15
Mar/2013

La capilla de San José

Esta joya del Barroco sevillano, fundada por el gremio de los carpinteros, experimentó un proceso constructivo dilatado en el tiempo. Iniciada su única nave en 1667 por el maestro de obras Pedro Romero, ésta no se vería finiquitada hasta 1717 por sus propios hijos.
Pero sería a partir de 1747 cuando el carpintero Esteban Paredes abordara lo que podemos considerar como segunda fase de la obra, capilla mayor y fachada. En suma, su estructura –producto de alarifes– es bien sencilla: un templo de los que denominamos de “cajón”, cubierto por bóveda de medio cañón con lunetos y bóveda elíptica en su crucero. Sin embargo, la decoración de este “estuche de maravillas” –como lo definiera A. Bonet Correa–, ofrece la singularidad de un barroquismo exuberante, fruto de la articulación de sus diferentes retablos, algunos de ellos –como es el caso de los del crucero- rematados por tribunas, su pintura mura (prácticamente arruinada por las humedades y suciedad acumulada), sus yeserías y azulejería, o el magnífico órgano que se alza sobre el coro voladizo y deslumbrante. ¡Algo deslumbrante!
Pues bien, esta capilla, regida por los Padres Capuchinos desde 1916, después de soportar sobre fábrica el paso devastador de dos siglos y medio de historia y otras muchas calamidades y amenazas, hoy requiere una indudable restauración integral que abarque de un modo pormenorizado a sus bienes muebles e inmuebles. Y para ello, según el restaurador Juan Aguilera, director de la empresa Ágora restauraciones, serían necesarios 1,4 millones de euros.
El proyecto es ambicioso. Me refiero a su financiación –sobre todo si va a ser privada– en estos tiempos de aguda crisis. Y mucho me temo que las buenas intenciones de la Asociación para la Restauración del Patrimonio Artístico Nacional (Arpan), promotora de tan encomiable propuesta no sean suficientes.
Lamentablemente este conjunto excepcional quedó fuera de la programación de diversas intervenciones que, con motivo de  la celebración en 1997 –cuando todavía eran posibles estos eventos– del año de Andalucía Barroca, fueron llevadas a cabo. Por otra parte, tampoco contamos con una Ley de Mecenazgo eficaz que haga atractiva la implicación de la sociedad civil –y no solo hablo de desgravaciones fiscales– en la salvaguarda y puesta en valor de nuestro rico patrimonio cultura.
En cualquier caso, bienvenida sea esta iniciativa y mucha suerte a sus promotores.

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