Hispalíneas | por Antonio Zoido

Mar/10

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La bicicleta de Monteseirín

Hoy el 5% de los sevillanos viaja por la ciudad en bicicleta y hace 60 podría haberlo hecho el 50%… si hubiera tenido dinero para comprársela. La bicicleta era entonces el medio de transporte de la aristocracia obrera, que es como llamaba Lenin a aquellos que tenían empleo para toda la vida o, al menos, creían tenerlo, y la herramienta de trabajo de afiladores, fontaneros y gente así. Ahora la cuestión no es que haya un 5% de personas que va en bicicleta sino que un alto porcentaje de ciudadanos puede escoger su medio de transporte preferido y ese 5% opta por la bicicleta.

Hace 60 años viajaba en bici quien había podido ahorrar para comprársela y no ir a pie, o quien así ahorraba no gastándose el dinero del billete de tranvía; era un vehiculo de pobres. De modo que quedó prácticamente para juguete de parque en cuanto llegaron las motos y los coches y, después, el caótico tráfico de éstos impidió usarla con seguridad. Todos, incluso sus más encendidos partidarios, estábamos convencidos de que no se implantaría masivamente e incluso –como para tantas otras cosas- poníamos el carácter del sevillano como argumento. Y resulta que no, que lo que faltaba eran, sencillamente, los kilómetros de carril-bici y las bicicletas de alquiler.

Y un soñador que se atreviera a levantar media Sevilla y a soportar las críticas y la oposición de muchos. Cuando el tiempo haya borrado su tendencia al despotismo ilustrado y a adelantar su aplauso al de los demás, la figura de Monteseirín se realzará; quedará como gran impulsor de una Sevilla distinta este hombre, con realizaciones disfrutadas con desmemoria después de haber pasado por proyectos tomados a guasa; por eso vienen a la cabeza los versos del Piyayo: “a rechifla lo toma la gente;/ a mí me da pena/ y me causa un respeto imponente”.

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