho más limpios, democráticos y honestos gracias a una regeneración democrática que suele durar hasta que un periódico saca un escándalo que afecta a alguien de tu partido. Todo muy agotador. Como les decía antes, ¡como para no ser escéptico!

22
Sep/2013

¿Y cómo saldremos de la crisis?

No tengo ni la menor idea de cuándo saldremos de la crisis. No es una pose. Es una realidad tan irrefutable como la ley de la gravedad o como que el Papa ha confesado esta semana que él nunca ha sido de derechas. No lo sé yo, pero creo que tampoco lo saben ni ustedes, ni los premios Nobel que se contradicen entre sí en sus tribunas periodísticas ni, por supuesto, los gurús de nuevo cuño que lanzan sus predicciones catastróficas por Twitter.

blanco-blogTécnicamente, España está saliendo de la recesión. Es un hecho objetivo y hay que consignarlo para evitar interpretaciones sectarias. Nos alegramos muchísimo y celebramos que el país no se haya colapsado y que la prima de riesgo tenga puesta la camisa de fuerza. Ahora bien, ¿significa eso que estamos saliendo de la crisis? Pues será así, pero si pensamos que en este país hay seis millones de desempleados sin visos de encontrar un trabajo, que somos un 15% más pobres que antes de la caída de Lehman Brothers, que los más cualificados se van a hacer las Europas y las Américas y que los recortes han alcanzado de lleno la pituitaria del Estado Social, no veo yo muy claro que a esto se le pueda llamar salir de la crisis. Y si es así, entonces lo que habrá que preguntarse no es si estamos saliendo de este maldito embrollo, sino de qué manera estamos escapando de él.

Sostiene ese genio de la comedia negra que responde al nombre de Cristóbal Montoro que España no va a tardar en asombrar al mundo. Ojalá. Pero en tanto ocurre ese milagro que el ministro de Hacienda augura más pronto que tarde, me basta con que este miembro del Gobierno del Reino de España deje de asombrarnos a todos los ciudadanos y abandone ese triunfalismo que abochorna a los más sensatos.

Por supuesto es mejor que Morgan Stanley titule uno de sus informes Viva España a que recomiende a los inversores extranjeros que saquen el dinero del país, pero más nos vale a todos que hagamos un esfuerzo de contención: ni mensajes apocalípticos y devastadores que nos hagan pensar que vivimos en el rodaje de Mad Max ni tampoco discursos de forofo que podría firmar Manolo el del bombo.

Estaremos saliendo de la crisis, pero nos falta algo importantísimo. Seguimos sin ver una mínima hoja de ruta más o menos definida sobre el modelo de economía que queremos para los próximos años. Hemos guardado en un cajón eslóganes casi místicos como el de la economía sostenible o el del enésimo cambio de modelo productivo, pero sólo para sustituirlos en realidad por una sociedad de sueldos a la baja que se encomienda al sueño de casinos y parques temáticos para la creación de un empleo que ni está ni se le espera.

Expertos solventes nos recuerdan que tenemos que asumir que hemos vivido una ficción y que estamos pagando por ello. De acuerdo: hagámoslo. Y aceptemos que hemos cometido excesos y errores, algunos más que otros, que han derivado en la madre de todas las burbujas financieras. Pero, después de flagelarnos hasta quemarnos la espalda, pensemos de una vez en el futuro y decidamos qué vamos a ser de mayores y cómo vamos a crear las condiciones para que en España se cree ese empleo desaparecido.

Un país puede salir de la crisis. Y hacerlo también sus empresas. Pero habrá fracasado si deja atrás a tantos y tantos que no han tenido la misma suerte. En España corremos el peligro de que eso suceda. No es descabellado. Basta con que aceptemos con el fatalismo que nos caracteriza que aquí el pleno empleo es una quimera y que debemos asumir con resignación cristiana que cuatro o cinco millones de españoles van a deambular por la vida los próximos años con la certeza de que nunca tendrán un trabajo normal.

20
Sep/2013

El Papa no es el Che

No hagan caso al título que encabeza este artículo. Es evidente que el Papa ni es el Che ni se le parece. No es más que un gancho para llamar la atención. Un gancho similar al que ha empleado el Papa Francisco para lanzar un mensaje  que tiene dobles, triples y cuantas lecturas quieran. Bergoglio no improvisa. Si sostiene en una revista jesuita que jamás fue de derechas, que hay que dejar de obsesionarse con los gays y el aborto y que hay que redefinir el papel de la mujer en la Iglesia, es porque tiene muy claro que quiere marcar ya las rayas que no piensa pisar durante su pontificado… y que no deben pisar por más tiempo sus subalternos en la jerarquía católica. Y lo ha hecho en una revista de los suyos, de los jesuitas.

La Curia ha recibido el mensaje sin necesidad de esperar a una encíclica o montar un cónclave de urgencia. No valen más desconexiones de la sociedad ni enrocamientos numantinos. El Papa que vino de la pampa quiere remarcar el acento social de la Iglesia, la humildad frente a la opulencia y la cercanía frente al distanciamiento de la púrpura vaticana. No es subversión. Es pura asunción de una realidad. Y también un ejemplo de valentía que nos asombra por su carácter insólito. ¿O es que ustedes esperaban escuchar alguna vez a un Papa decir lo que ha dicho el argentino?

15
Sep/2013

Las quimeras catalanas

¿Es posible que después de 500 años de convivencia común empecemos a discutir sobre la historia de España en busca de agravios con los que construir una quimera? ¿Es juicioso alentar la estrafalaria idea de que independizándose del yugo español la crisis en Cataluña se diluirá como las catástrofes en los minutos finales de las grandes producciones de Hollywood? ¿Es sensato discutir hasta el agotamiento sobre el encaje en el Estado español? Pues no, pero ocurre. Y este desatino crece con energía y vigor gracias a la irresponsabilidad de unos y la inacción de otros. ¿O es que alguien puede dudar de que ahora sí que tenemos un problema muy serio con Cataluña?

Imagen-grafismo-editorial-jNo se puede sustituir la voluntad popular ejercida en las urnas por el griterío en la calle, y mucho menos confundir la parte con el todo para hacer creer que los que ansían la independencia son todos los catalanes y no sólo una parte. Pero tampoco hay que negarse a recibir las señales que nos llegan. Hay un sector cada vez más amplio que reclama la separación y otro todavía más amplio que ve con buenos ojos eso que se ha dado en llamar el derecho a decidir, que se sustanciaría en una consulta popular con o sin permiso de la administración central.

Los independentistas se han topado con el caldo de cultivo idóneo para alentar ese imaginario tan absurdo según el cual un demonio llamado Madrid se dedica como un monstruo de mil cabezas a quitarle el dinero a Cataluña para dárselo a los haraganes del sur. La ecuación es sencilla: España nos roba, así pues, abandonemos España y adentrémonos felices en esa Arcadia feliz donde no habrá ni paro ni corrupción que será la Cataluña independiente del futuro. El argumento es pobre hasta el sonrojo y contiene una carga demagógica casi nuclear, pero funciona. Es un mensaje claro y emocional que admite poca réplica cuando jugamos en el terreno de los sentimientos primarios y no en el de la razón.

Le escuchaba esta semana al periodista Josep Cuní decir en la SER que creía que esta vez se había alcanzado un punto de no retorno. Espero que no acierte en sus vaticinios, pero por desgracia tenemos que aceptar que razones tiene para decir lo que dice. Por mucho que la mayoría se lo tomara como un día de merienda campestre, no podemos menospreciar el hecho objetivo de que un millón y medio de catalanes se apuntara el miércoles a la cadena humana a favor de la independencia que cruzó 400 kilómetros desde la frontera de Cataluña con Francia hasta, en el otro extremo, Valencia.

Ante este desafío, qué postura cabe adoptar. Ya me gustaría saberlo. Lo único que tengo claro es que no se puede minusvalorar el problema y que, sobre todo, hay que trabajar a favor de lo que nos une y no de lo que nos separa, combatiendo la torpeza intelectual de quienes se están quedando callados para que no los tachen de retrógrados o de fachas españolistas y fomentando los lazos de unión y la cooperación entre territorios en una nación que sería imposible de concebir sin Cataluña.

¿Cómo es posible que el nacionalismo más insolidario pase por ser una fuerza innovadora capaz de concebir un proyecto político creíble para cientos de miles de catalanes y, sin embargo, las fuerzas que defienden los valores constitucionales no hayan sido capaces de mostrar los avances logrados en una de las regiones con mayor autonomía del continente europeo y, en consecuencia, estén en caída libre?

Pese a los muchos errores que se hayan podido cometer, me resisto a pensar que los discursos demagógicos y reaccionarios del nacionalismo más cavernario terminen por triunfar en Cataluña. Quiero creer que no soy un ingenuo por pensar que esto tiene arreglo. Quiero creer que costará, pero que, llegado el día, la mayoría de los catalanes rechazará ese imaginario victimista que tan buenos resultados está dándole a los independentistas. Igual es demasiado soñar, pero mejor eso que quedarse esperando a que un buen día los más radicales logren su objetivo y los catalanes aprueben decirle adiós a España como quien decide vender el apartamento de la playa.

 

10
Sep/2013

Alaya y las pirámides

La titular del juzgado de Instrucción 6 de Sevilla ha alcanzado la cúspide de la “pirámide” que, a su juicio, facilitó la malversación de fondos públicos mediante un uso irregular de las subvenciones concedidas a empresas en crisis en Andalucía durante la primera década del siglo XXI. Lo ha hecho a su manera. Con una redacción enrevesada hasta decir basta en la que no se sabe si los imputa o simplemente les pide de forma insólita que se autoimputen y abriendo todo tipo de interpretaciones sobre la coincidencia de sus autos con los tiempos electorales del PSOE y de la Junta de Andalucía. Una ‘casualidad’ que si perjudica a alguien es a ella misma, pues traslada el debate del fondo a la forma, de lo central a lo lateral. aportando pruebas a quienes piensan legítimamente que la togada -una heroína al decir de sus entusiastas- ha convertido un caso vergonzante y lamentable de corrupción en una causa general contra todo lo que huela a socialista.

Sobre lo enrevesado del auto merece que nos detengamos con más tiempo. Uno de los problemas más destacados es que deja a los acusados (por llamarlos de alguna manera, porque en realidad todavía no les acusa de nada) en una situación de tierra de nadie que sólo puede generarles indefensión. Como no los puede imputar por la supuesta comisión de los delitos de prevaricación y malversación de fondos públicos (eso sólo lo podrían hacer el Supremo y el TSJA según sean diputados al Congreso, senadores o parlamentarios autonómicos e implicaría que perdería el control sobre buena parte de la instrucción), les dice más o menos que se den por imputados y que aprovechen las garantías procesales de esa pseudoimputación ¡¡¡para defenderse en el proceso por los hechos que pudieran incriminarles¡¡¡  O sea, por entendernos, que les pide que se presenten para defenderse de unas acusaciones que todavía no les han sido formuladas. Todo un prodigio a la altura de los más grandes maestros del Derecho que, tal vez, termine siendo contraproducente para ella misma.

Con todo, la gravedad de esta ‘preimputación’ o como queramos llamarla de dos expresidentes autonómicos y de otros cinco exconsejeros está fuera de cualquier discusión. Y las repercusiones políticas también. Pase a partir de ahora lo que pase, que Susana Díaz quiera blindar su primer gobierno del vendaval de los ERE no quita para que este escándalo le vaya a lastrar. Y de qué manera. Y otro tanto puede sostenerse de la dirección federal socialista. Justo ahora que Rubalcaba remontaba en las encuestas, el auto de la jueza Alaya, y lo que pueda decidir en las próximas semanas, proporciona oxígeno de primera calidad a un PP desnortado en Andalucía y hundido en Madrid por la gestión del caso Bárcenas.

Ya no es para el PSOE una cuestión de quién tiene o no razón en este enfrentamiento de dimensiones nucleares, sino de cómo gestionar tanto internamente como ante la opinión pública, unos hechos objetivos de una relevancia extraordinaria: una jueza ha abierto la puerta (y no tiene pensado cerrarla sino todo lo contrario) para imputar por malversación de caudales públicos a los presidentes que han dirigido la Junta de Andalucía en los últimos 22 años y, en concreto, a uno, José Antonio Griñán, que sigue presidiendo el PSOE federal y que va a ser nombrado senador en 48 horas. Una munición muy tentadora como para que el PP no la utilice machaconamente hasta el día del juicio final cada vez que le reprochen las andanzas de la Gürtel y de su extesorero.

10
Sep/2013

La juventud no baila

Decía José Antonio Griñán en la hora de su marcha que “sólo nuevos pilotos llevarán a nuevos horizontes”. Una de dos: o Susana Díaz estaba despistada cuando lo dijo o simplemente pasa que  la nueva presidenta ha decidido que la única treintañera de su ejecutivo va a ser ella misma. De experimentos juveniles andamos escasos. Aquí, la juventud no baila.  La edad media del nuevo ejecutivo de San Telmo que toma hoy posesión se sitúa en torno a los 52 años, cuatro de los consejeros superan los 60 y otros tres están más cerca de esa cifra que del medio siglo de edad. Como mensaje de cambio generacional, de regular a cortito, pero particularmente prefiero este ataque de madurez a esa fiebre adolescente que expulsa de la vida pública a todo aquel que supere los cincuenta.

NUEVO GOBIERNO ANDALUZ, PRESIDIDO POR SUSANA DÍAZSe puede cambiar un gobierno de arriba a abajo, pero no hay que ponerse a mirar los carnés de identidad como si se estuvieran buscando amigos para montar una pachanga futbolera entre amigos. Susana Díaz ha fulminado la guardia de corps de Griñán por temor al virus de los ERE, pero se ha rodeado de un núcleo duro que si algo tiene es experiencia y solvencia, tanto en lo institucional como en lo meramente orgánico. No veo más un ejecutivo al estilo de los de Chaves que los de Griñán. Lo que veo es un gobierno al modo clásico, digamos que de los del PSOE de toda la vida, con sus equilibrios, sus premios, sus castigos y sus sorpresas más o menos calculadas. Griñán era en cierto punto imprevisible; Susana Díaz, no. Y lo está empezando a demostrar.

08
Sep/2013

Los cien primeros días de la presidenta

Hoy, cuando se levante en Triana, Susana Díaz se habrá despertado por primera vez como presidenta de la Junta de Andalucía. El proceso veraniego de su designación exprés ha concluido. Se acabaron las explicaciones sobre la sucesión, las exhortaciones a los tiempos nuevos que estaban por venir y la travesía de la investidura. Su nombramiento ya ha sido publicado en el BOE, ayer tomó posesión en San Telmo y en no más de 48 horas habrá nuevo gobierno. Su gobierno. Hoy, pues, empieza todo para ella.

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No es, ni podría ser jamás, un borrón y cuenta nueva. Susana Díaz no viene de Plutón, pero es cierto que ahora es su turno y que si de algo tiene que responder no es de todo lo que se haya hecho en los últimos treinta años de gobiernos socialistas en Andalucía sino de lo que haga y firme en los consejos de gobierno que presidirá a partir de este próximo martes.

Me resisto a hacer muchas evaluaciones sobre las intenciones que ha expresado en el debate de investidura. En líneas generales fue un discurso bien estructurado en el que apostó por cosas con las que es difícil estar en desacuerdo. Demasiado abstracto en lo que no le convenía (ni nombró los ERE ni recordó las cifras escandalosas de paro en las que se mueve esta región), pero con una música que siempre suena bien: contundencia contra la corrupción, protección de los más desfavorecidos y apuesta por una gestión abierta y participativa que, si se cumpliera aunque fuera mínimamente, sí que supondría un cambio radical en la manera de gobernar ésta y cualquier otro comunidad o país.

Conviene hacer un ejercicio de mesura y de prudencia. A la hora de juzgar las intenciones de la presidenta hay un término medio que se aleja del palmerismo desatado de algunos (antológico lo de Elena Valenciano afirmando que Susana Díaz pronunció el primer discurso del siglo XXI) y el catastrofismo exacerbado de quienes, como el PP, describen Andalucía como si se tratara de una Fukushima bolivariana aquejada de la contaminación radiactiva del PSOE y de IU.

Ni una cosa ni la contraria. Cuesta no sacar la vena escéptica en esta era de desafección acelerada de la política, pero cualquier análisis frío nos permite concluir que es cierto que Susana Díaz sí tiene una oportunidad de cambiar muchas cosas. Entre otras razones, porque la mayoría de ellas no cuestan dinero.

Llega con mucho a su favor. Más allá de las cefaleas que le provocará cuadrar con IU un presupuesto que cada año que pasa es más anoréxico, viene con todo el poder del PSOE andaluz debajo del brazo, sin ataduras y teniendo enfrente una oposición desnortada que cada día recuerda más a los personajes de La que se avecina.

Lo que se espera de ella, más allá de que no existen soluciones milagrosas para luchar contra el paro, es que haga que los andaluces perciban que algo ha cambiado en la Junta y que la acción del gobierno no seguirá siendo erosionada por la vergüenza y el espanto de los ERE irregulares. Creo que son razones para que marque el territorio y cambie el gobierno de arriba abajo, pero eso está en su mano y allá ella con lo que considere oportuno.

No vale descalificarla preventivamente. Lo que toca ahora no es enjuiciar más sus intenciones sino esperar un tiempo prudencial para evaluar sus primeras medidas de gobierno. Tampoco tardaremos mucho en saber si hay un cambio real y perceptible o si el advenimiento del “nuevo tiempo” no es más que otra estrategia de marketing político detrás de la cual no hay nada.

Muchas de las medidas anticipadas esta semana pueden iniciarse en un periodo de tiempo muy corto, tienen más que ver con la actitud mental que con la chequera y no tienen un tiempo de maduración superior a los seis u ocho meses. ¿Lo conseguirá? Fácil no es ni mucho menos, pero lo que más nos convendría, por el bien de todos los que vivimos aquí, es que al menos una parte más o menos sustancial del discurso de 33 páginas que leyó escrupulosamente el miércoles en el antiguo hospital sevillano de las Cinco Llagas se cumpliera. Que lo logre está en su mano. Así que, si les parece, qué menos que esperar los tópicos cien días para empezar a valorar su gestión.

27
Jul/2013

El último ‘favor’ de Griñán

No le faltan razones a quienes piensan que la marcha precipitada de José Antonio Griñán mitigará los daños nada colaterales que está haciendo el caso de los ERE al Gobierno andaluz. La marcha fulgurante del presidente descoloca al PP, que ya no puede utilizar de la misma manera esta trama de corrupción para hacer oposición. Y salvo novedad extraordinaria, es inevitable pensar que Susana Díaz armará su nuevo equipo de gobierno en septiembre limpio de todo lo que huela a los ERE, abriendo ese “nuevo tiempo” que pregona sin parar desde que anunció que se presentaba a las primarias exprés.

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Pero igual que se abre esta nueva etapa supuestamente ‘descontaminada’, también se puede colegir que el escándalo de los ERE que nos ha acompañado los últimos tres años no se diluirá sino todo lo contrario y que conllevará responsabilidades políticas más allá de las consecuencias penales que se diluciden. Este escándalo no se borra simplemente dándole a la tecla de suprimir o diciendo alegremente que forma parte del pasado y no del futuro.

Mercedes Alaya se acerca a la cúpula de esa pirámide que, según ella, concibió un sistema destinado a desviar ilegalmente fondos públicos que tenían que haber llegado a empresas en crisis. Y no hay que ser un alayólogo para concluir que la jueza está obsesionada con la idea de que en todo lo alto de esa supuesta pirámide está Griñán. Otra cosa no sé, pero la hoja de ruta de Mercedes Alaya es transparente: empieza en los “cuatro golfos” de los que habló en su día el Gobierno andaluz y termina en el todavía presidente de la Junta.

¿Ha hecho bien, pues, Griñán con anunciar su marcha para después de las vacaciones de verano? Ya dije que su decisión se antoja precipitada. Y lo que ha ocurrido con la declaración ante la jueza del exinterventor de la Junta Manuel Gómez no hace más que reafirmarme. Con matices, pero pasó lo que se esperaba. El exinterventor, jaleado por algunos fans en la puerta de los juzgados de Sevilla como si fuera el incorruptible guerrero del antifaz, insistió en que era “absolutamente impensable” que el entonces consejero de Hacienda no supiera de las irregularidades que se estaban cometiendo y en que, si hubiera querido, Griñán hubiera podido cortar en seco el sistema de transferencia de fondos del que partió el escándalo de los ERE.

No se entiende que un presidente autonómico abandone precipitadamente su puesto sólo 26 días después de decir solemnemente que no repetiría como candidato pero que por supuesto que agotaría la legislatura. Por mucho que insista en que se va por razones familiares y personales absolutamente comprensibles, es imposible que no se relacione su premura en marcharse con la posibilidad de que la jueza termine por dictar más pronto que tarde un auto en el que impute al presidente por su relación con el procedimiento cuestionado por la jueza.

Un político debe cuidar también las apariencias y, salvo que alguien rebata esta afirmación con argumentos más sólidos, aquí no se observa precisamente ese cuidado de las apariencias, que no es solamente estético. Griñán no se va por la jueza Alaya (creo que hay mucho de cansancio personal), pero lo parece. Y eso es lo que se ha trasladado a los ciudadanos y termina quedando en el imaginario público.

Podemos entender que el presidente crea que así le hace un último ‘favor’ a Susana Díaz, pero el sacrificio, en este caso, ha sido excesivo y contraproducente, pues ha avalado a quienes sostienen que su decisión no es más que una huida precipitada ante el cerco judicial al que presumiblemente se verá sometido.

24
Jul/2013

¿Por qué tiene tanta prisa Griñán?

Tanto sus partidarios como sus detractores coinciden en subrayar una de las características más acentuadas en el perfil del todavía presidente de la Junta de Andalucía: su imprevisibilidad. Los razonamientos de Griñán escapan en ocasiones de la lógica cartesiana, del cálculo político. No responde al manual ni para bien ni para mal. Es así. Y no va a cambiar con la edad que tiene y con unas ganas obsesivas de dejar San Telmo que no esconde a absolutamente nadie.

Ahora lo vuelve a demostrar con una decisión que, pese a lo que defiendan algunos de sus exégetas, es precipitada. El 26 de junio anunciaba que no repetiría como candidato en pleno debate sobre el estado de la comunidad. Un día después desplegaba la hoja de ruta para la celebración de unas primarias exprés cuyo resultado conocíamos todos de antemano sin necesidad de tener dotes adivinatorias reconocidas. Ni un mes después, y sin que se sepan los motivos, piensa anunciar en el comité director del PSOE andaluz de este miércoles que se marcha después del verano y que en septiembre le sustituye en el cargo, previa sesión de investidura, la trianera Susana Díaz Pacheco.

¿A qué viene tanta prisa? Más allá de sus razones personales y familiares y a falta de explicaciones políticas que esperemos sean un poco más sólidas que las argumentadas para la celebración galopante de las primarias, se observan en su decisión más inconvenientes que ventajas. Se podrá argüir que estamos ante un momento histórico, ante un cambio ilusionante, ante un tiempo nuevo, etcétera, etcétera, y que cuanto antes entremos en ese nuevo mundo, pues mucho mejor para todos los andaluces, pero detrás de los discursos propagandísticos y un tanto huecos por su propia naturaleza queda la realidad, y ésta es que es muy difícil, por no decir imposible, entender a qué vienen estas prisas y a quién benefician…si es que benefician a alguien.

Por lo pronto, seguramente se equivocan quienes piensan que quien sale ganando con este relevo exprés es la propia Susana Díaz. Evidentemente, quien pensara que Griñán se quedaría hasta el final de la legislatura tenía un punto de ingenuidad atómica, pero de ahí a barajar que iba a anunciar su marcha el mismo día de la proclamación de su sucesora va un mundo. En primer lugar, porque oscurece este acto de aclamación de quien le releva en el cargo. Y segundo y más importante, porque no le da ni tiempo a Susana Díaz para ir preparándose para el puesto ejerciendo de presidenta de facto, con Griñán en el papel de Pigmalion dispuesto a ejercer la transición. Lo que se dice un favor de los flacos.

Esto, más que una marcha, parece una huida. O al menos lo parece, que es lo mismo. Y esa sensación se acrecienta por la investigación de los ERE que se está llevando a no más de 300 metros de San Telmo. El jueves declara en el Prado de San Sebastián ante la jueza Mercedes Alaya Manuel Gómez, exinterventor de la Junta y el hombre que afirma haber avisado hasta en 15 ocasiones que el procedimiento administrativo usado para dar ayudas a las empresas en crisis apestaba. La jueza, que parece protagonizar un combate de pressing Catch con el gobierno andaluz, ha imputado a una veintena de altos cargos y acota el terreno para la previsible imputación del propio presidente. ¿Suena bien irse justo antes de que pueda pasar esto? ¿Cómo lo podría entender la opinión pública?  El que diga que suena bien es que no quiere decir la verdad, pues ésta es que se interpretaría como una huida acelerada que incluiría un blindaje como diputado o senador para evitar males mayores. No hay más.

Y queda uno de esos mantras religiosos que se repiten machaconamente en situaciones como ésta: el de la estabilidad. ¿Alguien puede en su sano juicio afirmar sin pudor que una situación como la creada no genera inestabilidad o que, en cualquier caso, genera de todo menos estabilidad? Desde luego no parece que la marcha supersónica de un presidente autonómico un año después de su elección pueda definirse como muy normal o haya que celebrarlo con alborozo.

Habrá quien quiera atemperar este relevo afirmando que su salida no tiene porqué traducirse en grandes cambios en un gobierno de coalición que más o menos está funcionado con una relativa armonía. Puede ser, pero, por lo pronto, es obvio que a la marcha relámpago de Griñán le seguirá una crisis de gobierno con posible salida de algunos consejeros y que quién sabe si no nos vamos a adentrar también dentro de unos cuantos meses en unas elecciones anticipadas si, por ejemplo, no hay quien cuadre los presupuestos de 2014.

En esta tesitura, cabe todavía hacerse unas cuantas preguntas de fondo sobre todo lo que está ocurriendo. Puede ser que estemos ante una operación de ingeniería política cuya brillantez y maestría sea de tal tamaño que los mortales no seamos capaces ni de vislumbrarla. Pero convendría explicarla mejor, porque la opinión pública puede empezar a no entenderla. O mejor dicho, puede empezar a no entender en qué le beneficia al ciudadano de una tierra con más de un millón y medio de parados esta sucesión tan supersónica que nos está regalando José Antonio Griñán

20
Jul/2013

Susana y los nuevos tiempos

Es una lástima que las primarias abiertas en el PSOE andaluz para la elección de su candidato a la Presidencia de la Junta no hayan terminado en las urnas. Si se abre un proceso así, no es para cerrarlo por la falta de trapío de quienes concurren a él. Luis Planas y el alcalde de Jun, José Antonio Rodríguez, tienen motivos para lamentarse por la premura de este proceso exprés y por el escasísimo cariño que han recibido desde la dirección del partido, pero creo que Susana Díaz, pese a haber arrasado, también sale perdiendo algo con estas primarias interruptus terminadas de forma abrupta en la tarde de este pasado miércoles.

jcb-pandeletLa legitimidad de su victoria es incontestable, pero los liderazgos se refrendan en las urnas, y le ha faltado revalidar con papeletas el apoyo mayoritario con el que cuenta entre los militantes del PSOE andaluz. Susana Díaz Pacheco habría ganado también con muchísima holgura a sus competidores. De esto último no caben dudas, salvo que pensemos que dos utilitarios sin apoyos son capaces de ganarle una carrera a un Ferrari embalado que cuenta con el apoyo de toda su escudería.

La secretaria general del PSOE de Sevilla y consejera de Presidencia sale evidentemente fortalecida de este proceso y tiene derecho a sentirse más que respaldada por sus compañeros, pues la ha avalado con sus nombres y apellidos casi la mitad de la militancia, pero las elecciones hubieran aportado mayor legitimidad social al proceso y se habría dado un ejemplo de participación y renovación muy saludable en estos tiempos en los que se cuestiona cualquier idea que salga de un partido político.

Ahora viene lo difícil. Descartado un cambio político en la Junta por el hundimiento de un PP andaluz liderado por un Zoido que no sabe ni a qué juega, ahora toca que la futura presidenta del Gobierno andaluz traduzca ese mantra religioso y un tanto difuso de “abrir un nuevo tiempo” en algo concreto que tenga un significado que podamos entender todos. Y no sólo eso. También le toca manejar una transición en el poder que puede presentar turbulencias hasta en el mejor de los supuestos.

¿Cuál será la hoja de ruta prevista para los próximos meses? Eso lo dejo para los griñanólogos y los que ahora se van a convertir al susanismo más desatado. Me limito a reseñar el contexto complejo con el que se topa la presidenta casi de facto del Gobierno andaluz.

A partir de ya mismo le van a preguntar casi todos los días por un posible adelanto electoral y por cómo lleva la bicefalia con un presidente que hasta hace dos días no negaba su ansia por salir cuanto antes de San Telmo; habrá de cuidarse aún más de las relaciones con una Izquierda Unida cada vez más recelosa de lo que pueda venir; deberá afrontar la negociación del presupuesto autonómico casi imposible para 2014 y, encima, tendrá que diseñar un plan B o un plan C si a la jueza Mercedes Alaya le da por imputar a José Antonio Griñán en el caso de los ERE como regalo para antes o después del verano.

Susana Díaz ha tenido una oportunidad y la ha aprovechado. Si le dan un espacio, lo ocupa. El tren ha pasado, se ha montado en él y ha cogido el volante. Pero en realidad está en un punto de partida, no de llegada. Y de ella, de su capacidad de confeccionar equipos solventes y de dar respuestas efectivas a las demandas de los ciudadanos, dependerá el mayor o menor éxito que tenga en su empeño. Queda desearle suerte y buen trabajo. Por ella, y por los casi ocho millones de andaluces a los que terminará gobernando más temprano que tarde… si es que no ha empezado ya.

16
Jul/2013

Las democracias serias

Sostiene con vehemencia el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que piensa cumplir su mandato porque “España es una democracia seria”. ¿Quién es capaz de rebatir semejante aserto? Pues claro que España es una democracia seria. Lo que ya no son tan serias son algunas de las cosas que hace o dice el inquilino de la Moncloa. El dirigente de una democracia seria no confunde el Estado de Derecho consigo mismo, comparece en el Parlamento cuando alguien lo acusa ante un juez de un delito de extrema gravedad y no deja que los asuntos se solucionen esperando que se pudran o se olviden. Mariano Rajoy nos debe merecer mucho más respeto y confianza que un extesorero que tiene cuentas secretas en Suiza por valor de casi 50 millones de euros, pero la confianza no es inagotable y hay que seguir ganándosela en el día a día. No toca envolverse en banderas ni argumentar que todo lo que está pasando no es más que un chantaje al Estado. Toca explicarse en el Parlamento. O sea, lo propio de esas democracias serias.

P.D. Rubalcaba anuncia una moción de censura si, finalmente, Rajoy no comparece este verano en el Congreso para defenderse del caso Bárcenas. El planteamiento es hábil: si ahora va al Congreso, la victoria es para el PSOE, que lo obliga a dar explicaciones. Y si no lo hace, ya hay excusa para presentar la moción de censura. Lo que ya no tengo tan claro es si es momento ya de mociones de este tenor. Conviene administrar bien los tiempos, y no sé si el PSOE se está acelerando demasiado. Lo sabremos pronto.

14
Jul/2013

Rajoy se esconde

Imagen-Grafismo-editorial-JEl presidente está acorralado por un tipo cuya inocencia defendió hasta que no tuvo más remedio que tragar con la verdad.

Mariano Rajoy sube al estrado del Congreso de los Diputados, bebe agua, encaja los brazos en los laterales de la tarima, se acerca el micrófono y arranca un discurso vibrante en el que da cuenta a los representantes del pueblo elegidos democráticamente de lo que piensa de las acusaciones de quien ha sido durante dos décadas gerente y luego tesorero del Partido Popular en la calle Génova. Los suyos prorrumpen en aplausos, liberados de tanta tensión y pánico, mientras que el resto carraspea y se enerva por sus palabras. Lo propio después de la comparecencia de un presidente que ha rendido cuentas donde debe: en el Congreso de los Diputados.

Ya se habrán dado cuenta. Acabo de arrancar con un párrafo ficción que se asemeja tanto a la realidad como el argumento de una serie de dibujitos japonesa. Ni Rajoy ha comparecido expresamente para hablar de Bárcenas ni tiene intención de hacerlo como mínimo hasta después del verano. Lo de siempre: a esperar que el asunto se pudra y se olvide.

El presidente, acorralado por un tipo cuya inocencia defendió hasta que no tuvo más remedio que tragar con la verdad, ha dado la espantada en el hemiciclo. A efectos del caso de los sobresueldos, ni está ni se le espera en la Carrera de San Jerónimo. Su grupo parlamentario ha actuado de guardia de corps y ha establecido un cordón sanitario para evitar que su líder dé explicaciones sobre un escándalo de corrupción que llega hasta la pituitaria del Partido Popular.

Por ser indulgentes, lo mínimo que se puede decir es que lo que ha hecho Rajoy no es de recibo. Puede entenderse que, en términos de estrategia, al PP le interese dilatar la comparecencia de Rajoy para defenderse de las acusaciones de su excontable mayor, pero sabe que en razón de este interés sacrifica dos cuestiones que son esenciales. En primer lugar, falta al respeto a la cámara que representa la soberanía de la nación. Y en segundo lugar, traslada a la opinión pública la idea de que está huyendo de dar explicaciones, como si obviar el asunto ayudara a diluirlo.

De nada le vale el contraataque encabezado por su portavoz en el Congreso, Alfonso Alonso, quien llegó a decir que la oposición en pleno estaba “apadrinando a un delincuente” (en todo caso, a su delincuente, que para algo ha manejado los fondos del partido durante una cifra nada despreciable de 20 años). Es un delirio pensar que todo esto no es más que un montaje para derribar a Rajoy. Habrá quien, también desde dentro de su partido, esté deseando que ocurra. Pero eso es otra historia.

Aquí lo que tenemos estrictamente es a un ex alto cargo con aficiones muy caras y cuentas helvéticas que sabe muchos secretos del PP, quién sabe si del mismo Rajoy, y que está dispuesto a utilizarlos para evitar pasarse los próximos meses y años en una urbanización con rejas en las ventanas en Soto del Real.

Mañana lunes es un día clave. Luis Bárcenas tiene cita en el despacho del juez Ruz y debe ratificar lo que le dijo a Pedro J. Ramírez en una conversación cuyos principales puntos fueron contados hace una semana al diario El Mundo. Si lo hace, más de uno y de dos dirigentes del PP van a tener que acudir a la Audiencia Nacional a explicar el sistema de donaciones que se utilizaba en su sede de la calle Génova.

Ya veremos cómo acontece la instrucción judicial y las responsabilidades penales y políticas del caso. Ahora lo que toca subrayar es el enroque dislocado del PP y de su presidente, dispuestos a cargarse todo su discurso de la transparencia democrática con tal de frenar una comparecencia que, estoy seguro, podría ser incluso positiva para el propio Rajoy. Pues claro que la oposición lo masacraría. Pero eso ya se da por descontado. Lo importante es que el presidente cumpliría con su deber y daría explicaciones donde corresponde y a quien corresponde, que es lo mínimo que, en democracia, debe exigírsele al presidente de un gobierno nacido de las urnas. Y eso, muchísimos de los suyos se lo agradecerían.

06
Jul/2013

Las verdades absolutas de la jueza Alaya

blog-jcb-alayaMercedes Alaya no deja indiferente a los mortales que habitamos la tierra. O se la idolatra con una devoción rayana en el fanatismo o se la detesta con rabia. Es lo que hay. Y lo hemos podido comprobar con toda su crudeza tras conocerse el auto en el que imputa a casi una veintena de altos cargos de la Junta en la instrucción que investiga el caso de los ERE irregulares.

Las filias y las fobias están torpedeando cualquier intento de aproximarse al juicio de esta instrucción con ecuanimidad. Se tira más de argumentarios que de argumentos y terminamos por pensar que esto más que un proceso judicial es una batalla política que se dirime en un juzgado de instrucción. Y no es así, aunque a veces lo pueda parecer. Tanto quienes defienden los autos de la jueza Alaya como quienes los ponen en tela de juicio tienen una parte sustancial de razón en lo que sostienen. Pero no hay verdades absolutas o rotundas.

Soy de los que cada día me asombro aún más con la impunidad con la que un grupo de pícaros y trincones pudo montar una máquina tan engrasada para desviar más de 150 millones de euros de fondos públicos de la Junta de Andalucía.

Repasemos: esta maquinaria se habilitó por una combinación letal de tres factores: 1. Se montó un sistema de transferencias de financiación que relajó los controles de fiscalización de ayudas por valor de más de 700 millones destinadas a los expedientes de regulación de empleo de las empresas en crisis. 2. No se tuvieron en cuenta las advertencias que se fueron haciendo repetidamente desde el cuerpo de interventores de la Junta Y 3. Hubo un grupo de exsindicalistas, empresarios, aseguradoras, bufetes y consultoras que, en connivencia con algunos altos cargos de la Administración, aprovecharon estos agujeros en los controles de seguridad para saquear los fondos públicos como si se tratara de una horda de vikingos al asalto del botín.

En esta tesitura, a nadie le puede sorprender que se impute a algunos altos cargos del Gobierno por los delitos presuntamente cometidos. Hay responsabilidades penales y políticas muy graves y aún queda depurarlas. Ahora bien, el que considere de puro sentido común que se termine imputando a algunos cargos de la Administración no quita para que detecten datos chocantes en el último auto de la jueza.

Ahí van. 1. Cuesta entender que se impute a esa veintena de altos cargos y, sin embargo, no se aclare qué delitos se les imputan; 2. Extraña también que se les impute a todos por cumplir con una ley que fue aprobada en su día por el Parlamento andaluz; 3. Es cuestionable que vaya a por todos los altos cargos con alguna relación con los hechos investigados, entre ellos la exconsejera y ministra Magdalena Álvarez, y se deje atrás a los aforados (el primero y más relevante, José Antonio Griñán) y, cuarto y último, no deja de escamar ni la coincidencia con procesos electorales  ni esa tendencia de la jueza a utilizar un tono editorializante y como de novela de misterio en sus autos.

A mi juicio, no se puede hablar en ningún modo de persecución o de causa general contra Chaves o Griñán, pero sí que se puede afirmar con rotundidad que algunos de los autos de la jueza de los ERE terminan por hacerle un flaco favor a la propia magistrada, pues extienden esas sospechas de una supuesta parcialidad y dan munición a quienes observan en ella un empecinamiento casi obsesivo en apuntar, y disparar judicialmente, a las más altas instancias del gobierno andaluz.

29
Jun/2013

Los aceleramientos de Griñán

Tiremos de tópico preconcebido para intentar definir el centrifugado que ha provocado el anuncio del presidente de la Junta, José Antonio Griñán, de que no repetirá como candidato del PSOE en las próximas autonómicas: el que da primero, da dos veces. Y si, además, quien da el golpe lo hace casi a las primeras de cambio y de forma sorpresiva, el resultado es el que es: la operación de relevo le está saliendo, por el momento, casi tan bien como cuando decidió desligar su futuro del de Rubalcaba, convocó las andaluzas cuatro meses después de las nacionales, se salvó de la quema general y permitió que el PSOE conservara la Junta con la ayuda de los socios de IU.

jcb-blog-grinanEl guion previsto por quienes han participado en el diseño de esta sucesión se está cumpliendo con precisión. El presidente anuncia su decisión de irse un 28 de junio en la Cámara autonómica y un día después se activa la maquinaria para que sólo un mes después, y vía primarias exprés, Susana Díaz Pacheco sea nombrada la candidata del PSOE a relevarle en el cargo de inquilino mayor de San Telmo.

El camino está más o menos despejado. Apenas hay tiempo para que se pueda rearmar ese sector crítico que aglutinó los restos del chavismo hace un año en Almería (atentos a los movimientos que puedan hacer en estas próximas 48 horas) y el PSOE nacional de Rubalcaba anda en tal estado de narcolepsia que no se vislumbra la posibilidad de que alguien quiera o pueda frenar estas primarias tan aceleradas.

Griñán se ha movido y el tablero se ha tambaleado dejando a sus contrincantes con cara de preguntarse: “¿Y ahora qué hago yo con estos pelos?•. Los primeros, los del PP, con un Zoido cuya irrelevancia en Andalucía es cada vez mayor; los segundos, los socios de IU, recelosos de que el hermano mayor les termine por devorar en cuanto se descuiden; los terceros, los críticos con Susana Díaz, necesitados de encontrar con extrema urgencia al Usain Bolt que sea capaz de esprintar con la consejera de Presidencia en la carrera de las primarias, y, por último, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien apenas puede esconder que ha tenido que engullirse un bote de omeprazol de 80 miligramos para tragarse una decisión que se le atraganta en el esófago.

¿Era necesario todo esto? Seguramente la respuesta sólo la puede dar el propio presidente de la Junta. Él, que ya vivió los sinsabores del relevo que le hizo a Chaves, ha decidido esta vez jugar con los tiempos a su manera y ha abierto el proceso sucesorio sólo 14 meses después de que fuera refrendado como presidente de la Administración autonómica.

¿Razones? Tal vez la creencia de que era necesario romper moldes para agitar al PSOE federal, descrito por muchos como un enfermo terminal ávido de savia nueva; tal vez la quemazón por tener que estar día y noche defendiéndose del caso de los ERE mientras ve que la crisis destroza la vida de cientos de miles de andaluces o tal vez el simple cansancio de un señor de 67 años que tiene el legítimo deseo de llevar una actividad menos frenética y poder estar más tiempo con su familia.

Por ahora, sólo se atisban un par de hechos objetivos claros: 1. Que, salvo sorpresa, Susana Díaz se irá de vacaciones como candidata del PSOE a la Presidencia de la Junta. Y 2. Que es casi metafísicamente imposible que Griñán aguante tres años de presidente en estas condiciones y que, en consecuencia, el relevo en San Telmo llegará mucho más pronto que tarde. ¿Pura elucubración? Sí, pero con visos de convertirse en realidad. Y no dentro de demasiado tiempo. .

28
Jun/2013

Con B de Bárcenas… y de bomba

Luis Bárcenas ha dormido esta noche en la cárcel de Soto del Real. Una humillación más para quien era recibido como el rey de Siam cada vez que se acercaba por Zurich o Ginebra. No hay riesgo de una solución estilo Blesa, con el extesorero del PP en la calle y cargado de razones para recusar al juez que lo ha metido en la cárcel. El auto es sólido. Y Pablo Rus no es el juez Silva. Entre uno y otro hay la misma diferencia que pueda haber entre un catedrático de filosofía pura de la Sorbona y un tertuliano histérico del Sálvame. Uno es serio. Y el otro es mejor ni definirlo. Ahora todos tiramos de tópico para intentar adivinar el futuro más inmediato del exrepartidor de sobres de dudosa moral en la calle Génova de Madrid: ¿Tirará de la manta? ¿Dará nombres? ¿A quién implicará? Hay quienes dicen que ya ha hecho todo el daño que podía hacer. Discrepo. Aquí se ha activado ya una bomba de neutrones que no se neutraliza ni con una promesa de indulto de por medio. Algunos van a pagar los desatinos del tiempo en que se sintieron impunes. El número dependerá de las ganas de Bárcenas de contar todo lo que sabe…o de callárselo.