Hispalíneas | por Antonio Zoido

Archive for Febrero 2012

Feb/12

29

En el envés de la realidad

El abad Gordillo nos informaba hace casi cinco siglos sobre las estaciones de la religiosidad sevillana, algunas de las cuales habían seguido vivas a lo largo de los siglos de Al Ándalus, y otros cinco antes tenemos noticias de las peregrinaciones a Palestina de quienes querían curarse de alguna dolencia y pensaban, con mentalidad mágica, que realizando el camino hacia el Calvario lo lograrían. Las Cruzadas y la interiorización de la religiosidad promovida por los franciscanos trajeron esa miniperegrinación de los viacrucis cuyas estaciones, indefectiblemente, jalonan el perímetro de las naves de todas las iglesias.

Un acto de piedad cristiana, como el rezo del rosario, se ha convertido de unos años a esta parte en otra cosa difícil de definir; me refiero al viacrucis penitencial que organiza el Consejo General de Cofradías al principio de la Cuaresma. Hace menos de 50 años los escalones hacia las estaciones de penitencia de la Semana Santa los marcaban los actos de cada hermandad y la apertura de la Casa de Pilatos los viernes para ver al Cristo de Medinaceli. Es sintomático que un libro tan lleno de sentimiento como Semana Santa en Sevilla, de Juan Delgado Alba, escrito en 1968 y publicado a principio de los 80, ni lo nombre.

El viacrucis del lunes es una redundancia que no se sabe a qué viene si se exceptúa el contento de la hermandad cuya imagen procesiona y el de los bares del Centro que ven aumentar su clientela en una tarde-noche de las más bajas de la semana. No tiene ni tradición ni estética ni sentido ciudadano; su aroma es el de las misiones de los años 50, solo que sin frailes y con muchos señores que se dejan ver. Tal vez ahí esté la clave: lo que hace reales las estaciones de penitencia es el anonimato y esto es el envés de esa realidad. O sea: pura filfa.

Feb/12

28

Verdiblanca surrealista

Aquellos que tengan memoria fotográfica y vieran la película recordarán que en Gary Cooper que estás en los cielos, de Pilar Miró, la bandera verdiblanca estaba en la redacción madrileña del periódico en el que trabajaba la protagonista acosada por el cáncer. No hay nada más  apasionado ni, por tanto, más voluble que la sala de redacción de un diario y la Autonomía andaluza era entonces la Pasión. Una pasión sin calificativos porque toda la Transición española no los tuvo. A nadie se le ocurrió ninguno de los epítetos que han acompañado luego esas revoluciones que, como los partidos o las bodas del siglo, duran exactamente lo mismo que un periódico: un día.

Ni terciopelo, ni seda, ni primavera: aquello fue una epopeya con todos los atributos de lo anónimo; fue, sencillamente, un pulso impredecible y general en medio de calles que se llenaban, sin planificación y sin consignas, de banderas verdiblancas como la de la redacción del periódico de la película. La revolución verdiblanca, a la que nadie llamó así nunca, dio sus frutos; por lo menos a mí, que sí tengo memoria, me lo parece. Recuerdo una tierra irredenta, recuerdo que el teatro surrealista de Salvador Távora aquí se parecía a la realidad.

Los frutos fueron tantos que andan por ahí, desparramados, sin que en muchos casos y después de tantos tiempo se los aprecie. Por eso han entrado en el campo de aquella revolución a respigarlo los que entonces se opusieron a que se sembrara y salen de allí con ellos como si hubieran abierto los surcos. Cuelgan la verdiblanca en la redacción de sus manifiestos y programas y la lanzan a la calle preñada de promesas. No les importa: ellos saben que el medio que lleva el mensaje –por el que ayer se dio, incluso, apasionadamente la vida– puede servir mañana para envolver el pescado.

Feb/12

27

No hablamos de Europa

En el encuentro con Luis Planas, dentro del ciclo Hablemos de Europa de este periódico, quedaba claro lo beneficioso que había sido para España y Andalucía haber entrado a formar parte de la Unión Europea y, al mismo tiempo, la débil conciencia de ser parte importante de su Historia y su Cultura. Recuerdo el asombro de los periodistas que hace 4 años acompañaban a la selección española de fútbol cuando, al llegar al lugar de entrenamiento en el Tirol, se encontraron con que la población los recibía como “primos hermanos” por la ascendencia española de sus reyes. Pero, ¿quien dijo aquí algo sobre el emperador Fernando I y sus hijos?

Aquí solamente imperó un nacionalismo de vía estrecha, en respuesta a la Leyenda Negra que, a su vez, no era otra cosa que una intoxicación informativa ideada por los ingleses y a la que no se debería haber prestado atención. Claro está que esa Leyenda le vino muy bien a Franco para proclamar que los países democráticos no lo atacaban a él sino a España. Ahí terminamos intoxicados todos y con un complejo de inferioridad del que no acabamos de desembarazarnos. Nos quedamos, por ejemplo, con la Sevilla cerrada de la segunda mitad del XVII y nunca recordamos la que en el siglo anterior albergaba una población paneuropea.

Preferimos –otro ejemplo– a un Bécquer localista, entenado de cuentistas de regional preferente al Bécquer hijo de Hölderling y Heine; nos enseñaron a cabrearnos porque los italianos se quedaron con el nombre de América en vez de decir que Américo Vespucio fue un sevillano más de aquel tiempo. Así que, en vez de tomar el centro, no nos queda otro remedio que concebir Europa como un lugar desde el que a veces nos llegan subvenciones y a veces no. Y a resignarnos a contestar “a sus órdenes” cuando la señora Merkel nos pone firmes.

Feb/12

26

Lenguaje y realidad

El otro día oí una expresión que no escuchaba hace decenios: una señora muy mayor dijo que algo estaba “por la Puenta Onsario”, como la gente de la calle la llamaba cuando yo era un chaval. Los doctos y eruditos no sólo la corregían sino que se dedicaban a teorizar sobre supuestos cementerios que nunca aparecieron y hacían referencias al lugar del martirio de las Santas Justa y Rufina hasta que, tanto en el callejero como en el habla, se asentó el nombre y el topónimo popular quedó bajo la losa del olvido perdiéndose no sólo un nombre sino una referencia histórica.
La Economía no nació con las financieras y derivados bursátiles que nos han metido en el lío en el que estamos; en la antigüedad las ciudades la tenían y eso se refleja en las puertas de la muralla con cometidos especiales: la Puerta de la Carne o la de los Licores –bajo el extinto bar La Moneda– son dos ejemplos sevillanos; Ámsterdam aún conserva el topónimo De Waag, la Balanza, en una de sus puertas; en Málaga una calle sigue llamándose Peso de la Harina y la Plaza Larga del Albaycín tiene la Puerta de las Pesas.
Pero íbamos al Onsario de esa señora. Y resulta que las Bab-Onsar siguen en las guías turísticas de muchas ciudades donde se habla árabe: en Túnez y Chauen son todavía las Puertas de la Balanza o del Peso. De modo que a veces la gente habla bien y los académicos se dedican a llevarles la contraria. A crear una falsa realidad cargándose las verdades de la tradición oral.

Feb/12

25

Menestral y caballero

La corrida es un espectáculo y una liturgia; un arte y un oficio: el camino de la fiesta de los toros llegó hasta aquí sobre el filo de la navaja barbera de la emoción y la reflexión: el torero de a pie tuvo que ser, siempre y a la vez, orgulloso y humilde. Para triunfar no debía nunca perder de vista sus orígenes y recorrer el anillo recogiendo las dádivas de un público que, en ese momento, le ofrece lo que tiene. Da la vuelta al ruedo siendo príncipe y mendigo. El éxtasis del espectador depende de la consumación de la ceremonia por parte del celebrante y éste ha debido, antes, ofrecerse como víctima propiciatoria.
La confección del cartel de esta temporada ha demostrado cuánto y cómo han cambiado las cosas y, sobre todo, que la tauromaquia en tiempos de crisis están saldándola los toreros, algunos toreros para ser exactos. Desapareció la emulación en la plaza, se difuminó el estilo propio, la personalidad, cada cual se dedicó a buscar la forma de distinguirse en el terreno de lo mediático, formaron lobbys con nombres parecidos a los de las potencias financieras, impusieron sus querencias en relación con determinadas ganaderías y se aliaron con algunas de ellas para constituir holdings… En fin: dejaron la fiesta abandonada a su suerte.
No hay que echarle la culpa a los empresarios porque éstos son lo que han sido siempre: negociantes; ni al aficionado, que sigue esperando con que vuelvan las tardes de otros tiempos; ni a los métodos empleados en la cría de las reses, porque hay bastantes que por la noche sueñan cosas parecidas a las de Fernando Villalón. La responsabilidad de unos carteles hilvanados o remendados de una Feria a punto de entrar en barrena es de unos diestros que olvidaron que, por encima de todo, la gloria la obtenían por ser menestrales y caballeros.

Feb/12

24

Cuestión y razón de Estado

La Torre Pelli sigue creciendo mediática y políticamente hablando y amenaza con alcanzar la categoría de barullo cuando la ministra Ana Pastor ha intervenido para decir que falta un informe sobre navegación aérea. Tampoco se ha tenido en cuenta que el edificio se encuentra a pocos metros del río y, seguramente, algo tendría que decir sobre ese punto la Demarcación de Costas. De igual forma habría que ver hasta qué punto interfiere en las rutas migratorias de aves, sobre las cigüeñas que llegan por San Blas desde Marruecos y el camino contrario de los ánsares provenientes de Finlandia, tan importantes que, incluso, están en su moneda de dos euros.

A estas alturas –del rifirrafe, no del edificio de Pelli– uno se pregunta cómo Barcelona pudo construir en un pis-pas la Torre Agbar y Londres hacer lo mismo con el pepino de Foster asomando por encima de la catedral de San Pablo o por qué el rascacielos de Montparnasse lleva décadas en pleno Barrio Latino de París y la respuesta que se le ocurre es la de que todos ellos se quedaron en lo que eran: proyectos arquitectónicos que, como siempre, gustaron más a unos y menos a otros. Éste, sin embargo, nada tiene que ver con la arquitectura y, al parecer, se ha convertido en una cuestión de Estado.

De un Estado en el que cada uno de sus poderes hace de su capa un sayo y cada vez se advierten más síntomas tribales, donde, aunque sin guerra, campan por sus respetos señores de la guerra con modos y maneras que desdeñan cualquier consideración económica o cultural para imponer sus criterios clientelistas otorgando a cada ciudad y a cada territorio un papel a cumplir. Comenzamos a enterarnos de cuál debe ser el que, por razón de Estado, se le ha asignado a Sevilla: el que cumplía en el cine en blanco y negro de hace sesenta o setenta años.

Feb/12

23

Jueves de ceniza

Antes que el Miércoles de Ceniza existió el Carnaval, el escape anual del orden preestablecido, la inversión pasajera de la pirámide social, el triunfo efímero de la transgresión. Hace menos de 100 años desde los púlpitos se clamaba contra aquel desmadre con imprecaciones llenas del fulgor de las llamas infernales sin que los curas que las pronunciaban se percataran de que eso era, simplemente, el envés de la misma realidad: la locura colectiva llegaba al paroxismo guiada por la certeza de que poco después terminaría y las palabras de los pastores eran atronadoras por la certeza de que las ovejas volverían al redil.

Eso sucedía ese miércoles, cuando te marcaban la frente con ceniza mientras te decían con la solemnidad litúrgica del latín que eras polvo y en polvo te ibas a convertir irremediablemente: se lo decían al noble y al plebeyo, a todo el mundo. Ahora la mayoría de la gente ha perdido la cadencia métrica de un año que sólo tiene dos clases de días, en los que se trabaja y en los que no, sin que ni el trabajo ni el descanso tengan tonos o colores particulares. Pero, además, no existe una ceremonia civil que cargue con el peso de la insoportable levedad del ser que trató de definir Milan Kundera; ni la sociedad industrial ni la posmoderna la han encontrado.

Y estaría bien que, una vez al año, una liturgia con su correspondiente ceremonia recordara a muchos el sinsentido de comprar casas que no se querían para vivirlas sino para venderlas u obligara a los políticos a sacar su cartilla de transeúntes para que la miraran mientras la tiznaban. Sería lo justo porque ya hace tiempo que el Carnaval se instaló tanto en los bancos y en las bolsas como en los hemiciclos, salones de plenos y salas de reuniones. Este mundo necesita un Jueves de Ceniza. Laico, por supuesto.

Feb/12

22

La Corte de los milagros

Dos días después de que Javier Arenas pronunciara el fervorín llamando a liberar Andalucía de la ocupación como si fuera el general Mac- Arthur antes de volver a Filipinas, otro nombre religioso ha ocupado el rótulo de una calle: parece, pues, confirmarse que anteriores hechos similares no eran simples escaramuzas sino más bien el desembarco de los ejércitos liberadores y también que cada vez se delinean con mayor claridad cuales serán los pilares de la acción liberadora que se pretende; Sevilla habrá alcanzado dentro de poco cimas inmarcesibles: será una ciudad santa, como Benarés o Tombuctú.

Y no se trata de que antes no estuviera transida de huellas religiosas; alrededor de esa vía recién rotulada están las calles Amparo –por el hospicio de niñas desamparadas que existió–, Regina o Encarnación, recordando los conventos de esos nombres, Europa, no por el continente sino por la Virgen con esa advocación… En fin, fue la Historia la que dejó un poco por todas partes su huella ayudada por regidores cultos que conocían el valor poético de la polisemia y lo aplicaban lo mismo a la metáfora en el verso de una seguidilla que al callejero. “O tempora, o mores”, que decía Cicerón para referirse a un pasado mejor.

Los sevillanos tenían asumida ese concepto de lo lírico y los que venían de fuera quedaban subyugados por la hermosura de lo pequeño en una urbe con un pasado tan grande. Es algo que se está tirando por la borda. La vida de esa monja, dedicada por entero a cuidar enfermos calladamente, nada tiene que ver con el famoseo inverecundo de un remake de la Alianza del Trono y el Altar en versión Facebook. El desembarco en esta Filipinas ocupada por los socialistas puede acabar no llevándonos al futuro sino, en vivo y en directo, a La Corte de los Milagros, de Valle Inclán.

Feb/12

21

El interés general

Quien lleva un coche sabe cuál es el interés general de todos los que conducen: respetar el código de circulación. Pero, del interés general de las naciones se llevaba hablando más de 300 años hasta que el presidente de la CEA y el ministro De Guindos han zanjado la cuestión: ya sabemos que el interés general ha cristalizado en la reforma laboral que pretende llevar a cabo el Gobierno de España. Queda por resolver una pequeña cuestión, la del por qué el anuncio de esa reforma ha puesto tan contentos a los grandes empresarios y tan tristes a los trabajadores pero ya se está encargando de solucionarla el martilleo de los medios de comunicación conservadores.

A estas alturas ya nadie se acuerda de cómo comenzó la crisis; tras cuatro años y pico de agobio han ido olvidándose otros “intereses generales”, como la calificación de urbanizable a todo tipo de suelos para que se produjera su abaratamiento sin que, para alcanzar esa meta, los sindicatos tuvieran que mover un dedo ni mediaran manifestaciones populares para arrancar esa concesión. A lo largo de la Historia de la humanidad, el interés general de cada época siempre se consiguió después de muchos esfuerzos, mucho sudor y, desgraciadamente, muchas lágrimas.

La masiva confluencia en las manifestaciones del domingo no se la esperaba el Gobierno; creo que tampoco el PSOE y dudo que tampoco los sindicatos aunque fueron los únicos que trabajaron por conseguirla. Así que a todos les queda unas semanas de reflexión para sacar las oportunas conclusiones. Pero que quede una cosa clara: ante el interés general del ministro y la patronal viene a la memoria lo que dijo Carlos V: “mi primo Francisco I de Francia y yo estamos de acuerdo en todo: los dos queremos Milán”. Entonces cada uno la quería para sí: ahora para repartírsela.

Feb/12

20

O Ikea, o Sevilla

Antiguamente los reyes, antes de entrar por la puerta de la Macarena, tenían que jurar los fueros que ordenaban la ciudad, la hacían habitable, preservaban sus propiedades y defendían sus derechos. Se lo demandaba el cabildo –el ayuntamiento– instituido para eso. Meses atrás, cuando en campaña electoral Juan Ignacio Zoido lanzaba el slogan de “menos ayuntamiento”, estaba pidiendo el fin de todo eso. Estamos viendo resultados. Hace 10 años Ikea era, simplemente, una empresa que, tras la negociación con un municipio –Castilleja– veía la rentabilidad de su oferta, contrataba a las personas que le hacían falta, invertía en publicidad y abría su establecimiento.

La situación es hoy muy distinta: la oferta la realiza el Ayuntamiento de Sevilla y la empresa demanda suelos, infraestructuras y exenciones: se ha conseguido delinear un panorama en el que lo único que parece existir son unos teóricos puestos de trabajo logrados gracias a la labor del Consistorio. La crisis ha dado lugar a una nueva versión del experimento de Paulov y el sonido de la palabra “trabajo” hace que todo parezca ir sobre ruedas: la Copa Davis no es deporte sino trabajo y lo mismo le sucede a la Ciudad de la Imagen, el parking de un barrio o el sursum corda.

La relación entre el estímulo y su consiguiente reacción han anulado el proceso reflexivo: mientras desde arriba se dictan normas que convierten cualquier contrato laboral en papel mojado, el nanoconsistorio del PP parece haberse convertido en una agencia de empleo aunque el paro siga subiendo y los contratos de trabajo no sean más que una nube que flota en el cielo sin convertirse en lluvia. La consecuencia es que la ciudad marcha sin gobierno y las empresas parecen el emperador. El alcalde tendrá que elegir entre que abra Ikea o que cierre Sevilla.

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