26
Jul/2014

Frenesí contra el ni fu ni fa

Es tan tradicional e inevitable como el millón de personas el sábado de Feria o el fin de semana del Rocío. Se acercan las elecciones municipales (faltan diez meses, que eso es nada) y entramos en esa fase torbellino en la que caen todos los gobiernos, de cualquier rango y color, con dos objetivos fundamentales: empezar a dar sensación de movimiento, de que se hacen muchas cosas, y quitarse de encima todas las cuestiones espinosas para que transcurra el mayor tiempo posible entre la bulla que generan y la hora de meter la papeleta en la urna. La idea es que el tiempo lo cura todo y a más de uno se le habrá pasado para mayo el posible calentón que coja ahora con lo que no le gusta.

Sevilla 25 07 2014:Pleno Ayuntamiento de sevilla. FOTO:J.M.PAISANOAsí que ahí tenemos a nuestro insigne gobierno municipal entrando en modo frenesí, porque de repente ya no va a valer sólo con esa «bendita normalidad» que tanto le gusta proclamar a Zoido como su principal seña de identidad, ese «todo funciona y no hay líos» que contrapone a la etapa anterior, los de la herencia recibida. Sí, todo eso está muy bien, pero nada más que con eso no se ganan elecciones. Así que, mientras que todos en el PP nacional están soplando como locos para que las velas del barco de la recuperación económica se desplieguen (y que lo note la gente a pie de calle, no sólo bancos y grandes empresas), en el ámbito local las tropas se aprestan para la batalla. Sin novedad en el frente, cada cuatro años igual: al toque de clarín, se acabó el tiempo de la normalidad.

El problema es que esa bendita tranquilidad ya apuntada lo interpreta el personal como que ni fu ni fa, tal y como se ha encargado de dejar clarito el Barómetro de la Fundación Cámara sobre el estado de la ciudad. Dejando al margen la ampliación de la zona azul, con la que la mayoría está de uñas, varios de los principales proyectos en los que andan enfrascados Zoido y su equipo reciben el respaldo de la ciudadanía. No sólo eso, sino que el gobierno local aprueba en casi todo (suspende en viviendas públicas y limpieza) y la mayoría de los encuestados creen que la economía mejorará en 2015. Pues bien, con todo y con eso, el 78% de los sevillanos ven que la ciudad no despega, que o se ha quedado estancada (47,9%) o va para atrás (30%). O sea, algo más o menos así:

–¿Me puede decir su valoración de cómo está Sevilla?
–Pssssssssss.

Y claro, con un pssssssssss de este calibre no se ganan elecciones. Así que lo primero que ha dicho Zoido es que toma buena nota de lo que no gusta con propósito y afán de enmienda, a la vez que presentaba su propia encuesta, en la que saca notable. A la vez, se van inaugurando los últimos coletazos de la herencia recibida (el museo de la cerámica de Triana, la culminación del parque del Guadaíra y con él de la red de parques diseñada en 2003…), una herencia recibida de la que por cierto no se dice ni mu, cuando luego se publicita hasta que ahora sí que se ponen bien los marmolillos, no como antes.

Pero el mayor reflejo del acelerón en el que ya estamos se vivió en el Pleno del viernes, donde las ordenanzas (y no precisamente de las intrascendentes) se apegotonaban en la parrilla de salida para su aprobación. Todas con su polémica, todas con vecinos, empresarios o hasta ciclistas molestos, pero ahí estaba la mayoría absolutísima del PP para aprobar esta norma y que pase la siguiente, por mucho que este gobierno local pueda quedar marcado como el que prohibió jugar al dominó en las terrazas, que te cae un sambenito de éstos y no hay quien te lo quite. La cosa está tan revolucionada, hay tantas prisas ya por todo, que se coló sin previo aviso y por vía de urgencia la ordenanza de circulación (no son las maneras, no), y con el puente de la Cartuja se aprobaba una cosa y su contraria, se le metía prisa a la tramitación pero se cogía el dinero que no se va a gastar para destinarlo (deprisa, deprisa) a otras cosas. Lo mismo ocurrió el otro día, que se sacaron de la manga (nada por aquí, nada por allá) 5,5 millones para destinarlos a obras en la calle, de las que se ven y te ganan elecciones. Todo sea por huir de ese temido pssssssssss.

19
Jul/2014

América no es para mí

El enésimo capítulo de las Atarazanas empieza a escribirse con algo tan prosaíco como el cierre de un plazo administrativo, el que ha tenido cualquier entidad para optar a hacerse con la gestión del colosal edificio. Como era previsible, nadie ha levantado la mano, así que La Caixa y la Fundación Cajasol son las que se quedan el inmueble durante al menos 20 años, con el encargo de convertirlo en un centro americanista y de todo lo relacionado con el Descubrimiento. Cuando la cosa se concrete y abra sus puertas, por fin Sevilla, la tan cacareada Puerta de América, la ciudad que durante siglos fue el cordón umbilical entre dos continentes, la verdadera capital de aquel imperio americano, tendrá algo que recuerde lo que fue y, como se dice finamente, ponga en valor aquello.

atarazanas-02

Han hecho falta cinco siglos y pico, pero parece que por fin vamos a saldar esa deuda. Una deuda que, por otra parte, es con nosotros mismos, con nuestro pasado, con aquello que fuimos y de lo que nos sentimos orgullosos cuando lo vemos en los libros de historia, pero que a la hora de la verdad nunca hemos reivindicado ni mucho menos le hemos sacado partido. Tenemos, sí, la estatua de Rodrigo de Triana, aunque al parecer de trianero sólo tenía el nombre, porque el hombre habría nacido en Lepe, pero ni eso ni que él fuese el primero en gritar tierra está demasiado claro. También tenemos la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de la calle Alfonso XII y, sobre todo, el Archivo de Indias, pero porque lleva ahí toda la vida, si somos sinceros ni lo conocemos ni está especialmente bien integrado en la vida cultural de la ciudad. Y tenemos, que no puede olvidarse, un alcalde al que en campaña le dio por hacer un chascarrillo con que las carabelas salieron de Sevilla, una broma que nadie entendió, por la que pidió perdón y que es de suponer (porque no lo explicó) que hacía referencia a que Lepe formaba parte del Reino de Sevilla cuando Colón se embarcó.

Sea como sea, la cuestión es que la relación entre Sevilla y América la guardamos para ocurrencias como éstas o para adornar los discursos oficiales, en los que siempre queda resultón sacar a pasear el pedigrí de vez en cuando. Pero ya que estamos con Zoido, lo cierto es que el Ayuntamiento (ni éste ni los que le precedieron) ha visto nunca una oportunidad en eso de reivindicar el papel de Sevilla en América, y lo mismo puede decirse de la Junta y el Gobierno central, excepción hecha de una Expo 92 que (conviene recordarlo) primero se le ocurrió la idea a la ciudad de Chicago.

Lo de los lazos americanos nos suena a viejo, casi a franquista por aquello del machaque con la idea de la Madre Patria, o como poco a desfase kitsch en plan 300 millones o festival de la OTI. Nunca hemos sabido aprovechar, ni tiene pinta de que vayamos a hacerlo, el potencial brutal de esos lazos. De hecho, y en un caso relativamente parecido, hasta estamos olvidando el pasado marinero de la ciudad, mucha historia con el dragado del río para conectar con el mar pero luego olvidamos la Historia. Ahora la Comandancia Naval de Sevilla se muda y deja su pabellón del 29, y no pocos ven ahí el primer paso para su adiós definitivo a la ciudad.

Así que, si el centro que La Caixa va a gestionar en las Atarazanas no lo remedia, vamos a seguir sin sacarle brillo a nuestra historia americana por mucho que seamos cuna de americanistas de postín. Y porque hay alguien a quien hacerle el encargo, que nosotros como ciudad no estamos por la labor, para qué vamos a decir otra cosa. Esto es como lo del Arhivo de Indias: encantados de que esté aquí, pero si por ejemplo a Franco, tan dado a centralizarlo todo, se hubiese empeñado en llevárselo a Madrid no se crean que ahora estaríamos partiéndonos el alma para que nos lo devolvieran. Y ya me dirán qué hace el Museo de América en la capital del reino. Mucho Puerto de Indias, pero aquel barco lo dejamos marchar sin decir ni mu. Menos mal que de vez en cuando obligamos a alguien a que nos saque las castañas del fuego, porque nosotros no tenemos tiempo para estas cosas.

12
Jul/2014

A esta fiesta te invito más tarde

Hace una pila de años, en la Sevilla que se ponía de punta en blanco para la Expo, uno de los ejes de aquella reinvención de la ciudad fue reabrir el río, colocándole un tapón en San Jerónimo. Ya que estamos, se dijo, pues hacemos un parque en esta zona, que no tiene ninguno. Allí se ubicó el Huevo de Colón, ese regalo de Rusia con el que sinceramente no se sabía muy bien qué hacer, se plantaron cuatro árboles y se anunció que ya estaba el parque. Los vecinos lo miraron de reojo y protestaron porque aquello sí que era minimalismo, se había conseguido hacer un parque sin nada verde, hijo directísimo de una política urbanística que nos regaló espacios tan horrorosos como el de Plaza de Armas. «Una plaza dura», se vendió entonces por parte de nuestros munícipes para disimular el engendro, un nuevo concepto para unos tiempos nuevos. Con el presunto parque de San Jerónimo se fue menos disimulado todavía, ya que directamente se vino a decir que era la zona verde ideal para esa parte de la ciudad, que no estaba preparada para otra cosa. Vamos, que allí no podía ir un parque fino porque los lugareños se lo iban a comer en cuatro días. Pura diplomacia.

INAUGURACION PARQUE GUADAIRALa batallita me ha venido al recuerdo a cuenta de la inauguración del parque del Guadaíra, del que se han dicho cosas tan bonitas como que «rompe barreras» y que «favorecerá la cohesión urbana, social y cultural». Y para demostrar que hechos son amores, lo primero que se ha hecho es no abrir las puertas del recinto que dan a la zona del Polígono Sur, todo un alarde de ruptura de barreras y cohesión social. Después decimos que los vecinos de esta parte de la ciudad no son de segunda, pero le ponemos un parque en sus narices y poco menos que les pedimos el pasaporte para entrar. No ha sido la mejor manera de estrenarlo porque la fiesta ha sido incompleta, es como si no hubiésemos invitado a los primos pobres por el miedo a que estropeen la foto.

Los vecinos de San Jerónimo tuvieron que esperar dos décadas para que les hicieran un parque en condiciones, que llegó de la mano del mismo convenio con la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir que ahora ha hecho posible el nuevo del Guadaíra. Cuando por fin se abrió tras esos más de 20 años, con su conexión con el Alamillo y todo, los paisanos volvieron a creer que eran de segunda porque les dieron un parque sin farolas ni bancos ni papeleras. Al final resultó que no, que no era discriminación sino la nueva línea de actuación municipal que luego se ha seguido en otros espacios verdes: primero abro el parque y luego lo termino, aunque me lleve un par de años más. Tiene su lógica, pero desde luego que no es lo ideal.

Al menos parece que en el Polígono Sur no van a tener que esperar dos décadas para entrar al Guadaíra, porque el Ayuntamiento ya ha dicho que a la vuelta del verano se licitan los accesos por esta zona. Que es una obra menor y nada complicada, se apostilla. Pues si es así, mal han hecho en no apurar un poco y abrirlo en condiciones aunque sea sin sus farolas ni sus bancos ni sus papeleras, porque la sensación que se ha dado es muy fea. El mensaje del parque de la conexión y de la cohesión le ha parecido una broma de mal gusto a esa zona de la ciudad que siempre se queda fuera de todo. Habrá que agarrarse a la idea de que bien está lo que bien acaba, confiando en que se cumpla la brevedad de los plazos anunciados para normalizar una situación que no tendría que haberse dado.

Y puestos a eso, a quedarnos con lo bueno, la ciudad tiene que felicitarse por la culminación del cinturón verde que se dibujó en un convenio firmado en 2003 y que fijaba 2010 como fecha de culminación. En este tiempo surgieron problemas de todo tipo, hubo protestas vecinales, dificultades técnicas, ralentizaciones administrativas, hundimiento de los presupuestos públicos y demás tribulaciones, pero se ha llegado a buen puerto. Con retraso, sí, pero Sevilla ha ganado más de 425 hectáreas de espacios verdes que hace una década ni se soñaban, y eso es para felicitarse. Y si encima aprendemos de los errores y estamos más finos en las formas con todas las zonas de la ciudad, pues miel sobre hojuelas.

06
Jul/2014

Da igual que el gato sea blanco o negro

Como ocurre con los felinos y los ratones, en la política no importa tanto lo micro o lo macro, lo fundamental es que mejore las cosas al margen de etiquetas.

Cosmos, aquella inolvidable serie que Carl Sagan ideó en los 80 (ahora hay una nueva versión que prologó ni más ni menos que Obama, igualito el interés por la ciencia que aquí…), manejaba mucho la idea del viaje de lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande. En una célula y en la más rutilante de las estrellas los materiales son en esencia los mismos, venía a decir, sólo es cuestión de su acumulación y de la adecuada concatenación de circunstancias y reacciones para que un elemento dé lugar a algo distinto. Pues lo mismito ha hecho esta semana el alcalde, Juan Ignacio Zoido, que en un abrir y cerrar de ojos ha pasado de lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande, que dicho en versión local es el salto de la micropolítica de las obras minúsculas al proyecto colosal del Sevilla Park, todo ello sin movernos del universo del Distrito Sur.

8 BARRIOS 80 OBRASLo de la micropolítica en el caso de Zoido es casi una marca, una bandera que implica la resolución de las pequeñas cosas que nunca son una prioridad pero que afectan a los vecinos de turno, que valoran mucho estas cosas. Es como tener una buena empresa de mantenimiento que te va arreglando los problemillas que te surgen en casa por el desgaste de las cosas, ese ideal de que se te rompe la cisterna y a los cinco minutos está el fontanero llamando a la puerta para arreglártela. La micropolítica presupone la atención a los barrios, que es donde vive la gente, al margen de grandes proyectos. Menos Setas y más asfaltar las calles, clamó el candidato Zoido. Y la cosa funcionó, vaya si lo hizo.

El alcalde sabe que se juega los cuartos electorales en los barrios, y que llegado el momento en su balance de resultados lo de la «bendita normalidad» que pregona como principal virtud no tiene mucho tirón en las urnas. Así que Zoido ha recuperado aquella esencia de candidato, aquel patearse los barrios para apuntar con el dedo el banco roto, pero ahora para anunciar en vez de denunciar, para darle bombo y platillo a esas pequeñas obras que normalmente no se publicitan pero que ahora son la chicha principal.

Pero como no sólo de pequeñas obras vive el político, un día después anunció con todo misterio (convocatoria de urgencia a la prensa de por medio) y solemnidad que echaba a andar la tramitación administrativa del Sevilla Park, el complejo comercial, cultural y deportivo que se quiere levantar en terrenos del Puerto. La micropolítica está muy bien, sí, pero no te da los titulares de un proyecto de este calibre. Eso de poder decir a los cuatro vientos que vienen para acá 2.500 empleos tiene que ser una liberación después de tantos años de crisis y sofocones continuos en lo económico y lo laboral. Zoido llegó a hablar de «cuestión de Estado», una exageración que se le perdona porque es verdad que todo lo que tenga que ver con crear puestos de trabajo se ha convertido en prioridad absoluta.

Así que ahí tenemos al alcalde de lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande, porque si las cosas no se tuercen Sevilla Park va a ser el proyecto más jugoso que pueda vender a la ciudadanía cuando se acerque el momento de meter la papeleta en la urna. Después de que no haya prosperado ni la red de aparcamientos que se anunció, que era el último clavo ardiendo, el alcalde tiene que arropar la micropolítica con algo macro, que siempre es más fácil de meter por los ojos. Eso es humana (y políticamente) comprensible. Y por encima de todo, la ciudad no está para bromas y que puedan desperdiciarse este tipo de oportunidades, especialmente si (como parece) los 200 millones de inversión van a ser privados y (como parece) no hay mayor problema urbanístico o de otra índole para instalarse en el Puerto. Así que en esto tiene Zoido su razón, las administraciones lo que deben ahora es no meter la pata y dar las facilidades que correspondan para que este pájaro no se nos escape. Al final esto es como lo del gato, que da igual que sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones. Pues lo mismo con la política: micro o macro, lo fundamental es que mejore las cosas y se cree empleo. Y que dé votos, eso también.

 

28
Jun/2014

¿Me vas a aceptar el regalo o qué?

Estas cosas mejor decirlas bajito, porque es como con esos fichajes de futbolistas ya hechos que se pueden venir abajo, pero parece que al final Sevilla va a hacer el enormísimo esfuerzo de aceptar el regalo de la colección Bellver, más de 300 cuadros y otros tantos objetos artísticos que van de estatuas a muebles. Mariano Bellver lleva una quincena larga de años intentando hacer la donación, llamando a las puertas de una Junta y un Ayuntamiento que siempre le ponen la mejor de sus sonrisas, pero luego si te he visto no me acuerdo.

BELLVEREs de imaginar que una operación de este calibre no es tan fácil como parece desde fuera. Por lo pronto habría que saber si eso de la donación gratuita no lleva asociada alguna coletilla o condición que al final se traduzca en dinero, y lo que sí es público y notorio es que las partes llevan años sin ponerse de acuerdo en cuanto al edificio que albergue las obras, porque al coleccionista le ofrecieron alguno que no le hizo ni pizca de gracia. Encima, la mejor de las opciones y la que contentaba a todo el mundo, ubicarse en el Palacio de Monsalves que iba a formar parte del Museo de Bellas Artes con su ampliación, se fue al limbo de las ocasiones perdidas al paralizarse el proyecto. A esto hay que unir que la adaptación del escenario elegido (el Pabellón Real de la Plaza de América) tiene su coste, como también lo tiene asegurar las obras, contratar al personal necesario y demás perejiles.

Todo eso es verdad, de acuerdo. Pero aún así, no entra en cabeza humana que llevemos más de 15 años mareando la perdiz: si de verdad interesa ya deberíamos llevar un tiempo con la colección que pudiera visitarse, y si no es el caso, pues se le tendría que haber dicho a Bellver que gracias pero no. Lo que este hombre lleva aguantado de desaires es para escribir un libro, por no hablar de que al final parece que le están haciendo un favor a él, a este paso le van a pedir dinero por regalarle a la ciudad un tesoro en el que destacan cuadros de temática sevillana de esos que cuando uno los ve le suenan. Sin saber quién los pintó y a quién pertenecen, recrean escenas de la Semana Santa o la Feria que forman parte de nuestra esencia colectiva más castiza, porque estos lienzos los hemos visto muchas veces en estampas o carteles. Pues ni con esas se han enternecido nuestras autoridades culturales, ni con el hecho de que hablemos de una de las mejores colecciones (sino la mejor) de arte regionalista y costumbrista del siglo XIX.

Así que bien por el alcalde Zoido si al final es capaz de concretar la cesión, aunque sea de una manera tan surrealista como es sin que se entere la Junta de Andalucía, que en teoría era socia en el proyecto y no sabe de la misa la media. Una forma, por otra parte, muy clarificadora de cómo funcionan nuestras administraciones, a impulsos, sin la más mínima planificación y, como decíamos cuando chicos jugando a la pelota en la calle, cada una por su bolsa. Pero bien está lo que bien acaba si, encima, tiene el añadido de que restauramos el Pabellón Real y le damos un uso más propio que el de oficinas municipales que tiene ahora. A este paso cualquier día empezamos a restaurar la Plaza de América y todo, que bien que le hace falta, pero tampoco fantaseemos que ya bastante tenemos con esto.

A este final feliz (toquemos madera) imagino que habrán ayudado las continuas advertencias del propio Mariano Bellver de que la colección podría diluirse como un azucarillo en cuanto la cogiesen sus herederos. Pero me van a permitir que no pueda evitar que el último gran impulso se lo ha dado aquella noticia de finales del año pasado de que el coleccionista habría hecho un ofrecimiento a Málaga, habida cuenta del escaso interés hispalense. Ya se pueden poner nuestros munícipes con los brazos en cruz negándolo, que aquello tuvo que ser un terremoto temiendo las consecuencias para la imagen del gobierno municipal. Porque aquí somos así, no le echamos cuenta a la cuestión pero no vamos a permitir que esto se lo lleve otra ciudad, y menos Málaga. Nos arrancan un trozo de alma, habríamos lamentado entonces. Qué ciudad.

21
Jun/2014

El Rey y Casillas leen a Machado

Cuando el Rey introdujo en su discurso las referencias a Antonio Machado, Espriu, Aresti y Castelao todo el mundo supo, porque en ese contexto estaba, que hablábamos de escritores en cada una de las lenguas oficiales del Estado. Lo que le faltó al monarca fue pedir una pausa para que nos diera tiempo a buscar en Google de quiénes hablaba, porque a la mayoría de sus señorías allí presentes (y del pueblo soberano televidente) les preguntan sobre la marcha e imagino que nuestro nivel general hubiese sido para que nos corrieran a gorrazos. Como mucho habríamos dicho que este es catalán, el otro vasco y el de más acá gallego, pero para saber quién es Machado la mayoría no se habría metido a bucear en internet. Fue el único además al que se refirió también por su nombre, Antonio, sólo le faltó ponerle el don por delante.

Así que resulta que el primer hombre de letras y humanista que ha sido mencionado por Felipe VI en su reinado ha sido Antonio Machado, por delante incluso de un Miguel de Cervantes del que al final del discurso resaltó esa frase tan quijotesca de que «no es un hombre más que otro si no hace más que otro». Machado, el mismo del que en febrero se cumplieron los 75 años de su muerte, un acontecimiento que en Sevilla, su tierra, pasó con más pena que gloria y con poco más que el Ateneo acordándose de la efeméride.

De aquellos días de hace cuatro meses sólo queda el pálido recuerdo de la resurrección de la idea de traerse para Sevilla los restos de Machado y su madre, como si eso sirviera para honrar de verdad a uno de los sevillanos más ilustres de la historia pero al que aquí le cogimos asquito, primero por las ocurrencias de ser crítico con la ciudad y encima proclamar que donde era feliz era en esos campos de Castilla en los que se enamoró, pero luego también porque estaba enfermo de republicanismo en unos tiempos en los que tener ideas propias en este campo era perjudicial para la salud. Sería de desear que si todo un Rey le ha pasado esto por alto, va siendo hora de que en Sevilla lo honremos de verdad y hasta tengamos el atrevimiento de erigirle una estatua aunque en su vida cogiera un capote, valor que parece fundamental en esta ciudad para que te inmortalicen en bronce.

De Machado nos gusta que le guste a los demás, que sea famoso y que se saquen a pasear sus versos de los recuerdos y el limonero porque entonces hinchamos el pecho y decimos que eso es el Palacio de las Dueñas, aquí en Sevilla. Pero pare usted de contar, porque luego somos frágiles de memoria y, como el poeta no se ajustaba a los cánones del sevillano como Dios manda, pues si te he visto no me acuerdo.

ENTRENAMIENTO SELECCIÓN ESPAÑA
Ironías del destino, Felipe VI ha homenajeado a Machado en un momento en el que el derrotismo tan propio de la Generación del 98, ese pesimismo negro con el futuro de España, ha rebrotado. Porque mal que bien podemos aguantar que se nos hunda el Estado de Bienestar y que la crisis nos siga cociendo a fuego lento, pero eso de que España se vuelva del Mundial a la primera tras dos meneos antológicos es insoportable y nos conecta con la pérdida de las colonias, con el adiós al imperio, con la añoranza de Cuba y Filipinas. El otro día, con casi todos en la redacción apegotonados ante el televisor para ver el numerito ante Chile, lo resumió muy gráficamente un compañero: «el caso es que yo me siento más español así, perdiendo». Toma noventayochismo en vena. El fracaso ha sido tan rotundo que lo vemos como más español, más propio de nosotros que la condición de campeón permanente.

Ante este derroche de españolidad de los futbolistas hemos respondido con algo no menos patrio que es crucificar a todo lo que se menea. De repente, del oé, oé, oé y la cara pintada con la bandera hemos pasado a querer cargarnos hasta al utillero, si hasta el Rey se ha jubilado que lo hagan todos estos. El problema es que los futbolistas han reaccionado de manera antipatriótica al asumir responsabilidades, reconocer culpas y no buscar excusas, y eso sí que no, porque con esa mentalidad hace un siglo España sería hoy tan distinta que igual hasta Machado tenía estatua en Sevilla.

14
Jun/2014

Mejor enseñarles desde pequeñitos

Esta semana hemos celebrado la aprobación de la Ley de Transparencia en el Parlamento andaluz como si España hubiese goleado a Holanda, y perdón por la broma macabra. La nueva norma es importante y fundamental, nadie lo niega, pero imagino que (si se enterasen) la cuestión sonaría casi a chiste en la mayoría de países con democracias merecedoras de tal nombre. De aquí a un año, proclamamos con satisfacción, los parlamentarios andaluces estarán obligados a una mayor transparencia y rendición de cuentas, sometidos a un control directo por parte de los ciudadanos. Dentro de un año, de verdad.

parlamento
Insisto en que la norma no es que sea necesaria sino fundamental, y prueba de ello es que llega una eternidad tarde, de ahí que en democracias realmente abiertas y con una larga tradición de participación ciudadana es de suponer que estas cosas se verán con una cierta inocencia, con su ramalazo de candidez. En estos países, ya sean asentadas monarquías o históricas repúblicas (un debate en el que también nos ganan a la holandesa, y perdón de nuevo), todo esto no es ya que sea un derecho inherente al propio ciudadano, sino que es poco menos que un trámite burocrático dar de manera rutinaria toda la información sobre un parlamentario, desde lo que cobra a lo que vota, pasando por cuándo interviene en una sesión, las reuniones que mantiene, lo que propone… Entenderán así que el paso dado es para estar satisfechos pero es algo que debería presuponerse de una forma tan primaria como el valor al soldado, expresión castiza y racial que resume el estado de la cuestión. En nuestros vecinos no es que estas medidas estén históricamente asentadas, es que es inconcebible que el político no esté sometido a estas elementales reglas del juego.

Una vez aprobada la ley con la solemnidad requerida ahora queda comprobar que todo esto no se queda en agua de borrajas, que traduzcamos en hechos unas palabras tan sólo superadas en bondad por la intención que las impulsa. Para ello será necesario que todo sea verificable además de transparente, que todo el que quiera pueda meter el dedo en las llagas del Parlamento. No es una cuestión de desconfianza –que también, tampoco es cosa de engañarnos– sino de mera credibilidad, algo por lo que sus señorías deberían apostar en primera persona antes de poner reparos que serían la forma más tonta de tirarse piedras a su tejado.

Así que vamos lentos, pero avanzamos por el buen camino. Ahora nos queda por delante el código ético para los altos cargos andaluces (de aquí a un año debería estar), aplicar en dos años la nueva ley en el ámbito municipal y generalizarla al conjunto de la actividad política. Pero lo más difícil es creérsela e interiorizarla, que los partidos no la vean como un muro que dificulta las cosas ante el que deben agudizar el ingenio para sortearlo sin que se note mucho.

Lo cierto es que estas cosas como mejor entran no es con leyes punitivas: es una cuestión de educación, y de la monda y lironda. Y no de educación política, esos rudimentos democráticos que debería aprender todo el que quiera dedicarse a esto de la cosa pública, sino cívica, social, de la que te enseñan en casa, esa misma que si no has aprendido de chico va a ser difícil que asumas de mayor. Porque nos ponemos muy dignos y –desde que la crisis nos aplasta– no aceptamos bromas con los dineros públicos pero antes, cuando todos teníamos más, esto sólo nos merecía algún que otro chascarrillo, se hacía la vista gorda con una facilidad pasmosa. Machacamos a los políticos mientras reclamamos como derecho constitucional engañar a Hacienda. La economía sumergida es algo a lo que muchos se ven abocados, pero su brutal florecimiento también describe muy bien nuestra cultura, en la que si nos pillan haciendo trampas nos justificamos con que más mangan los políticos y los ricos. Y hay veces en que es así, aunque ni una montaña de sanciones cambiará las cosas si socialmente la picardía y la pillería siguen estando bien vistas, son conductas que celebramos o comprendemos.  Así que bravo por esta ley, ahora sólo queda predicar con el ejemplo y educar para erradicar en su base estas conductas, igual así mañana no tenemos que sancionar a nadie por ellas.

07
Jun/2014

De la Transición a la transición

El adiós de Juan Carlos I se ha entendido básicamente como un movimiento de autoprotección de la monarquía, una jugada en la que priman unos intereses particulares (los de la Corona) que después se extienden a los públicos. O al menos, eso pretende el Rey cuando dice que el futuro Felipe VI le dará estabilidad no ya a la monarquía, sino a toda España. Está por ver pero ojalá sea así, porque nos guste más o menos el Rey sigue siendo el jefe del Estado y su más alta institución, por lo que su imagen afecta –y muchísimo– a la del propio país. Por mucho que se saquen las banderas a la calle, la Constitución y el actual equilibrio de fuerzas políticas en el Congreso nos dicen que tenemos monarquía para rato, así que ojalá el hoy Príncipe de Asturias no difiera mucho de lo que los trompeteros oficiales vienen proclamando estos días. Ahora don Felipe lo que tiene es que estar a la altura de lo que insistentemente nos han cantado, de la imagen que machaconamente nos han vendido, porque no sé si se habrán enterado de que estamos ante el que va a ser el monarca mejor preparado de nuestra historia.

LOS PRÍNCIPES DE ASTURIAS ENTREGAN EL PREMIO PRÍNCIPE DE VIANA EN EL MONASTERIO DE LEYRE

Papanatismos al margen, el que en diez días será Felipe VI va a tener poco margen para el error, por un lado porque va a ser examinado con lupa desde que se ciña la corona y pero, sobre todo, porque la ciudadanía no está con ganas de aguantar tonterías. Todo apunta a que el todavía Príncipe de Asturias será un monarca hijo de su tiempo, pero de partida es el representante de una monarquía a la que los apriorismos señalan como una institución anquilosada, desfasada. Desde luego si algo no le falta es historia, pero lo curioso es que con la abdicación de Juan Carlos I ha mostrado una inesperada flexibilidad y capacidad de adaptarse a los cambios necesarios. Será por puro instinto de supervivencia o lo que se quiera, pero la marcha del Rey actúa de cortafuegos temporal para la institución, allanándole el camino a un don Felipe que llega sin tantas piedras en la mochila.

No deja de llamar la atención que en la democracia que diseñamos con la Transición al final está demostrando más cintura la Corona que el sistema parlamentario para reaccionar ante las demandas de la ciudadanía. Al abdicar, don Juan Carlos demuestra que ha sabido hacer una lectura de la realidad a la que todavía no ha llegado nuestra estructura política, y la ha hecho en primera persona: ha asumido que él había pasado a formar parte del problema y se ha ido, todo un manual de visión política que no vemos en la mayoría de nuestros dirigentes. Su gesto ha estado cargado de simbolismo, y aunque parezca que con él ha avivado el pulso entre monarquía y república, en realidad ha reforzado a la institución que representa frenando el creciente deterioro de imagen y prestigio que venía sufriendo.

Así que el Príncipe recibe una Corona a la que su padre le ha puesto un paracaídas para evitar que siga cayendo, pero ahora le toca a él que remonte el vuelo. Y lo primero que tendrá que hacer (por él, por la monarquía que encarna y por el propio bien del país, que no está para muchos trotes) será asentarse y ganarse el respeto por sus propios medios. La legitimidad institucional se la da de partida la Constitución, pero ahora llega lo complicado, que es ganarse la legitimidad moral, la misma que conquistó a pulso su padre aquel 23-F en el que un golpe de Estado estuvo a punto de devolvernos a las cavernas.

Afortunadamente no tendrá que afrontar una prueba tan aterradora como esa intentona golpista, lo que implica que el prestigio que Juan Carlos I logró a borbotones aquel día tendrá que ganárselo Felipe VI a pequeñas dosis. El padre lideró la Transición y el hijo ahora tiene que hacer su propia transición pero, por mucho griterío que haya, la estructura que ahora tenemos vale en buena parte, esta nueva etapa no exige la metamorfosis que sí era urgente tras la dictadura. Nos guste más la monarquía o la república, tenemos más mimbres democráticos de los que creemos, lo que ocurre es que el sistema se ha gripado y la crisis ofusca la visión general. Esperemos que el Príncipe sepa ayudar a dar ese salto de calidad democrática que necesitamos y más adelante, ya con la cabeza fría, será el momento de plantearse otros debates.

01
Jun/2014

Qué lástima, pero adiós

En una señal inequívoca de que sí, de que esta vez por fin el PSOE ha entendido el mensaje de verdad, los socialistas han declarado solemnemente que quieren conectar con la ciudadanía y sus demandas, y como prueba de ello llevan una semana embarcados en atender lo que el pueblo le viene pidiendo a gritos, a saber: ¿Nos vale con un congreso extraordinario? ¿Voto directo del militante o de los delegados? ¿Elegimos al candidato jugando al mus o al trincarro? Respondiendo a esta llamada social, los líderes socialistas se han enmarañado en cuestiones orgánicas, leyéndose los estatutos, apoyándose unos a otros (y apuñalándose, pero flojito para que no se note mucho), pero siempre insistiendo en que, en serio, ya saben qué deben hacer para acercarse a lo que pide la gente.

rubalcaba-blog-morenteLo curioso de este tango que están bailando en el PSOE es que al menos es el único de los grandes partidos (de la casta, que diría aquel) que ha hecho confesión pública de sus pecados y muestra ánimo de contrición, muy a su manera, eso sí. En la acera de enfrente, el PP de Mariano Rajoy se ha dejado una paletada de millones de votos similar a la de los socialistas, pero como ganaron las elecciones parece que eso tapa los males pese a que el domingo se les quedó tan poco cuerpo de fiesta que ni salieron al balcón de Génova a celebrar la victoria. Así que tenemos al PSOE discutiendo consigo mismo y al PP mirándose en el espejo, que como todo el mundo sabe son las mejores maneras de solucionar las cosas. Podemos, dicen los dos. Pues claro que sí.

Así que entre tanto canto al fin del bipartidismo, tanto despiste por un lado y tanto entusiasmo por el otro, uno de los pocos gestos honestos de la semana ha sido el del adiós de Alfredo Pérez Rubalcaba. Que sí, que habrá quien lo acuse de ser como el Cid, que después de muerto sigue dando guerra con lo de primarias abiertas sí o no, o enredando a favor de tal o de cual, pero lo cierto es que el lunes, visto el desastre, dijo que el culpable era él y que adiós muy buenas. Vamos, lo que se conoce como asumir la responsabilidad por la vía de la dimisión, dos acciones que luego siempre decimos que nuestros políticos son incapaces de llevar a cabo.

La marcha de Rubalcaba es inevitable, pero personalmente no puedo evitar una cierta sensación de que merecía haberse ido de otra manera. Durante años lo hemos considerado poco menos que el mejor político español en activo, un gran orador, un magnífico parlamentario, de los pocos con las ideas claras. Y de repente fue como si le hubiesen caído una pila de años, aparentaba siempre estar en baja forma política, no acertaba con las decisiones y, lo que es más que evidente, no ha sabido ni sostener ni reconstruir el PSOE. El carisma se quedó en el camino y el partido pareció caer en una especie de melancolía, como hechizado por una maldición.

El mundo empezó a hundirse en mayo de 2010, cuando Zapatero anunció aquellos recortes con un sonido de trompeta del apocalipsis, despertando de golpe del sueño de los años dorados para entrar de cabeza en la pesadilla. Y Rucalcaba apechugó con la gestión del desastre ganándole dos veces a Carme Chacón, primero para ser candidato en las elecciones generales (sabiendo que era para llevarse un revolcón) y después para hacerse con la secretaría general del partido. Asumió el reto, pero fracasó al no saber reconectar al PSOE no ya con la ciudadanía, sino con sus propios militantes y votantes, embarcando al partido en una crisis de liderazgo que va ya para tres años.

Como hizo en las generales de 2011, a Rubalcaba le toca ahora inmolarse otra vez por los suyos, y debería hacerlo a lo grande dejando al partido preparado para intentar resurgir de sus cenizas porque de lo contrario le queda una dura travesía del desierto. Eso sí, en esta hora del adiós Rubalcaba está volviendo a demostrar su talla política reclamando para él el mérito del desastre y tirando de esa fina ironía que hasta hace poco tanto gustaba, identificando los aplausos que recibió en un acto con eso tan español de saber enterrar muy bien. Por lo menos, ha sabido mantener la sonrisa en su entierro.

24
May/2014

Yo de mayor quiero ser alemán

Si fuéramos consecuentes hasta el extremo que nos reclaman los partidos políticos, la participación en las elecciones de hoy se hundiría hasta más de lo previsto. Porque seamos serios: ¿qué hemos sacado en claro de esta campaña electoral? Pues que Cañete quiere ir tan de campechano que maldita la gracia que le hace a las mujeres –y encima luego hasta le cuesta trabajo pedir perdón– y que las carabelas de Colón salieron de Palos de la Frontera, provincia de Huelva. Nivelazo. Todo lo demás ha sido una pura contradicción, porque nuestros políticos no han hecho más que decirnos lo importante que es Europa, que más del 70% de lo que nos afecta se decide allí, que no seamos inconscientes, pero luego ellos han hecho una campaña en clave nacional y autonómica, que como todo el mundo sabe es la mejor manera de concienciar con respecto a los temas europeos. La principal novedad ha sido que los partidos grandes han dicho que los pequeños no son de fiar, con lo que al final consiguen que te entren ganas de contestar eso de pues anda que tú.

urna-morente

El problema es que la película de hoy ya nos suena, la hemos visto más de una vez. Habrá una baja participación que rozará lo alarmante, los candidatos se rasgarán las vestiduras preocupados por la salud de nuestra democracia y espíritu ciudadano, dirán entonces que asumen su responsabilidad, que han tomado nota, que han entendido el mensaje del pueblo, para luego repetir este mismo rigodón en cuanto llegue otro tiempo electoral. Que por cierto está a la vuelta de la esquina, porque el año que viene tocan municipales y generales y los resultados de hoy se acabarán interpretando en esa clave, y así Mariano Rajoy estará más cerca o más lejos de repetir, como le ocurrirá a Juan Ignacio Zoido o a la mismísima Susana Díaz pese a que todavía no ha pasado por la prueba del algodón de las urnas. Y hablaremos de que el ciclo cambia, o que no lo hace, pero todo lo haremos en clave nacional, mientras Europa y su 70% de decisión estarán al fondo del escenario diciéndonos adiós con la manita. Muy importante y muy determinante, pero Europa en el fondo del saco del debate electoral.

Así que nuestros políticos, los mismos que hoy se llevarán las manos a la cabeza con lo de la abstención, han hecho muy poquito por evitarla, precisamente no es que hayan inflamado a las masas para que les entre la conciencia crítica. O más bien que le dé al personal un arrebato de civismo, porque lo primero igual les da miedo y no es plan a ver si va a acabar esto como el rosario de la aurora. Eso no quita para subrayar que cada cual es responsable de su voto, y que si ni con este caldo de descontento nos animamos a ir a las urnas para intentar cambiar las cosas es para que nos corran a gorrazos, que nosotros también tenemos vela en este entierro.

A las pobres europeas, encima, no les viene ni bien el calendario electoral, porque lo único que ayuda a que remonten el vuelo es que coincidan con otros comicios. Luego diremos que si hay dos elecciones a la vez se solapa el debate y se acaban dejando de lado los temas europeos, pero a la vista está que las cuestiones comunitarias se arrinconan ellas solitas, y así luego nos viene la encuesta del Real Instituto Elcano a decirnos que el 69% de los españoles no tiene ni idea de quién es el presidente de la Comisión Europea y que al 81% lo de la PAC, la política agraria común, le suena a chino.

Al final pasa lo que pasa, y según este mismo sondeo el país que más nos gusta es Alemania, con tanto que llevamos años poniendo como un trapo a unos germanos a los que vemos como unos agonías que le han puesto la tapa al ataúd del exceso de austeridad. Mucho piar, pero al final va a resultar que lo que de verdad queremos es ser alemanes, tanto criticar a Merkel pero ya nos gustaría tenerla al volante del país. A ver si en vez de un referéndum sobre la emancipación de Cataluña vamos a tener que reclamar uno para unirnos a Alemania. Igual así subiría la participación y recuperamos un poco la fe, porque dicen los estudios que cada vez nos gusta menos Europa. Y eso no es bueno, por mucho que creamos tener una excusa en nuestros políticos.